El ejercicio de gobierno siempre desgasta la imagen pública y por eso la respuesta del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, respecto a que "Peña Nieto no gobierna para las encuestas".
Las calificaciones que obtiene el segundo año de gobierno federal no cayeron nada bien en Los Pinos. Claro, la crítica es incómoda y desagrada la percepción ciudadana de que el desempeño sea regular ó malo, ante la cercanía de un año electoral.
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Es natural que la popularidad se desinfle en un plazo relativamente corto. Una campaña electoral no tiene punto de comparación con el quehacer gubernamental y frecuentemente las decisiones siempre conllevan un costo político.
En el primer año, Peña Nieto era aprobado por casi el 60 por ciento de la población pero ahora, el 54 por ciento lo ve con buenos ojos, según la encuesta estadounidense Pew Research Center.
El mexicano promedio reprueba al Presidente por la descomposición económica, los problemas de inseguridad y la corrupción mal combatida. También arrastra la percepción de que 'entregó' a Pemex a los extranjeros.
De acuerdo con la encuesta El Universal/Buendía & Laredo de agosto de 2014, el 46% de los ciudadanos dice aprobarlo mucho o algo, contra un 45 por ciento que lo reprueba.
La economía moderna y competitiva que ofreció Peña Nieto a partir del bloque de reformas aprobadas en su gestión deberá reflejarse en menos de tres años, si es que el PRI desea trascender en el 2018.
Pero antes de la "madre de todas las elecciones" vendrá el 2015 y veremos si el partido amarra los votos suficientes para extender el control sobre las cámaras legislativas el resto del sexenio (el sueño ideal de cualquier ejecutivo federal).
A lo mejor la andanada de votos antiPRI podría surgir desde el sector privado. El empresario que con esfuerzos paga nómina, prestaciones, renta, servicios, proveedores, etc...tiene el resentimientos de la nueva política fiscal.
Me decía un contador público molesto con la reforma hacendaria "En este país eres narcotraficante o evasor hasta que demuestres lo contrario". No creo que sea broma. Esta reforma fiscal cayó a los cumplidos como el "Ice bucket challenge".
El crecimiento económico cada vez es más escueto. No bastan los discursos oficiales respecto a los cambios transformadores que necesitaba el país, mientras las empresas y trabajadores mantengan el pesimismo sobre el futuro inmediato.
No se trata de una buena o mala estrategia de comunicación institucional sino de convencer en los hechos que el país está mejor que hace dos años. ¿De qué le sirve a Peña Nieto recibir el aplauso legislativo, si en la calle la opinión es contraria?
Es válido pero absurdo (además de costosísimo) que el Presidente alabe los éxitos de su gestión; me parece una pérdida de tiempo y dinero esta práctica que también han adoptado gobernadores y alcaldes para alimentar el ego, de cara a un informe de gobierno.
Señores: El ciudadano no califica con base a los spots sino en el día a día; en función de que sus necesidades sean o no resueltas y en el estilo de gobernar; los agraviados se desquitan en las urnas y los favorecidos premian, así ha sido siempre.
Sugeriría al Señor Presidente que no gaste fuerzas, el ciudadano no quiere más rollo sino conocer hasta cuándo mejorará su calidad de vida; tiene otros tres años para recomponer rumbo o dar por perdido el sexenio y hasta la silla presidencial.
Ese cuento de que los políticos no gobiernan para las encuestas es más viejo que el de Caperucita; sino fuera así, no tendrían razón de existir; el hambre de poder lo llevan en las venas. Gobierno y partido son un mismo ente, en las malas y en las peores.
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