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En la última década, Estados Unidos mantuvo una presencia activa en diferentes guerras alrededor del mundo
Ocho intervenciones bélicas de Estados Unidos en los últimos 10 años
Foto / e-consulta
La reciente ofensiva aérea de Estados Unidos contra instalaciones nucleares en Irán volvió a colocar a la administración de Donald Trump en el centro del debate geopolítico global debido al operativo catalogado como una medida “necesaria” para frenar las ambiciones atómicas de Teherán, capital de la República Islámica de Irán.
La operación estadounidense, que tuvo el respaldo público del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu, marcó el punto más alto de tensión entre Estados Unidos, Teherán y Tel Aviv en la actualidad. Mientras que Israel, uno de los principales aliados estratégicos, “justificó el bombardeo como un paso clave para evitar que Irán se convierta en una potencia nuclear”.
Sin embargo, la decisión fue duramente criticada en América Latina, donde gobiernos como los de México, Chile, Cuba y Venezuela advirtieron que el ataque no sólo viola la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sino que también aleja cualquier posibilidad de una solución diplomática.
El bombardeo del pasado 22 de junio no sólo fue un hecho aislado, sino el reflejo más reciente de una política exterior estadounidense marcada por su persistente involucramiento militar en conflictos ajenos.
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En la última década, Estados Unidos mantuvo una presencia activa, ya sea directa o indirecta, en al menos ocho guerras alrededor del mundo. A continuación, e-consulta revisó las principales intervenciones bélicas durante los últimos 10 años.
Aunque la intervención de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Libia comenzó en 2011, fue entre 2015 y 2019 que Estados Unidos intensificó su participación mediante ataques aéreos selectivos contra células de ISIS en Sirte.
La operación Odyssey Lightning o Relámpago de la Odisea buscó apoyar al debilitado Gobierno de Acuerdo Nacional frente al avance de grupos extremistas.
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Sin embargo, la desestabilización generada por el derrocamiento del exmilitar, Muamar el Gadafi, sumió al país en una guerra civil prolongada. Hoy, Libia sigue dividido entre facciones armadas, sin una transición democrática a la vista.
Desde que los hutíes tomaron Saná en 2014, Yemen vive actualmente una de las crisis humanitarias más graves del mundo.
Tan solo Estados Unidos respaldó la coalición liderada por Arabia Saudí con apoyo logístico, inteligencia y suministro de armas.
En diciembre de 2023 inició una campaña directa contra los hutíes para frenar sus ataques al transporte marítimo en el Mar Rojo. Aunque los ataques cesaron en marzo, no hubo una victoria estratégica real. Hoy, los hutíes celebran la retirada estadounidense como una victoria política, mientras millones de yemeníes siguen sin acceso a agua potable y alimentos básicos.
Somalia es escenario de una intervención de bajo perfil, pero persistente, pues Estados Unidos logró despegar drones, fuerzas especiales y asistencia militar para combatir a grupos yihadistas como al-Shabaab.
Aunque lograron eliminar a líderes insurgentes, la violencia aún persiste y las instituciones estatales siguen siendo extremadamente frágiles.
La coalición liderada por Estados Unidos lanzó miles de ataques aéreos contra el autodenominado Estado Islámico entre 2014 y 2021.
En Siria, el apoyo a milicias kurdas fue clave para recuperar territorio ocupado por ISIS, mientras que en Iraq se fortaleció la presencia militar estadounidense. Sin embargo, tras la retirada, ambas naciones continúan atrapadas en crisis políticas y con focos de violencia activa.
Durante años, Estados Unidos mantuvo fuerzas especiales y bases de drones en Níger como parte de Operation Juniper Shield o La Operación Escudo de Enebro, una campaña antiterrorista en el Sahel.
Sin embargo, en 2024, tras un golpe de Estado y crecientes tensiones con las nuevas autoridades, Estados Unidos se vio obligado a retirar sus tropas. La región aún sigue enfrentando amenazas de grupos extremistas como Boko Haram y el Estado Islámico en el Gran Sahara.
Con un enfoque más discreto, Estados Unidos desplegó unidades de entrenamiento en Mozambique para reforzar la lucha contra insurgencias islamistas en la provincia de Cabo Delgado.
Aunque se trató de una operación limitada, reflejó el interés de los norteamericanos por contener la expansión de grupos extremistas en África austral.
Desde la invasión rusa en 2022, Estados Unidos es el principal proveedor de armas, inteligencia y financiamiento al gobierno ucraniano de Volodímir Zelenski.
Misiles Patriot, vehículos blindados y, recientemente, aviones F-16 formaron parte del arsenal suministrado. Aunque no hay tropas estadounidenses en suelo ucraniano, su apoyo fue decisivo para frenar el avance ruso y prolongar el conflicto.
La ofensiva aérea del 22 de junio marcó el retorno de Estados Unidos a una política de ataque preventivo.
Bajo el argumento de frenar el programa nuclear iraní, el país norteamericano bombardeó instalaciones clave sin aprobación de la ONU.
El ataque fue celebrado por Israel, pero condenado por varios países latinoamericanos, incluido México, que llamó a una “desescalada urgente”.
La tensión regional alcanzó niveles críticos y las posibilidades de un conflicto abierto a constantes ataques no pueden descartarse.
Con la reciente intervención estadounidense en territorio iraní, demostró que Estados Unidos continúa apostando por la intervención militar como herramienta de política exterior y dominio por encima de aquellas naciones que resguardan su territorio. (MIG)