Las fechas incitan hacer balances. Se cumplen los primeros nueve meses del gobierno del Presidente Peña Nieto, término que prometía un ambiente propicio para impulsar las transformaciones anheladas. Sin embargo, el primer informe queda empañado por las malas interpretaciones de la realidad y un saldo que no resulta favorable.
MALA INTERPRETACIÓN.
Más artículos del autor
Lo indicado era asimilar la realidad sin titubeos y dejar de lado los infundados optimismos. No se quiso aceptar que el regreso del PRI a la Presidencia de la República se presentó en medio de severos cuestionamientos y enemistado con un amplio sector de la población. Reconocer que fue el gran beneficiario de la incapacidad de las administraciones de acción nacional, que no se trató de una apuesta ciudadana hacía el futuro ni de una reivindicación con el pasado, el resultado electoral se entiende a partir de las vulnerabilidades de nuestra democracia que le permite a los poderes fácticos extraer ventajas e imponer las reglas del juego. Era un imperativo asimilar que los tiempos de amoldar la ideología a la derecha, de indefinición y confort se habían acabado; que si bien, se cogobernó desde las bancadas parlamentarias, las gubernaturas y los municipios con la ventaja de no asumir el desgaste de ejercer la presidencia, la oportunidad que representaba volver al ejecutivo federal indicaba una lectura diferente de la realidad. No se entendió que la expectativa popular era corregir el camino de la fallida alternancia, con el oficio político que se le atribuye al tricolor y el conocimiento que tiene de un sistema que fundó y operó. En síntesis, se esperaba que en las primeras semanas las medidas de gobierno servirían para mitigar o desactivar los conflictos más apremiantes. Pero no sucedió, se cometió el error de concentrar todas las energías en impulsar el Pacto por México y los 95 compromisos que lo integran, provocando un retroceso en detrimento al poder legislativo y soterrar el equilibrio de poderes que se había alcanzado desde aquella emblemática LVII legislatura (1997-2000). El agravio va más allá de imponerle una agenda ajena al Congreso de la Unión que lo distrajo de sus competencias principales, lo grave fue reducir al legislativo en un insustancial receptáculo de trámites.
Sin duda, lo aconsejable era trazar un cambio de dirección en vez de impulsar reformas estructurales como primera acción de gobierno.
SALDO.
Entre lo más destacado la administración del presidente Peña Nieto se encuentra la firma de acuerdos con la oposición partidaria; los golpes judiciales espectaculares como las detenciones de Elba Esther Gordillo, Andrés Granier y el Z- 40; hasta una diversidad de nuevos anuncios publicitarios relanzando la imagen de nuestro país en el exterior. Todas ellas han quedado empañados por la tensión que se respira en el país. Las hazañas de ayer se difuminan y los bríos se confunden con obsesiones. Ello explica que las calles estén tomadas por grupos y sectores irritados que se oponen a los planes presidenciales acorralándolo a rendir su informe desde la seguridad de los pinos. El panorama se presenta obscuro porque la zozobra que genera la violencia criminal prevalece, la estrategia de seguridad naufraga entre lo mismo de Calderón y la indiferencia que solo le interesa que los medios de comunicación evadan el tema. La consecuencia salta a la vista: más de 10 mil muertos (Diarío Z, 29/08/13) y nuevos territorios en disputa como la capital del país. Los instrumentos para maniobrar no han funcionado: ni la Cruzada Nacional Contra el Hambre que fue manchada de origen ni los experimentados personajes de su gabinete que llegaron para reforzar y hoy se esconden ante las adversidades y acaban por dejar solo al presidente.
Aunque algunos malquerientes de EPN critican los signos de la tornada del presidencialismo de antaño, pero las virtudes de entonces, como el liderazgo político sobre los gobernadores sigue sin ejercerse. Ahí está el ejemplo de los gobernadores que no pueden proveer ni de lo elemental y provocan la gestación de los grupos de autodefensa y las policías comunitarias que asumen responsabilidades de seguridad en sus comunidades. También las prioridades del gobierno se han visto truncadas porque nuestra economía transitó del estancamiento en el primer semestre al actual desplome del segundo (-0.74%, INEGI). El mal desempeño se le atribuye al menor dinamismo en las exportaciones, la contracción de las inversiones, la reducción de las remesas y la caída del sector de la construcción. Un horizonte que no se vivía desde la recesión del 2008-2009, lo que explica que el optimismo de los organismos internacionales y los grandes capitales extranjeros hayan dejado de verse atraídos por la perspectiva de futuro que no es nada halagüeña. Y por si fuera poco, hoy están reunidos en su contra sus disímbolos adversarios que se oponen a la reforma presidencial en materia energética. La Presidencia de la República debe tener presente que las buenas opiniones que generó la audacia de poner el dedo en la yaga se puede perder de continuar obcecados en rectificar y de quitar el dedo del renglón.
Es evidente que atestiguamos el agotamiento del régimen presidencialista que busca afanosamente reinstalarse en un país en llamas. El presidente Peña Nieto debe ajustar sus metas sexenales y plantearlas en un sentido modesto y puntual para poder alcanzarlas; de lo contrario, quedará presa de las circunstancias como lo estuvo su antecesor.
juandiazcarranza@hotmail.com
Twitter: @juandiazcarr
Abogado, economista y periodista.