Como lo hemos venido comentando, estos días de junio serán recordados por una mezcla de júbilo futbolero –que esperemos se prolongue lo más posible- con un tortuoso andar del marco normativo de las ya tan famosas reformas estructurales. Ya habíamos dicho en una anterior colaboración, como los partidos políticos buscan poner o imponer condiciones para permitir el avance tanto de dictámenes como de sus eventuales aprobaciones.
Por lo que estamos presenciado en estos momentos en ambas Cámaras es el resultado de poner a prueba nuestro sistema parlamentario, con todo lo bueno y lo malo que esto implica. Aunque a veces predomine lo último. La paciencia del régimen peñista está siendo puesta a prueba ante las actitudes de PAN y PRD, pero el esfuerzo vale la pena, ante el reto de romper una inercia que ha predominado en la Nación durante los últimos 25 años.
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El contenido del paquete de leyes energéticas de por sí son muy interesantes y definitivas, tanto para la industria petrolera como la eléctrica. Son verdaderos cambios de fondo que impactarán no solo en los intereses directos de ambos sectores sino que además traerán modificaciones legales a temas colaterales. Estos irán desde lo fiscal hasta el derecho civil de algunas entidades, ya que implicarán conceptos de afectaciones a las propiedades en que exista el hidrocarburo, por ejemplo, lo cual contemplará la creación de una figura especial que considere mantener a salva guarda los legítimos derechos de los propietarios, y que en su caso puedan ser indemnizados en la justa medida del valor de sus propiedades. Es decir, son temas complejos y cada uno de ellos implica su propia revisión. Ahora bien, la situación del sector ha sido estudiada y debatida en el último cuarto de siglo. Desde su muy diversa óptica, especialistas y académicos han vertido su opinión de lo qué se debe hacer para hacer más eficiente la riqueza energética del país. Es claro que hablar que los actuales legisladores hagan aprobación de los dictámenes sin un anterior análisis, es falso de toda falsedad. Hoy solo estamos viendo la culminación de un largo proceso en el cual ha participado los que han estado interesados en participar y aportar. Además se han revisado las normas jurídicas y la manera en que otras naciones vienen aprovechando sus recursos energéticos. Hay casos emblemáticos que denotan que una inteligente adecuación de leyes se vuelve un factor indiscutible que garantice el progreso y el desarrollo de los países. Ejemplos a la mano, Brasil y Noruega.
Es cierto que aún hay dudas e incertidumbres –algunas justificadas- ya que el imitar o implantar modelos que han resultado exitosos en otros lares no necesariamente se vuelven garantías de buenos resultados, pero también es indudable que no existen recetas mágicas en ningún lugar, por lo que es necesario empezar para impulsar el PIB. Se calcula que la simple implementación de las leyes secundarias daría entre un 1.5 al 3 por ciento de crecimiento al Producto Interno Bruto nacional, claro después de dos o tres años de funcionamiento. Como vemos, urge ya empezar. Tanto el Presidente como Luis Videgaray saben que hay mucho riesgo con el retraso de las aprobaciones, pero al mismo tiempo destacan en toda oportunidad el gran valor y la seguridad de lo que esto implicará para mejorar la economía nacional. Hoy más que nunca estamos ante la gran oportunidad de dar ese impulso tan necesario que rompa la inercia económica que ha sujetado a nuestra economía al no crecimiento. Y es que el diseño heredado es de una estabilidad macroeconómica a costa de salarios y bajo crecimiento. Es decir, que se paguen bajos salarios para evitar inflación. Y muy riesgoso sería un cambio de modelo repentinamente, por lo que será necesario como, ya se está haciendo, ir modificándolo en bases a las reformas que aceleren el paso. Ya lo dijo Luis Videgaray, las reformas no son recetas mágicas con cambios instantáneos. Pero si constituyen las transformaciones necesarias, indispensables, para aprovechar el gran potencial de México. Mientras vemos como el pararse de la mesa de negociación ya se volvió práctica habitual de los partidos de oposición. Así como regresar a ésta. Y no se llama chantaje, según ellos. Pero este el momento de confiar en México y su gobierno, un gobierno que está pensando en las próximas generaciones.