Te puede interesar:
Los dos Papas, una película sobre Francisco I y Benedicto XVI
Cultura
La elección de un nuevo nombre simboliza una misión espiritual y el inicio de una nueva etapa
Foto: CANVA
Con la elección de León XIV como el nuevo líder de la Iglesia Católica, vuelve a surgir una pregunta clave que despierta la curiosidad de fieles y estudiosos por igual, ¿por qué los papas cambian de nombre al iniciar su pontificado?
Esta antigua tradición, que se remonta al siglo VI, es mucho más que un simple acto simbólico; pues se trata de una práctica con profundas raíces bíblicas, históricas y espirituales que marca el inicio de una nueva misión pastoral.
La costumbre comenzó con el Papa Juan II, quien fue elegido en el año 533; la historia señala que su nombre de nacimiento era Mercurio, en honor al dios romano, lo que resultaba inadecuado para el líder del cristianismo. Por ello, optó por llamarse Juan II, estableciendo un precedente que más adelante se convertiría en norma.
Te puede interesar:
Los dos Papas, una película sobre Francisco I y Benedicto XVI
El cambio de nombre no es solo un gesto de modestia o tradición; sino que tiene un poderoso significado espiritual; pues de acuerdo con la Biblia, Dios cambia los nombres de aquellos a quienes confía grandes misiones.
Un ejemplo fue Abram, que se convierte en Abraham, y Simón pasó a ser Pedro, el primer Papa de la historia. De esta manera, el nuevo nombre papal representa un renacimiento espiritual y una identidad renovada, acorde con la responsabilidad que implica guiar a más de mil millones de católicos en todo el mundo.
Aunque no existe una norma escrita para elegir un nombre, los pontífices suelen inspirarse en figuras que marcaron su vida espiritual o desean honrar a papas anteriores. Por ejemplo, Juan Pablo I tomó su nombre en homenaje a Juan XXIII y Pablo VI, mientras que Benedicto XVI evocó a Benedicto XV, un Papa de tiempos de guerra.
Por su parte, Francisco, el primer papa latinoamericano, seleccionó su nombre debido a la devoción que tenía por San Francisco de Asís y su preocupación por los pobres.
Entre los nombres preferidos por los pontífices el primero es Juan, que ha sido usado en 23 ocasiones; seguido por Gregorio y Benedicto, usado 16 veces; Clemente en 14 ocasiones, Inocencio y León 13 veces, y Pío fue usado en 12 ocasiones.
Mientras que el nombre escogido recientemente, León XIV, es una elección cargada de historia, autoridad y continuidad, ya que sus antecesores han liderado largos y significativos pontificados. (JH)