De la corrupción como fenómeno social a la corrupción con impacto en el funcionamiento Estatal.
En nuestros días se oye que las policías están penetradas por la criminalidad y se dice que el problema principal por su número radica en las corporaciones municipales, sin dejar de señalar a otras.
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Se puede corromper a un policía porque de una parte:
- Hay un corruptor con dinero para ofrecer.
- Se presenta la oportunidad de hacerlo sin ser sancionado.
- No hay respeto a quien representa en la calle a la autoridad.
- Hay transgresores de la ley que no desean pagar la pena por su acto.
- Predomina la idea de: “más vale un mal arreglo que un buen pleito”.
- Se desea protección para ciertas actividades.
- Ante el abuso de autoridad se quiere salir rápido de la situación.
- No predomina la cultura de la legalidad ni de la civilidad.
Del otro lado:
- Se recibe un salario bajo por la función a desempeñar.
- El seguro de vida es menor en proporción al del funcionario público.
- Las prestaciones como INFONAVIT y FONACOT pocos las reciben.
- No hay becas para estudios de los hijos de policías.
- El adiestramiento y armamento no es apto para los nuevos retos.
- No hay turnos de ocho por ocho, sino 12 por 24, u otra modalidad.
- Hay órdenes de “pasar dinero hacia arriba”.
- El jefe “cobra” por darles el puesto.
- Les “cobran” por su implemento de trabajo: patrulla, motocicleta o crucero.
- Pagan por el mantenimiento de los vehículos y hasta por la gasolina.
- Les ordenan realizar funciones para las que no fueron contratados.
- Experimentan amenazas veladas o directas: “plata o plomo”.
- Exponen la vida sin ser recompensados a cambio.
- No hay reconocimiento a su trabajo, sólo cuando los matan.
- Para compensar tienen el deseo de obtener dinero de cualquier forma.
- Se presentan abusos de poder contra el ciudadano.
- El beneficio pecuniario es superior a lo que tienen, aunque con alto riesgo.
- La mística de trabajo se ha perdido.
¿Son fenómenos inéditos? Seguramente no y habrá mucho más causas de las expuestas, sólo que sus impactos han cambiado de dimensión. La función principal del policía preventivo consiste en mantener las condiciones de convivencia social, así es que mientras la corrupción sólo llegue a ello, el problema no sobresale mucho ya que hasta ese ámbito se circunscribe, aunque en términos legales y morales, sea un problema.
Sin embargo, en la actualidad al agregarle factualmente a las policías preventivas el combate al narcomenudeo y por tanto a la delincuencia organizada –legalmente hace poco tiempo– se les expuso también en la corrupción derivada de la nueva responsabilidad. Esta situación sucedió sin un diseño institucional y social combinado que fuera capaz de neutralizar los efectos del fenómeno corruptor desde una visión del desarrollo, además de la del control y la disciplina (el recurso del SUBSEMUN en algo ha ayudado en el sentido adecuado).
La combinación es explosiva entonces, tanto por el dinero en juego como por las condiciones arriba citadas, por lo que el impacto ahora no sólo se ha resentido en la convivencia social, sino en la disminución de la capacidad operativa ante el crimen, en el cuestionamiento a la legitimidad de la institución estatal que representa el policía y en el deterioro de la gobernabilidad.
Pensemos en las palabras del poeta británico Lord Byron: “Apenas son suficientes mil años para formar un Estado; pero puede bastar una hora para reducirlo a polvo”.