La libertad de pensamiento tiene una larga tradición en la vida social. Implica comunicación, reconocimiento de diferencias y razón de la interlocución. Sin ella no se explica el desenvolvimiento de la humanidad.
Los espacios universitarios en Europa y América ganaron autoridad porque siempre, aun a contracorriente, prohijaron el respeto por el libre pensamiento.
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El pensamiento moderno surge como antípoda de los dogmas prevalecientes durante largo tiempo. Y ello no se entiende sin el papel que jugó el claustro universitario, desde el siglo XVII hasta nuestros días. La universidad ha sido el espacio por excelencia donde germinó el derecho a disentir, campo de cultivo del pensamiento crítico generador, a su vez, de nuevo conocimiento.
La libertad de pensamiento, el derecho a opinar, la puesta en tela de juicio de los dogmas y el reconocimiento de la pluralidad de ideas se encuentran asociadas al desenvolvimiento universitario. Las aulas pierden sentido, universalidad, si son reducidas a un solo tipo de pensamiento.
Cuando la vida académica de las universidades carece de la revisión permanente de sus fundamentos, de la crítica de su desenvolvimiento, del enjuiciamiento de sus valores y de la revisión de su ethos, el ejercicio del libre pensamiento, virtualmente suprimido, se convierte en retórica.
La democracia como vocación otorga al diálogo un valor ético supremo. El diálogo como sinónimo de ética de acuerdos, comprensión y construcción de consenso entre actores políticos no se limita a normar la dinámica entre la mayoría y las minorías, sino que garantiza la pluralidad política, el ejercicio de la libertad y la participación, que en la práctica significan evitar tensiones y conflictos, producto de la marginación y la exclusión política. El diálogo es, sin lugar a dudas, el medio generador de una coexistencia y una política en condiciones de igualdad y equidad jurídica.
Estos razonamientos me llevan a reivindicar, una vez más, lo siguiente:
No representamos un grupo faccioso que pretenda obtener dádivas personales del poder universitario. Formamos parte de una corriente de opinión en la vida universitaria que comparte la misión de la educación superior de fomentar una actitud del hombre ante el conocimiento universal mediante la docencia, que representa la transmisión de saberes; la investigación, orientada por el conocimiento y la comprensión de la complejidad de la naturaleza y la sociedad; la difusión del conocimiento y la cultura, que representan la extensión, la aplicación y la socialización de esos conocimientos. Así la universidad se convierte en el motor imprescindible para el avance social.
Por la diversidad que caracteriza a nuestra universidad, es un principio fundamental alentar el pluralismo y la civilidad, agregar voluntades y distender enfrentamientos, reflejar mejor el pluralismo en nuestras prácticas y reconciliar en la unidad nuestras diferencias, para integrar a la comunidad universitaria en el cumplimiento de su misión universitaria en beneficio de la sociedad.
Ello solo puede ser posible con un diálogo sin amenazas, directo, amplio, franco y respetuoso, sin exclusiones, donde se expresen todas las voces, todas las corrientes que deseen contribuir a la solución de los problemas universitarios. Una premisa es obligada: la convicción de establecer un diálogo sin hipotecar la indeclinable decisión por luchar y mejorar la vida institucional, el derecho de actuar de manera responsable, seria, abierta, sin vergüenza alguna. Así el valor del diálogo y la observación de la legalidad son vías idóneas para impulsar el cambio en el marco institucional de pluralidad, emprender un cambio con rumbo y certidumbre, construirlo con un mayor entendimiento entre universitarios y la sociedad. La discusión y el diálogo que se basan en la sinceridad y en la verdad son condiciones para conciliar la diversidad en la unidad mediante el recto ejercicio del poder universitario.
Reivindicamos el valor del diálogo como método de comunicación e instrumento de la política, porque es el medio para ganar voluntades y dar confianza. La política no debe ser factor de división, sino escenario de deliberación de proyectos, síntesis de propuestas y confluencia de voluntades.
Como corriente de opinión no apostamos al encono ni al pasado, sino a la equidad, al futuro desarrollo de nuestra universidad. No apostamos por una relación acrítica, un apoyo mecánico e irreflexivo, una subordinación indigna y estéril. Nos pronunciamos por el establecimiento de un diálogo razonado, fundado en una relación transparente, que se derive del análisis objetivo, la explicación oportuna y el convencimiento sustentados tanto en la afinidad de principios y objetivos como en la coincidencia en formas y procedimientos para enaltecer el quehacer sustantivo de la universidad. Nuestro propósito es avanzar y compartir un futuro de universidad en la comunión de fines y propósitos.
Manifestamos nuestra convicción por establecer una alianza legítima y transparente entre universitarios, una alianza que beneficie y fortalezca la institución a fin de construir acuerdos sólidos y propositivos. Un acuerdo fincado en la concordia y las oportunidades de desarrollo en el marco de la legalidad universitaria. Se trata del establecimiento de un nuevo curso de acción fundado en el respeto mutuo y en la lealtad a la universidad y sus valores permanentes. Desde esta perspectiva buscamos un trato fundado en el diálogo y en el respeto a nuestras opiniones que erradiquen las recriminaciones y suspicacias para dejar atrás las controversias artificiosas sobre nuestro compromiso con la legalidad, la estabilidad y conducción institucional.
Asumimos, en este proceso electoral de sucesión rectoral, un compromiso de apoyo razonado y crítico al actual candidato a la rectoría. En correspondencia, requerimos una relación de respeto y trato político basado en nuestro derecho a la pluralidad de ideas, de la necesidad de reorientar el rumbo de la BUAP, de recuperar y de proyectar una ética pública en la gestión que fortalezca el liderazgo y la autoridad moral de la Universidad Pública en la sociedad, convirtiéndola en un baluarte de la renovación cultural y de la vida democrática moderna.
Por lo expuesto, como corriente de opinión universitaria, denunciamos las valoraciones mediáticas sin sustento que nos quieren ubicar como un grupo de presión y chantaje, agoreros de intereses mezquinos contrarios a los principios universitarios de convivencia y vida institucional.
El linchamiento mediático siempre es preámbulo de legitimación de ajuste de cuentas mafiosas, de revanchas palaciegas, sinónimo de hombres sin escrúpulos que solo denotan autoritarismo en el ejercicio del poder.
gnares301@hotmail.com