“Somos ya una bola de locos, --dijo Martha con un aire de profunda sabiduría--. No me refiero al loco que es genio y aporta cosas maravillosas a la humanidad y al mundo para hacer esta vida más fácil, más sabia, más profunda o más bella. Me refiero al loco que es incapaz de comunicarse con los demás y vive en un mundo que es una incógnita para los otros pero los afecta y, al igual que a los otros, no le importa porque están igual.
“Si te das cuenta, ya nadie vive de la razón. Vivimos nuestra propia razón que no tiene lógica, sinrazones pues. No hay códigos compartidos. Cada quién le pone su ‘valor’ a las cosas, a la vida. Si para otro tu vida no vale, saca un arma y la termina, ¡así de fácil! Y lo peor, no pasa nada.
Más artículos del autor
“Ya no hay acuerdos de lo que es valioso y no. Yo no sé si en épocas anteriores a la mía así fue, pero a mí me tocó aprender a tener una consideración por cosas que eran esenciales para convivir con respeto, con amabilidad, tratando de comprender al otro sin que tuvieras que compartir sus opiniones. Reverenciábamos ciertas cosas en la vida. Decíamos ‘por favor’ y ‘gracias’. Teníamos arraigo. Me refiero a que teníamos formas de vida que defender, eran nuestros espacios vitales. Nuestras costumbres nos permitían confiar en que la vida seguía con cierto orden y sin tanto sobresalto.
“Ahora diario hay sobresaltos. Lo malo es que nos hemos acostumbrado y ya no nos sorprenden. Y lo peor: evadimos la realidad y cada evasión nos hace más inconscientes. Precisamente ese es el mundo de locos al que me refiero: inconscientes, evasivos de la realidad. Y lo “más pior”, como dicen en mi pueblo, es que nos han creado problemas ficticios de una manera superficial y simplificada que nos polariza. Es imperdonable…
“Yo ya no vivo feliz, --dice--. En las noches observo mi vida y me doy cuenta que sólo sobrevivo: busco mi ‘día a día’; que tengamos qué comer mis hijos y yo, que pueda pagar colegiaturas, transporte, internet, luz, gas, teléfonos. Que si puedo vender esto o lo otro para ganarme un peso más y poder comprar cosas que se necesitan en la casa, le entro… Así me la paso, y ya me canso, porque hay que atender la casa, limpiarla, lavar trastes y ropa, tender camas… Si tienes quién te ayude, hay que pagarle y ese dinero lo usas mejor para comprar comida. Cada vez hay menos tiempo para la familia, para convivir, para disfrutar, cada vez todo es más caro y tienes que trabajar más, cada vez hay menos maneras de ganarse un peso honrado… Y no se diga de las traiciones de los que alguna vez fueron tus amigos… y todo por unos pesos.
“Sí amiga, ya todos somos una bola de locos…”
alefonse@hotmail.com