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Moreno Valle y los cochinos | Alejandro C. Manjarrez
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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Moreno Valle y los cochinos

Alejandro C. Manjarrez

Escritor y periodista. Autor de la columna Réplica y contrarréplica. Colaboró en la revista Impacto y en el periódico Excélsior. Fue articulista de Notimex. Fundador de la Revista Réplica.

Martes, Agosto 5, 2014

“El poder es un instrumento para servir a los que menos tienen. Somos personas ordinarias que si nos unimos podremos hacer cosas extraordinarias”.

La frase no pertenece a Barack Obama. No. De ninguna manera.

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Es del acervo de Rafael Moreno Valle Rosas, gobernador del estado donde —diría uno de sus fieles subordinados e hijos putativos de Goebbels— las ondas expansivas de las fiestas de pueblo han causado más daños cerebrales que las piedras de grueso calibre, o las balas de goma, o los cartuchos de bombas lacrimógenas caducas.

Aquellas palabras de Rafael, que por cierto se las fusiló el marido de Michelle, me obligan a preguntar:

¿Y entonces qué diablos pasó?

¿Dónde quedaron los que menos tienen?

¿Se habrá referido a los granaderos que unidos hacen cosas extraordinarias como —por citar algo trágico— causar lesiones de muerte a las personas ordinarias, trátese de niños, mujeres o ancianos?

Lo único que se me ocurre para responder a mi daimon (sin relación con el de Aristóteles), es que algún brujo malévolo reprodujo la efigie del góber en un muñeco de trapo con la intención de hacerle vudú político. Y que en cierta noche oscura, rodeado de hogueras, en medio de cánticos afroamericanos y bailongos brasileños, el hechicero en cuestión convocó al chamuco antes de encajar sus alfileres en las nalgas del espantajo ése que es una burda reproducción de Rafael. Y que, además, el rito de marras produjo el desbarajuste o desmadre político que vive la angelical Puebla.

No hay de otra…

Bueno, tal vez haya de otra:

Que el fenómeno social poblano haya producido una especie de metamorfosis kafkiana, mutación que afectó la imagen del gobernante (antes cordial y sonriente) transformándolo —diría mi abuelita, también inventora culinaria— en el chamaco alebrestado que decidió poner en práctica algo parecido a un bullying socio-político. La intención: castigar y someter a los poblanos ordinarios para, de ciudadanos con voz y voto, convertirlos en súbditos atolondrados, dóciles y mudos.

Este mi desvarío que atribuyo a las ondas expansivas de los cohetones lanzados el pasado 3 de mayo durante el festejo de los albañiles (la Santa Cruz), me obliga a reflexionar sobre los hechos difundidos en la prensa nacional e internacional para contrastarlos con el discurso de nuestro satanizado mandatario.

De esa llamémosle confrontación de ideas entre mi sombra y yo (plagio a sor Juana), concluyo que Moreno Valle ha sido víctima del cultivo yucateco a cargo de sus colaboradores, mismo que —valga acotar— converge con los requiebros o galanteos que suelen formar parte del bagaje común en el zalamero huele pedos (perdón por lo de zalamero):

“Es un complot de los periodistas, jefe. Su atractivo despertó la envidia de la gente mediocre”. “La intención de los cabecillas de grupos de presión sin representatividad social, es desprestigiarlo”. “Ha incomodado a sus adversarios políticos y estos pagan para que le peguen”. “No haga caso, son camarillas que obedecen al PRI en decadencia”. “Se trata de marinistas que tiran la piedra y esconden la mano”. “Lo atacan porque les cerró la llave de las arcas públicas”. “Las protestas son producto de la manipulación de los corruptos del sexenio pasado (subrayo “pasado”). “El plan fue concebido en el PRI nacional”. “Ignore a sus detractores; cobran por pegarle”. 

En fin. El catálogo de lisonjas es tan amplio y largo que formaría “el vértigo del etcétera” (Umberto Eco dixit), tanto o más que la imaginación y/o necesidad de los complacientes servidores públicos cuya presencia en Puebla obedece a un proyecto financiero personal que, aunque usted no lo crea, incluye (hay que cuidar el hueso, faltaba más) los oportunos consejos sobre cómo recular para quitarle fuerza a los errores burocráticos.

No te arrugues cuero viejo…

Gracias, pues, al mimetismo de los fuereños (al estado que fueres haz lo que vieres), pudo haberse escuchado en Casa Puebla el reverberar de una voz ordinaria (por vulgar) pero de confianza: “La cagaste mi góber. Ahora tenemos que encontrar al chivo o chivos expiatorios cuya zalea sirva para forrar los tambores cuyo retumbo acalle las protestas sociales.”

Y sí, cual onda expansiva, los ecos de aquellas expresiones cortesanas impactaron el cerebro del gobernante cuya mirada sigue fija en el águila del nopal posada sobre el trono republicano. De ahí que Moreno Valle reculara volteando a ver a don Facundo Rosas2 (sin parentesco con él). Supo que este policía podría ser la solución al conflicto local, a estas alturas convertido en problema nacional. Sus antecedentes, por ejemplo, o el personal bajo su mando en la Secretaría de Seguridad Pública, le ayudarían a poner en práctica algún sacrificio burocrático.

Una vez tomada la decisión cuyo tufo se parece al de los chivos de Tehuacán, Rafael sacó a relucir su convincente histrionismo empático para mostrarse acongojado por los lamentables hechos ocurridos en Chalchihuapan. E inició así la sesuda estrategia consistente en combatir el efecto mediático causado por el fenómeno físico de los cohetones, las granadas de gas lacrimógeno y los atentados a la inteligencia de la sociedad.

Puerco, cochino, cerdo y marrano

Seguramente el lector sabe que Puebla fue famosa por su dehesa boyal. Abundaban los mamíferos artiodáctilos, ganado que dio popularidad a la industria del jamón, las carnitas, el chorizo, los cueritos, las patas en vinagre y los chicharrones. Por ello decían que los poblanos comíamos cuatro platillos refiriéndose precisamente a los sinónimos del porcino. A esto podría atribuírsele las pruebas científicas y/o peritajes que tuvo a bien realizar el abogado Juan Pablo Piña Kurczyn para demostrar —legalmente claro— el daño que produce en la cabeza humana las ondas expansivas de los cohetes y cohetones. Si viviera, Ripley estaría hecho bolas, igual que el naturalista Charles Darwin. O encabritados los judíos que, para protegerse de la persecución española, decidieron huir de la península ocultándose en Puebla donde rompieron su dieta exenta de ese tipo de carne: había que simular y sacrificarse comiendo cochinita pibil o en pipián, para así salvar el pellejo.

Bueno, el caso es que Piña (hoy premiado con un hueso rafaeliano) utilizó varias cabezas del chancho chicharronero hasta encontrar la justificación que después sirvió al procurador Víctor Carrancá. Lo malo es que no convencieron ni siquiera al mandatario poblano que tuvo que tragar camote antes de salir a decirnos lo que apunto líneas arriba: que su gobierno investigará a los uniformados hasta encontrar al culpable de la lamentable muerte del niño José Luis Tehuatlie Tamayo.

Sea lo que fuere, es obvio que a Rafael Moreno Valle le cayó el veinte y recordó que el poder es un instrumento para servir a los que menos tienen, y no —como lo acostumbran sus subordinados— para vernos la cara de pendejos.

acmanjarrez@hotmail.com

@replicaalex

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