México llega a un aniversario más del inicio de la gesta del 15 de septiembre de 1810, con una serie de contextos que hay que reflexionar en estos momentos de incertidumbre, desconcierto y pérdida de confianza en las instituciones del Estado, secuestradas por los modernos criollos y mestizos que defiende a la nueva corona imperial encumbrada en el neoliberalismo y sus diversas derivaciones como lo es la sumisión a un orden económico mundial conocido como globalización económica, con el cual se identifica al actual proceso de reformas transformadoras que mueven al país hacia un mercado, de intereses privados y compañías multinacionales y cuyo objeto primordial consiste en ensanchar su escala de ganancias por la venta de productos y servicios o el establecimiento directo de filiales con el fin de reducir costos o el de competir en mercados protegidos; es, en síntesis, la eliminación de las fronteras bajo el signo del libre mercado; eso es lo que se oculta detrás de una fiesta que ya no es de los mexicanos, sino de los grandes intereses transnacionales que poco a poco se adueñaron de soberanía e independencia.
Para la globalización es importante seguir el juego y engañar a los sujetos de que aun tienen libertad, aunque sea en ilusiones, pero la tienen; y es que la actividad económica, tan necesaria en todo sistema social, realmente se presenta como subsistema económico, mismo que muestra todas las acciones de los individuos y de los grupos sociales en cuanto intervienen en los procesos de producción, distribución y consumo de bienes, proceso en el cual, incluso los marginados también participan, fundamentalmente en lo último de este engranaje, dado que todo individuo es consumidor, la nueva forma en que el hombre se muestra en esta sociedad del espectáculo.
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Hay que recordar que la globalización económica tiene como eje la apertura de los mercados, por ello, la palabra soberanía e independencia son términos que los exteriorizan como caducos, obsoletos y contrarios al ánimo al reinante sistema neoliberal. Lo que se busca es vender y para ello, el mundo es un gran mercado donde sólo existen productores, vendedores y consumidores. Luego entonces, los que no reúnan estas calidades, están fuera del modelo globalizador. Este fenómeno, ha originado que muchas empresas multinacionales acumulen un poder económico superior al de varios países del mundo; esto es, un poder superior al de la figura jurídica llamada Estado.
La globalización se ha convertido en un estadio superior o avanzado del capitalismo, donde se puntualiza el perseguido afán trasnacional del capital, desde la propia llamada segunda revolución industrial y su discurso tecnocrático, hasta los múltiples cambios que en las estructuras sociales se han presentado durante los inicios del presente siglo. Por ejemplo, del concepto de modernidad hemos avanzado al de posmodernidad; y vale decir que en filosofía, el alma y el espíritu han pasado a un patio trasero y ahora se alude a la identidad funcional; el mundo ya no vive en la interioridad del alma, como lo planteara la filosofía antigua o en la forma de sus representaciones, como la concibe la filosofía moderna, sino en la coherencia de los ordenamientos que lo describen bajo el control de la ciencia; ahora el ser se trasciende a sí mismo; ha pasado de ser un homo sapiens a convertirse en un homo videns, tal como lo piensa Sartori, perdiendo en consecuencia, su capacidad de abstracción y dando por resultado el empobrecimiento de su capacidad de entender; se han producido autómatas y se han dejado de producir humanos. Y este es un procedimiento que le conviene a la globalización.