Finalmente, el futbol tiene los condimentos mínimos para ofrecer a la gente un recreo.
Harta como esta, una buena parte de la sociedad, de escándalos políticos, corruptelas, abusos e impunidad, al menos echar un vistazo al lado distrae un poco.
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En el caso de los mexicanos, desgraciadamente no podemos hacer un buen balance. Bueno, en cuanto al juego en sí, el recuento me parece satisfactorio. La selección, sin estar llena de estrellas con una nómina millonaria en euros hizo un papel digno. En todos sus partidos jugaron bien, pero particularmente me gustó mucho el último.
Mostraron una actitud de lucha de iguales y eso, la actitud, el carácter, es algo que no se había visto en otras ocasiones. Me parece que ese aspecto es algo en lo que tienen que trabajar mucho los competidores mexicanos, en todas las disciplinas deportivas.
Competir, sí, pero a partir de una absoluta convicción de sentirse competentes.
Los muchachos nos dejaron un magnífico sabor de boca, euforia colectiva como pocas veces en la vida del país, y prendieron la mecha de una ilusión que hay que mantener viva en el deporte y en otras cosas ciertamente más trascendentes.
La revisión en otros aspectos tiene pros y contras.
El director técnico, el famosísimo Piojo Herrera, a mi particularmente me cae bien. No es un dechado de virtudes y mucho menos un modelo como estratega ahí en la escena, pero sin duda que tiene carisma.
Tomado con bisturí y sometido a revisión por un equipo de psicólogos es una rara avis. Todo un caso. Un ejemplar apetitoso para los analistas del comportamiento humano.
La televisión siempre nos mostró a un tipo hiperactivo, gritón, desesperado, impaciente y hasta grosero. Bueno, hay que aceptar que es su manera de vivir su responsabilidad. Tarea nada, pero nada fácil. El futbol exige pasión, entrega, compromiso. Con eso se vio al Piojo.
No se le puede escatimar reconocimiento sobre ello.
Dirigir un ejército deportivo en la cancha en un escenario así, con millones de ojos y personas sobre tu humanidad, (con todo y que la piojuna humanidad sea generosamente robusta…) no es nada sencillo.
Claro, su imagen contrasta abruptamente con la de la mayoría, o mejor dicho todos los directores técnicos de las demás selecciones. Yo observé a casi todos: hombres ya entrados en años, mirada penetrante en su gente, profundamente concentrados en su estrategia y en la del rival, el ceño fruncido quemando adrenalina, los brazos cruzados y apenas dando unos cuantos pasos…
Parecían zorros husmeando el terreno. O cazadores vigilando a la presa. Taciturnos, sudando, sufriendo. Dominando el cuerpo en una pose la mayor parte del tiempo. Conscientes, quizá, que un general así, fuera de la cancha, ya poco puede hacer, cuando sus soldados se baten en el terreno conforme a un plan estudiado, practicado, definido.
El piojo era, es, todo lo contrario. Grita, camina, brinca, manotea, gesticula, se emberrincha, reclama, insulta, señala, indica, condena. Yo tengo mis dudas respecto de que los jugadores siquiera le hagan caso ahí en la cancha, a la hora del partido, a todo ese manojo de nervios. Dudo incluso que siquiera lo vean.
Y sin embargo…creo que mucho los contagia de su concepción de combatir ahí en el terreno.
Seamos francos: es absurdo pretender que en su lugar esté ahí un psicólogo, un tipo perfectamente controlado, seguro, un maduro caballero aplomado, y absolutamente juicioso.
Los hechos le dan la razón: cuando él llegó a la selección esta cambió. Su papel en el mundial, a juzgar por los resultados es bueno. He leído muchos comentarios, de expertos y legos, de fanáticos y aficionados equilibrados de los ámbitos más cultos, y la gran mayoría aceptaron comerse sus palabras y juicios vertidos sobre el Piojo antes del mundial.
Yo creo que el Piojo merece, estilo aparte, un voto de confianza.
Quienes sí reprueban en toda la línea, son la mayoría de los aficionados mexicanos que fueron a Brasil. Les correspondió el triste y reprobable papel que en otros casos han desempeñados los hooligans ingleses.
Múltiples referencias hubo de pillaje, abusos, pleitos, alcoholismo desenfrenado, un muerto y dos pelafustanes tras las rejas, más el insulto colectivo anónimo al que no le veo una pisca de edificante y sí retrata de cuerpo entero la vulgaridad hiriente de muchos.
No se le pueden pedir peras al olmo. No todos, pero buena parte de ese tipo de seguidores del futbol, son fieles representantes de lo más pedestre del fanatismo que anida en toda sociedad. Hoy el pésimo ejemplo es este tipo de mexicanos, pero ejemplares así los hay en todos los países, en Europa y Sudamérica se han dado muestras de salvajismo nada envidiables en otras ocasiones.
En fin, esto da tema para otro comentario.
(Sí, el libro “Ideas para la Vida”, de mi autoría, esta con Doña Mago, en el puesto de periódicos del Portal Morelos y 2 Norte, frente al Salón de Protocolos).