Hemos llegado al momento culminante de nuestras fiestas patrias con tensiones en diversos planos. El Presidente echará a andar la maquinaria mediática para reposicionar a su gobierno y a su Partido, en el contexto tanto del festejo como para contar con un corolario a su II Informe y las reformas. Vamos a ver si el mexiquense se decide apostar por la reconciliación histórica y dejar atrás las visiones ideologizadas y excluyentes que caracterizaron a los gobierno del PRI durante su dictadura. Por el momento, del lado del PAN no parece existir alguna estrategia en razón de su 75 Aniversario que pudiese abrirse espacio y no dejar todo el escenario para Peña Nieto…
No se trata de regatearle el lugar histórico a nadie sino de ser justos. La independencia de México no se logró de un solo golpe, ni fue obra de unos cuantos. Junto a Hidalgo, Morelos y López Rayón hubo muchos que entregaron vida y esfuerzos para lograrla. La armonía de un país se consigue a través de todas sus partes, en un clima de respeto y reconocimiento. Resulta absurdo que durante décadas no se haya reconocido que el proceso independentista empezó en 1810 y concluyó hasta 1821. Se reconozca o no, Agustín de Iturbide se encargó de terminarla con ayuda de los que quedaban de los intentos anteriores. Pero también los tradicionalistas deben aceptar al Iturbide de carne y hueso, que no estaba en La Profesa precisamente por ser un ejemplo de vida. Los bandos han creado su propio santoral pseudorreligioso y pagano, aparentemente distintos pero en el fondo iguales, mediante ídolos que no resisten el análisis histórico…
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Don Agustín contaba 38 años de edad, que cumplió justamente ese 27 de septiembre en que entró triunfante a la Capital. En su discurso, dijo: “Mexicanos: Ya estáis en el caso de saludar a la patria independiente, como os lo anuncié en Iguala… Ya sabéis el modo de ser libres; a vosotros toca señalar el de ser felices”. Sin darse cuenta, Iturbide estaba poniendo “el dedo en la llaga” porque a los mexicanos nos ha costado mucho trabajo vivir en armonía y ser felices. Además, somos expertos en echar la culpa a otros de nuestras desgracias, sobre todo a los extranjeros. En parte es cierto, pero también lo es que hemos sido presa de la corrupción, ambiciones y divisiones internas. Ojalá no sigamos retrasando el encuentro con nosotros mismos y dejemos atrás las visiones maniqueas e idolátricas de la historia y del poder…
“Dos visiones del futuro de México…”
A falta de candidato presidencial definitivo por parte del PRI, Peña Nieto y don Máximo se han enfrascado en una lucha intensa por el futuro de México, que pasa por la estancia en Los Pinos para el siguiente sexenio. Uno busca llegar a la Presidencia y el otro que su Partido permanezca en el poder. Los obuses que salen del círculo presidencial tachan de autoritario a don Máximo y de pretender erigirse en dictador. Sin embargo, del lado del Presidente hay síntomas que apuntan a la intención de replantear lo que fue la dictadura del PRI, no al modo de un regreso al pasado sino mediante ruptura con el “viejo” PRI. Esto es parte del discurso sobre las reformas, a la par de identificar al de Puebla como secuela del “viejo” Partido…
Si ambas visiones son ciertas, el futuro de México se bate entre dos propuestas que en el fondo serían lo mismo: la “dictadura” y la “dictablanda”. La diferencia estaría en que una se muestra “suave” y “tersa”, acusando a la otra de “autoritaria” y “represiva”. La “dictablanda” tiene un perfil partidista y la “dictadura” es personal. La decisión no será fácil para los ciudadanos…
El esquema maniqueo, en donde los polos son “diferentes pero iguales”, se supera con una simple decisión: asumir la democracia como causa propia. En automático, esto te coloca del lado ciudadano y no como parte de una confrontación bipolar…
“Distensión y convergencia…”
La gente de don Máximo no ha evaluado que, por el ropaje “suave”, la “dictablanda” tiene la ventaja de que los ciudadanos no la perciben peligrosa. Correrse a la democracia coincidirá con la tendencia de López Obrador y Bartlett a polarizarse rumbo a una “democradura”. El choque bipolar pasaría a ser triangular. Esto aflojaría la tensión entre Peña Nieto y don Máximo: la “democradura” daría paso a una distensión indirecta. El “triángulo del poder” evidenciaría que la “dictablanda” y la “democradura” son igual de autoritarias y dictatoriales, posibilitando que el tercer polo sea la opción ciudadana…
Don Máximo también va a necesitar un polo de concertación o convergencia, con dos aspectos: el pacto democrático, dentro y fuera del PAN y de los partidos aliados, y la competencia entre don Máximo y Peña Nieto sin choque frontal. Se debe partir del pacto interno que saque a don Máximo de la línea autoritaria y haga creíble su propuesta…
El panismo tradicional se opone a que su Partido sea usado como trampolín por políticos no identificados con el PAN. Si en 2012 la mayoría no votó por Peña Nieto, vale la pena recordar lo que dijo Diego Fernández de Cevallos en una entrevista, hace quince años: “Lo peor que puede pasarnos a los que queremos el cambio (…) es llegar al año 2000 con oposiciones divididas y fuertes. (…) es muy importante que logremos la unidad de las fuerzas opositoras, no para hacer algo confuso, perverso, donde perdamos perfil y fisonomía, sino un proyecto electoral para generar un gobierno de transición"…
El pacto democrático se basa en que oposiciones fuertes pero divididas llevarían a la permanencia del PRI en el poder. Aliarse no es para entrar en el escenario de los “Transformables”, sino para generar un nuevo gobierno de transición. El objetivo es lo que finca la alianza y ayuda a mantener la identidad de cada Partido. Apegarse a este marco servirá para sacar a don Máximo del golpeteo de sus adversarios que lo presentan como enemigo de panistas y perredistas porque “pone en riesgo sus identidades”…
El Presidente teme al pacto opositor porque implicaría sellar otro con la ciudadanía, sobre todo con esa mayoría que no votó por él en 2012. Las reformas de Peña Nieto son las mismas que ha propuesto el PAN, aunque con un sentido distinto, y hasta plantearon un nuevo aeropuerto. En tal caso, sería el Presidente priista más panista que hayamos tenido. Es su punto débil y el terreno idóneo para competir sin un choque frontal entre él y don Máximo, aunque hay otras opciones…
“El naufragio de la verdad…”
Cuando la lucha por el poder se rige por criterios pragmáticos, lo primero que se pierde es la verdad. Esto es lo que ha pasado en el caso Chalchihuapan. La CNDH dijo que el menor José Luis murió por impacto de un cilindro de gas lacrimógeno. No fue ni lo que dijeron las autoridades ni lo que afirmaron los inconformes, que se aferraron a la idea de la bala de goma para que cuadrase con su estrategia. Hay gente deseosa de justicia, pero a otros sólo les interesa el lucro político de lo ocurrido. Podrían recurrir a instancias internacionales pero, más allá del juego mediático, difícilmente prosperará jurídicamente porque la CNDH procedió abiertamente. Cuando revisen el documento final, se darán cuenta que nadie presentó pruebas sólidas contra don Máximo y será complicado justificar la intervención de un organismo internacional. No basta el argumento de la cadena de mando porque las responsabilidades en la actuación son específicas. La verdad parece estar a medio camino entre la irresponsabilidad de unos y de otros, confrontados por el poder…
Hasta entonces…
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