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La procesión de Viernes Santo reúne a los habitantes de Tonantzintla; la manifestación de su fe es variada y los vuelve uno
Foto: Daniel Sandoval
La avenida Hombres Ilustres se tiñó de violeta, rojo y blanco. Al centro, sujetos ataviados como soldados romanos descargaban latigazos sobre desdichados penitentes. A los costados, el pueblo: mujeres que lloraban, niños que preguntaban, devotos que se persignaban al paso de Cristo.
Así se vivió una edición más del Viacrucis en Santa María Tonantzintla, en el municipio de San Andrés Cholula.
Cada Viernes Santo, esta comunidad se une en una sola voz, en una sola marcha de fe. Matracas, cornetas, tambores de madera y cánticos retumban en el corazón del pueblo. Pero el verdadero centro de atención son los cuerpos: aquellos que deciden ofrendar su piel al martirio, en carne viva, por devoción.
Frente a ellos, una escultura de Cristo con una venda sobre los ojos, mantos púrpura y blanco, y una túnica ribeteada con adornos dorados. Al filo del mediodía, y bajo un cielo entre nublado y soleado, la figura salió de la capilla de San Miguel Arcángel. Detrás de ella, hombres y mujeres con camisas moradas seguían el paso con solemnidad.
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Así como la gente se persignaba al paso de la escultura de Cristo —cargada por cerca de ocho hombres— y guardaban silencio, otros soltaban una plegaria o simplemente rompían en llanto. En contraste, cuando se acercaban los penitentes azotados, el murmullo se rompía en tensión, incluso risas.
Cuatro hombres, con el torso descubierto, cubiertos de sangre, caminaron el recorrido mientras eran castigados sin clemencia. Sus espaldas, hombros y piernas recibían los latigazos con resignación. Cada tanto, una pausa: agua, asistencia médica. Luego, el martirio continuaba.
Así continuaron por casi un kilómetro y medio, lo que duró la procesión en Santa María Tonantzintla. Cuando llegaron a la última parada, se recostaron en una zona designada para su cuidado, donde paramédicos los asistieron tras haberlo entregado todo al personaje.
En paralelo, la comunidad se volcó también en otras formas de devoción: catequistas leyendo oraciones, feligreses entonando cánticos, creyentes arrodillados pidiendo salud y bendiciones. Algunos, curiosos o visitantes, se limitaban a observar el acto, captando con sus ojos o sus cámaras un momento de fervor profundo.

El dispositivo de seguridad en San Andrés Cholula contempló el cierre de varias calles aledañas a la iglesia de Tonantzintla, en especial las calles Annie J. Cannon, Hombres Ilustres, Benito Juárez y Cuauhtémoc. Sobre estas vialidades se extendió la procesión, que duró cerca de dos horas, y pasó por las parroquias de San José y San Diego, para concluir en la de San Pedro.
Al llegar a la parroquia, una representación de las autoridades romanas frente a la imagen de Cristo fue teatralizada para gusto de más de cien asistentes que los esperaban en las gradas. Mientras tanto, las más de 500 personas que caminaron todo el recorrido se congregaron en la zona de comida instalada en las calles aledañas con motivo del evento.
La representación continuó durante la tarde del viernes, y se extenderá al Sábado de Gloria y el Domingo de Ramos. Al menos tres ceremonias religiosas más se celebraron este viernes a partir de las cuatro de la tarde. En los días siguientes, por la mañana y por la tarde, habrá más misas, sellando una Semana Santa marcada por el dolor, la esperanza y la fe viva de Tonantzintla. (APP)