Nunca creí que el sueño neoliberal se diera a plenitud en nuestro país, la verdad que siempre estuve cierto de que nuestra generación lo impediría, ya que pertenecimos a la noble generación de los sesentas, aquella que se atrevió a soñar un mundo distinto donde la fraternidad entre los hombres se haría realidad; una sociedad sin clases, igualitaria, con justicia para todos.
Los héroes de mi generación fueron Fidel Castro, el Ché, Ho Chi Minh, Mao Tsé Tung; o para los más religiosos Camilo Torres y los teólogos de la liberación, encarnados en el mismísimo obispo rojo Méndez Arceo y sus misas de mariachi; Lemercier y la aplicación del psicoanálisis a sus monjes.
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Generación que luchó contra todo lo que sonara a injusto, cosas tan pequeñas y provincianas como el alza de pasajes, o la pretensión del establecimiento de pasteurizadoras para los expendedores de leche, o la lucha de los ambulantes, que dieron lugar a movimientos populares que le costaron el puesto a varios gobernadores en Puebla, como el nefasto Nava Castillo, el abuelo Moreno Valle o el "maloso" Gonzalo Bautista.
Tiempos donde la Universidad pública era una oportunidad a disposición de quienes soñábamos con superar nuestro nivel de vida, haciendo realidad el lema de "pensar bien para vivir mejor", sin exámenes reprobatorios de ingreso que originara el jugoso mercado de universidades "patito" productor de egresados frustrados de una educación mercantil privada.
Qué decir del uso de medios de comunicación populares, consistentes en panfletos reproducidos en mimeógrafos caseros, conteniendo mensajes subversivos convocando al pueblo a oponerse al omnipotente poder presidencial y al partido de la revolución institucional y sus títeres electorales llámese PAN o PPS, o el viejo PARM, todos sostenidos por el estado para fingir ser una nación moderna democrática.
Sin embargo nuestra generación falló al dar lugar a una generación ausente, distraída, ajena, que habrá de vivir en otro México, con características que jamás imaginamos, tan opuesto al que llegamos a soñar alguna vez.