Si bien es cierto que el sindicato de gobernadores –priístas- fue formado para hacer valer el federalismo mexicano sistematizado en 1994 al modelo de los Estados Unidos de Norteamérica, y al mismo tiempo, evitar que el presidente Zedillo destituyera a gobernadores como lo hizo Salinas; así, la mutación que sufrió el bloque de gobernadores “duros” hacia la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO), a la llegada del PAN con Fox al gobierno federal, tuvo una finalidad específica: hacer un frente contra un presidente de la repúblico opositor al PRI. Hoy día, ese asunto está clausurado.
La CONAGO dejó una historia federalista y política sustanciosa, apuntalada en el marco constitucional plasmado en la reforma judicial que convirtió a la SCJN en tribunal constitucional, y la constitucionalización para el procedimiento de dicho ejercicio mediante el juicio de controversia constitucional, y de la acción de inconstitucionalidad, que frenaron al presidencialismo omnímodo. El presidencialismo mexicano más allá del discurso político, se redujo a un presidencialismo acotado, limitado y democratizado por la ley, pero sobre todo, por la decisión y amenaza de los gobernadores forjados en el régimen autoritario del PRI, que reclamaban para sí mayores libertades en su ejercicio como nuevos zares del poder político en los estados del sureste mexicano, por cierto, la región más atrasada políticamente hablando, de México.
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Y este acotamiento al presidencialismo también mostró los beneficios para frenar a las actitudes autoritarias y omnímodas de los gobernadores, a través de las acciones ejercidas por los ayuntamientos, como se vivieron en Puebla en la administración Bartlett, por ayuntamientos panistas golpeados por la desaparecida ley del federalismo hacendario. La sustancia federalista de la CONAGO condujo a fenómenos jamás imaginados, como mecanismos para un mejor reparto de los recursos federales, hasta llegar al absurdo de un excesivo pragmatismo que convirtió a la Cámara de diputados en centro de negociaciones entre gobernadores, rectores de universidades públicas, alcaldes de ciudades importantes, y demás, con los legisladores para ponerse de acuerdo en los recursos a presupuestarse para cubrir sus gastos.
También la CONAGO siempre formada mayoritariamente por gobernadores priístas, se convirtió en el principal dique político electoral al PAN y al PRD en la lucha por las gubernaturas y principales presidencias municipales, conteniendo y trabajando para hacer que el PRI regresara al poder ejecutivo federal, objetivo que se alcanzó en las elecciones de 2012. Igualmente fue el mejor instrumento para descarrilar la guerra de Calderón en contra del crimen organizado, y por supuesto enfrentar con todo la intentona de desaparecer a las policías municipales, por considerarse una acción centralizadora y destructora de la libertad municipal. Empero, al arribo del PRI al poder ejecutivo, inmediatamente la CONAGO, retiró su bandera contestaría, para someterse a los nuevos dictados del nuevo gobierno federal. Ojalá y en aras de la defensa del federalismo, ésta organización pueda reivindicar su protagonismo, aunque la relación de 22 gobernadores emanados del PRI frente a 10 de oposición, hacen imposible eso.