Otra vez las fintas políticas, esta vez utilizando el pretexto de la leyes secundarias en materia de telecomunicaciones, enviada por el ejecutivo a la cámara de senadores, lo que provocó la aparente reacción de los dirigentes de los partidos de oposición.
Llamándose engañados, discordantes, y rabiosamente indignados por la violación a nuestra Carta Magna, cuando meses atrás eran los que pasaban sobre todos nosotros argumentando que con las reformas estructurales estaban haciendo avanzar a México sin que fueran afectados nuestros derechos constitucionales.
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¿Qué beneficio buscarán estos anquilosados protagonistas de la comedia política nacional? ¿Será que ya sospechan que los próximos votantes estarán muy lejos de ellos en sus preferencias? o ¿se tratará de una finta para obtener concesiones económicas y de poder?
Más temprano que tarde lo sabremos, ya que es cuestión de que sean llamados a lo obscurito para concertar beneficios para sus respectivos grupos, ya sea que se trate de los maderistas por el PAN o de los chuchos por el PRD, y entonces el discurso cambiará hablando entonces de que se habrá llegado a un acuerdo patriótico donde prevaleció el interés nacional.
Esto es a lo que nos tiene acostumbrados la partidocracia en el poder, quienes sin el más mínimo pudor aparentan defender una plataforma ideológica populista para terminar "concertando" beneficios propios personales o de camarilla con su adversario el PRI.
Mientras los dirigentes nos entretienen con este "desacuerdo", ya los otros grupos internos de ambos partidos y en ambas cámaras, se aprestan a servirse de intermediarios argumentando que hay que ir a un análisis más profundo de la reforma; poniendo la mira en la "reforma que viene" y de la cual sacarán más jugo: la energética.
Por lo que se refiere a la reforma en comunicaciones espere usted que todos los beneficios se repartan en partes iguales entre los monopolios televisivos y el de la telefonía celular, donde ninguno saldrá perdiendo; para que finalmente usted y yo sigamos pagando servicios pésimos y caros además de quedar esclavizados a una televisión comercial cuyos contenidos seguirán siendo mediocres y deformadores.
Mientras tanto estamos ante una nueva farsa, donde el chantaje a cambio de los votos legislativos será el común denominador... ¿quién da más?