En mi opinión, si algo ha quedado abiertamente descobijado ante los poblanos tras los acontecimientos de los últimos días, es la credibilidad del gobierno del estado de Puebla. El proceso de la pérdida de confianza a que me refiero no es reciente, pues su inicio podría ubicarse allá en 2011 cuando se dio a conocer el Plan Estatal de Desarrollo (PED) 2011-2017.
Entonces y en ocasión de tal evento, el Centro de Estudios Espinosa Yglesias, A.C. se dio a la tarea de evaluarlo con la perspectiva del ciudadano y del interés público. El análisis de lo contenido en el PED incluyó su congruencia con las propuestas de campaña, así como los programas sectoriales e institucionales que el gobierno estatal compartió para su análisis, en el contexto de lo previsto por la Ley de Planeación para el Desarrollo del Estado de Puebla.
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El documento resultante (*) da cuenta que “…En ningún caso [en el PED] se ofrece una metodología precisa para definir metas por cada eje y sus objetivos. Por tanto, al no tener referentes medibles, no se enmarcan los compromisos, ni los plazos para cumplir los objetivos. En algunos casos se definen metas pero de manera aislada y con referentes difíciles de comparar.”
Como era de esperarse, en su momento el análisis referido fue oficialmente minimizado sin merecimiento de un debate público. Sin embargo hoy sus conclusiones demuestran su pertinencia por cuanto las omisiones advertidas en el PED, se convirtieron en oscuros callejones por donde han transitado las cada vez más versátiles decisiones de gobierno. El PED se convirtió desde el principio de la administración en un toldo, (permítaseme la analogía), cuya sombra puede justificar cualquier gasto y la opacidad en la información.
Por ahí de marzo de 2011 en este espacio se advertía: Es incuestionable que los primeros meses de la administración han reunido un alto monto de inversión en obra pública estatal que se concentra en la privilegiada zona metropolitana de la capital del estado… sin embargo, la pertinencia y prioridad de cada una de ellas no ha sido sujeta a la opinión previa de los ciudadanos, pues fueron decisiones unilaterales del gobierno.
Se empezaba ya a perfilar una distancia entre lo ofrecido en campaña, lo escrito en el PED y los actos de gobierno estatal, magnificados estos últimos con un permanente despliegue de proyección mediática para enmascarar propósitos distintos. Las excelsitudes transformadoras propagadas localmente por el discurso oficial, pronto habrían de encontrar referentes que las cuestionarían una a una sin lugar a discusión, como lo fueron las evaluaciones realizadas por instituciones oficiales y privadas no pagadas por el gobierno del estado.
El aumento en el número de poblanos en situación de pobreza; el radical cambio a una entidad federativa con altos índices de delincuencia; el aumento de la deuda pública; el sometimiento de los poderes legislativo y judicial a los intereses particulares del ejecutivo; la falta de estrategia de desarrollo económico; el avance del deterioro ambiental y agotamiento de recursos naturales; la indiferencia a los reclamos sociales; y la opacidad en la información por citar algunos escenarios, encontraron un renglón negativo en los indicadores del desempeño estatal. En el momento actual, los efectos de disfrazar la realidad ya tocan la puerta de la mayoría de los poblanos, sin importar su lugar de residencia en el territorio estatal. De ahí surgen las manifestaciones en las calles.
No es posible negar o minimizar lo evidente. El horizonte de futuro de los poblanos es hoy menos predecible que en 2010 pues los costos de remediar los efectos de los primeros tres años de gobierno estatal, han comprometido ya los presupuestos de todos los municipios, incluidos los que mantienen su condición de rezago.
Por eso hoy no es suficiente para intentar recuperar la credibilidad del discurso estatal, el llenar diariamente los boletines oficiales con fotos de intrascendentes entregas de bolsas de fertilizante, inauguración de trabajos de pintura en escuelas, de reparación de plantas de tratamiento de aguas residuales, bacheo de carreteras rurales o entrega de estufas ahorradoras.
Los verdaderos problemas sociales, económicos y ambientales de Puebla, -esos que han impulsado año tras año el crecimiento de poblanos en situación de pobreza sumando a fines de 2013 más de 3.8 millones-, esos se encuentran vigorosos, a la vista y ampliando la brecha de desigualdad social, sin que el gobierno estatal tenga algo más que discursos que intentan confundir a la sociedad. Ante las evidencias actuales que afectan a tantos poblanos, no veo cómo creerle al discurso oficial estatal.
(*) Puede ser consultado en: http://www.ceey.org.mx/site/files/EvPEDPuebla_0.pdf