El PRI de Puebla agoniza. Se enfermó de un extraño padecimiento provocado por el virus de la corrupción mezclado con la “bacteria burocrática” descubierta por Laurence J. Peter.
Quedó comprobado pues, que el mal de marras produjo su terrible derrota en las urnas, resultado que benefició y puso en los cuernos de la luna a Rafael Moreno Valle, gobernador del estado y líder cuasi natural de casi todos los partidos políticos de la entidad.
Más artículos del autor
La puja inmoral
La llamémosla venta de candidaturas más el obsequio de éstas a los militantes cercanos al corazón o bolsillo de algunos miembros de la dirigencia estatal, confirmó la combinación de males que apunto arriba: la inmoralidad o falta de ética revuelta con la incompetencia para desempeñar el cargo partidista. Diría José Ortega y Gasset (lo parafraseo): en lugar de descender al cargo inmediato inferior, los empleados y/políticos fueron promovidos hasta volverse incompetentes.
Hubo quienes a pesar de ser parte de la cúpula priista, manipularon las encuestas con la deliberada intención de designar como candidatos a los que quedaron en segundo y tercer lugares, circunstancia que permitió a los partidos aliados cooptar a los mejores priistas para llevárselos a contender contra los peores priistas. Esto no fue incompetencia sino una maña cuya inspiración pudo haber sido el dinero.
A lo anterior hay que agregar la traición a cargo de los émulos de Antonio López de Santa Anna, mejor conocido como el quince uñas, “priistas” que prácticamente vendieron a su partido. Y para no soslayar la equidad de género, debo decir que también existieron imitadoras de la Malinche. En fin.
El tigre de la rifa
En estas lamentables condiciones recibirá el PRI de Puebla aquel que llegue a suplir a Pablo Fernández del Campo. Según los trascendidos, César Camacho Quirós, presidente del Comité Ejecutivo Nacional, ya le echó el ojo a Enrique Agüera Ibáñez, un neo priista cuya derrota electoral le ha dejado varios pluses; a saber:
Conoció y trató a los traidores que se le presentaron como afiliados a su causa.
Comprobó el efecto de las divisiones internas.
Le midió el agua a los camotes de la Secretaría de Finanzas del partido en cuestión.
Descubrió lo que debió haber hecho para ganar. Se curó de espanto.
Aprendió a distinguir el canto desafinado de las sirenas mentirosas.
Recibió varias puñaladas en la espalda.
Conoció a los que cargan sobre su lomo el Principio de Peter enunciado.
Padeció los consejos de los expertos chafas del marketing político.
Se dio cuenta que orden y contra orden causan desorden. Sirvió de blanco al graneado fuego amigo.
Entendió que la mejor forma de derrotar al poderoso es mediante la técnica del judo; es decir, cómo usar la fuerza del rival para derribarlo.
Y lo mejor para él: ahora podrá presumir que fue derrotado por la estructura gubernamental en pleno, no así por el candidato del gobernador.
Si esas filtraciones que por cierto ya fueron publicadas llegaran a concretarse y Agüera obtuviese la responsabilidad de manejar al Revolucionario Institucional, no dude el lector que el ex candidato a la alcaldía poblana pondrá todo su empeño y experiencia para cambiar el rostro de ese partido y sanar sus propias y profundas heridas. Es digamos que la oportunidad de su vida, coyuntura que le permitiría sacarse las espinas que le clavaron los Brutos del PRI, entes inducidos o apoyados por los generales del César que lo combatió. Pero lo más interesante desde el punto de vista profesional, está en la posibilidad que tendría para convertirse en eje del cambio político, impulso que buscan Enrique Peña Nieto y sus operadores de lujo que, intuyo, han puesto a Puebla en la mira de su artillería pesada.
Vaya oportunidad.
@replicaalex