Hoy más que nunca nuestro país necesita la normalidad, volver a encontrar el camino para reiniciar el difícil proceso de reconstrucción a que ha convocado el Presidente Enrique Peña Nieto.
La rutina de lo diario deberá ir acomodándose entre la agenda de lo urgente a atender. Sabemos que hay miles de familias que en este momento se encuentran en albergues y que la esperanza es una señal difusa en la negra noche que viven. Sabemos que hoy se continúa en el estatus de alerta por deslaves y amenazas de inundaciones por ríos y presas que están a tope.
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Pero también debemos reconocer que es prioritario regresar a la agenda nacional de las grandes transformaciones. Las desgracias suscitadas, lejos de desviar la atención a la hoja de ruta trazada por esta administración, robustecen la idea de dar los pasos necesarios para consolidar reformas y avanzar en la construcción de un escenario muy diferente para el año venidero. Hoy más que nunca, el país necesita unidad y recuperar cohesión social. Hoy más que nunca necesitamos dejar intereses particulares o partidistas en el afán de construir un nuevo País, avanzando en los cambios estructurales que se han propuesto. Pero esto sería en el país ideal, en el real, en el que nos tocó vivir, vemos un constante debate en todos los frentes abiertos de discusión nacional. Partidos que presionan por sus temas particulares, maestros que se oponen a ser evaluados, empresarios contrarios a una reforma hacendaria que su principal premisa es ser justa y con un enfoque social, medios y redes contrarios a los principios de colaboración y aportación a la crítica constructiva, en fin.
Nos hemos referido en otras ocasiones a este período como el tiempo de la “Presidencia Valiente” porque hay que tener muy claro que el proponer todas la serie de reformas que hemos visto en un solo año, es un hecho inédito en la historia reciente de México y ha sido digno de admiración por otros países, que siguen con grandes expectativas los pasos que da el gobierno de Enrique Peña Nieto para ver si se llega a consolidar este amplio bagaje transformador. Igual hay que reconocer que muchos capitales tanto nacionales como extranjeros han convertido esta expectativa en una falta de dinamismo de la inversión, en parte responsable de la desaceleración económica que sufrimos, en espera de la reactivación tan anhelada.
Lejos de justificar a ultranza las medidas aprobadas y las presentadas, es indudable que el proceso de mover a México necesita de cambios radicales y estos siempre serán molestos por los que han vivido acostumbrados a beneficiarse del estatus quo, por eso, todos aquellos que no creían que habría un presidente con el valor de enfrentar las cosas e ir al fondo de ellas, pues hoy lamentan que se vean en corto plazo amenazados sus privilegios. Que esto significa un desgaste, claro, pero es significativa la auténtica meta, sacudir a este país del marasmo y trasladarlo a un verdadero crecimiento y desarrollo. No es fácil esto, cuando además se tiene que hacer con precisión quirúrgica, en un marco de consensos y acuerdos.
Hoy la prioridad es iniciar la reconstrucción nacional, pero no solo en aspecto de infraestructura. Hay que avanzar en todos los campos y en todos los sentidos. Tenemos que ser más productivos, honestos y transparentes. Hoy que muchos actores políticos que pretende sacar provecho personal de esta etapa convulsionada –al fin que estar en contra de todo es la moda- y atacar y denostar pidiendo que las cosas no cambien, es clara la percepción que tenemos todos aquellos con la plena confianza de que este barco llegará a buen puerto, que el día de mañana florezca una nueva realidad, con educación de calidad, con un país en prosperidad y que sea incluyente. En fin, un país que nos toca a todos construir.