(Ensayo maderista de política ficción)
El teléfono de Gustavo Madero suena una vez y es contestado de inmediato. No es para menos, el identificador indica que la llamada entrante llega desde Los Pinos y el presidente Peña Nieto quiere felicitar al ganador de la contienda panista.
Más artículos del autor
Emocionado, el chihuahuense toma el blackberry y en automático todos los que le rodean callan. Deben contener la euforia desatada para dejar hablar a su líder, el mismo que pasó casi dos meses difíciles y semejantes a una pelea de box contra un retador fajador y envalentonado.
-Muchas gracias señor Presidente, se escucha en un tono norteño la voz del Madero al que la reelección si le ha sentado bien. Haremos todo lo posible para sacar adelante las Reformas que México necesita, aunque eso sí le digo señor Presidente, a partir de ya mi partido estará buscando a como de lugar hacer todo lo necesario para regresar a la residencia en la que hoy vive, remata en tono sereno y seguro el flamante ganador para despedirse con un “espero verlo pronto, le mando un abrazo”.
Apenas se quita el Iphone de la oreja derecha, los gritos vuelven a estallar en la oficina. Sobre el hombro izquierdo del líder panista se posa una mano blanca. El ex líder de la COPARMEX en Chihuahua voltea y encuentra de inmediato la mirada del diputado Anaya, su ahora secretario General.
Inundado por el optimismo le asegura: “Ricardo vamos por Querétaro, tu tienes que ser el próximo gobernador de ese estado. Vamos a empezar a repuntar y a ganar todo lo perdido”. El joven Anaya sonríe satisfecho. Le dice que sí sólo con la cabeza y lo abraza. Con la mano derecha, el secretario general electo da dos fuertes palmadas en la espalda de Madero, a quien para entonces le es imposible controlar la euforia y cuando se zafa del abrazo alza el puño derecho y grita: “que viva el PAN, que viva México”. La apoteosis para entonces ha llegado entre los presentes en esa oficina. Jordi Segarra, el consultor, suspira satisfecho y se apresta a irse en pocos minutos. A su derecha, los también asesores en comunicación –carrera que estudió madero en el ITESO- Marcelo García Almaguer y Alonso Cedeño también sonríen, aunque no despegan los ojos de sus respectivos celulares. Siguen de cerca las cuentas de tuiter de Ernesto Cordero, del senador Javier Lozano, de Juan Manuel Oliva, y la de Cocoa Calderón.
Caída la noche dominical, los dos primeros llevan en conjunto más de una docena de mensajes en redes quejándose de lo que han llamado “una descarada movilización priísta”. Ese será, durante algunos días, su principal pretexto de derrota.
Almaguer y Cedeño checan los time line mencionados y de no ser por que ya lo esperaban, consideran todo como normal, así que no es necesario hacer nada más que un simple reporte verbal a quien por 7 puntos porcentuales ha ganado la elección albiceleste, según lo informó de viva voz el siempre cuestionado Francisco Garate Chapa.
Afuera de la sede panista, los gritos son más intensos. Comités estatales han llegado de Puebla, Tlaxcala, Estado de México y distintas delegaciones del DF junto con centenas de militantes que celebran afuera y corean el nombre de su líder: MA-DE-RO-MA-DE-RO-MA-DE-RO, exclaman una y otra vez exigiendo que el de Chihuahua salga a dirigirles algunas palabras.
Así, ha llegado el momento. Afuera aguardan cámaras, grabadoras, reporteros, militantes, e invitados especiales. Es por ello quien estrena un triunfo voltea hacia ambos lados por encima de sus hombros. Encuentra lo que busca: la mirada de su esposa, a quien toma de la mano para que le acompañe a encontrarse con sus seguidores. Al lado de ella, muy cerca, se topa con el gobernador de Puebla, Rafael Moreno Valle, y en un silencio cómplice, ambos se estrechan la mano fuertemente y sonríen. Han ganado su primera batalla. Faltan 4 años más para poder “completar el plan”. Falta mucho es cierto, por eso en esta noche sólo queda celebrar.
Abajo del cielo capitalino, el clamor maderista en la calle sigue siendo fuerte. Es tiempo de abrir esa puerta y dejar que los flashes se impacten sobre el rostro de quienes ya saben que al igual que las derrotas, ningún triunfo es eterno…