Mentir de niños era motivo de regaño. Te enseñaban a decir la verdad sin importar las consecuencias por difícil que fuera el hecho y las personas que resultaran lastimadas. El engaño nunca es bien visto. La mentira es un acto de traición y en ocasiones de ilegalidad.
¿Por qué solamente las mentiras infantiles son punitivas? ¿Por qué engañar cuando la verdad legitima a la persona? ¿Por qué la mentira es el recurso utilizado en un acto de desesperación para salvar el pellejo?
En esta vida las mentiras caen por su propio peso. La verdad siempre encuentra forma de acomodarse para exhibir al mentiroso. El que constantemente se defrauda a si mismo, le importa un bledo derrumbar la confianza de su familia y de terceras personas.
El mentiroso intenta convencer, comprar ó imponer su verdad. Mentira y cobardía van de la mano; el miedo a la honestidad provoca que el mentiroso tropiece con su propio enredo y cuando es demasiado tarde busca reparar la buena imagen que alguna vez construyó frente a sus semejantes; aunque a veces la indiferencia y la soberbia sigan siendo sus peores consejeros y vuelva a caer en el error.
Paul Ekman escribió un libro titulado:"Decir mentiras: indicios del engaño en el mercado, la política y el matrimonio" donde resulta sorprendente cómo la mentira se convierte en una hazaña profesional.
Él expone "Si has practicado tu historia, cuando llegue el momento de mentir no tendrás que preocuparte acerca de lo que vas a decir... No solo basta repetir una mentira mil veces para convertirla en verdad sino escuchar los detalles de una historia para creerla cierta".
En estos tiempos donde la mentira es adoptada como un comportamiento habitual habría que retomar los hilos de la honestidad; no solo es una palabra que adorna el diccionario sino un sentido de vida. El buen nombre no tiene nada que ver con la posición social sino en la congruencia en la esfera privada y sobre todo pública.
Ser honesto es genuino, auténtico; siembra la confianza en el entorno familiar y laboral, otorga autoridad moral y permite ver a los ojos a los demás; la mentira en cambio, denigra a la persona sin oportunidad de reparar las equivocaciones a mediano plazo. Reconstruir la confianza requiere humildad y corrección de rumbo para no tropezar con la misma piedra.
La honestidad no consiste sólo en franqueza sino en asumir que la verdad es sólo una y no depende de las personas o los consensos sino de la realidad; no hay verdades a medias sino mentiras completas. La vida brinda solo una oportunidad y la honorabilidad debería sea motivo de trascendencia no de estupidez.
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