En noviembre del 2013, el todavía Instituto Federal Electoral (IFE), a través del Centro para el Desarrollo Democrático, publicó un folleto denominado precisamente El debate democrático, donde plantea una metodología para el ejercicio de debates sobre asuntos públicos en el contexto de una sociedad democrática y plural.
Partiendo de la idea de que en la sociedad existe el conflicto como modo de ser de la política, y de que no todos tienen los mismos intereses, el documento hace un repaso histórico desde el pensamiento antiguo hasta la democracia moderna y, en particular, lo que se denomina democracia deliberativa, para señalar la posibilidad de lograr consensos a partir del debate y de la argumentación.
Más artículos del autor
No se trata, dice el documento, de un diálogo de sordos, sino de una cultura que permee y subyazga en el humus de la sociedad, desde los espacios familiares hasta las instituciones públicas para que, mediante el debate, se genere opinión pública que incida en quienes toman las decisiones que afecten la vida política y social.
Se trata, continúa el documento, de que se evite la arbitrariedad de gobernantes y de quienes toman decisiones, y de que se ciñan todos, primero, a una discusión amplia de los motivos que animan las decisiones para que haya la mayor discusión posible, el mayor consenso y, por tanto, la más amplia legitimidad. Desde luego, puede parecer una ilusión todo esto, máxime conociendo la real politik de las clases gobernantes, sin embargo, el método propuesto es más que interesante porque señala reglas claras de pensamiento y de discusión.
Planteando los diversos tipos de debate y de argumentación, desde las charlas familiares, pasando por las opiniones, las discusiones científicas y filosóficas en las universidades y en los centros de pensamiento, hasta el debate político, el parlamentario y el jurídico, que afectan al todo social con sus decisiones, el documento presenta el método de Stephen Toulmin, sin dejar de mencionar en lo general los planteamientos de los filósofos desde los griegos hasta Bobbio y Habermas.
Los elementos de la argumentación, según el pensador inglés (Toulmin), son: la pretensión o tesis, las evidencias, la garantía, el respaldo, la(s) reserva(s) y el cualificador modal.
La pretensión o tesis parte del hecho, de la situación, del dato. Y brinda, el documento, un ejemplo de argumentación jurídica para ilustrar el planteamiento (no es fortuito que sea un ejemplo jurídico porque en una sociedad democrática contemporánea, cuando los conflictos se llevan al extremo, quien termina definiendo son los tribunales). Helo aquí:
Alicia busca la herencia de su padre [pretensión o tesis]; Pablo, su padre, murió recientemente sin dejar testamento [evidencia], y ya que los hijos suceden a los padres cuando éstos han fallecido sin dejar testamento [garantía], tal como lo señala el artículo 930 del código civil [respaldo], y si no hay alguien más que lo reclame con derecho, una esposa por ejemplo [reserva(s)], ella, Alicia, tiene todo el derecho de recibir dicha herencia, seguramente [cualificador modal].
Otro ejemplo lo aplica el documento a la educación, pero lo interesante es verlo en el mecanismo de la política: una pretensión (y no hay que olvidar que en la dinámica política siempre hay tensiones, pretensiones y presiones) debería tener esa secuencia lógica para legitimarse y lograr el mayor consenso posible. Sin ello, la arbitrariedad, la opacidad y el autoritarismo terminarán minando los elementos de la dinámica de una democracia deliberativa.
El documento, desde luego, tiene sus asegunes, como el hecho de relativizar las verdades, como las de convicción personal o las colectivas de carácter privado, y darle centralidad a las de postulación científica y filosófica [supuestamente] para caer en la paradoja de que el debate se resuelva en los espacios jurisdiccionales, con todo lo que ello implica, que los pocos decidan sobre los muchos sin otro argumento que sus votos. Todo porque así lo dice la ley, no porque haya un reconocimiento universal o una verdad universal, que de suyo sería evidente, no, señor [positivismo puro]. Con todo, me parece un documento interesante que coloca, justamente, el debate en el centro del debate.