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Seguridad
Karla fue secuestrada, vendida y prostituida en diversos bares de San Juan Acozac, en Puebla. Tenía que reunir cada día más de 20 mil pesos
Foto / Especial
Cada 30 de julio se conmemora el Día Mundial contra la Trata de Personas, fecha designada por la Asamblea General de las Naciones Unidas a fin de generar conciencia sobre la situación de las víctimas del tráfico humano y promocionar y proteger sus derechos. Por ello, presentamos la historia de Karla, quien en 2011 fue raptada para ser prostituida.
A través de los canales digitales de la asociación civil Unidos Contra la Trata, Karla dio a conocer su historia de supervivencia luego de poco más de una década de lo sucedido. En su relato, la joven afirma que cuando tenía 14 años vivía en el Estado de México y acudió, sin autorización de sus padres, a una feria en uno de los pueblos de dicha demarcación. Al volver a su casa, fue raptada por dos traileros, quienes la golpearon y subieron a su unidad.
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Karla refiere que los sujetos la llevaron de bar en bar, “ofreciendola”, y luego de recorrer varios kilómetros arribaron al poblado de San Juan Acozac, en Puebla. Allí la vendieron con una mujer identificada como Jazmín RM.
En el sitio se encontraban seis jóvenes más, de edades entre 14 y 15 años. Todas eran obligadas a prostituirse para reunir 25 mil pesos cada día. De no cubrir la cuota eran encerradas en un cuarto donde las golpeaban y violaban en grupo.
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Según recuerda Karla, durante cuatro meses en promedio era obligada a prostituirse con al menos 20 hombres en bares de la localidad; cobraba 300 pesos por servicio. Y aunque muchas veces pidió ayuda a los clientes que la poseían todos se negaron a auxiliarla. “Yo les decía mi edad y ellos me decían que no les importaba que ya habían pagado por un servicio”.
Dos meses después de permanecer cautiva escapó y pidió ayuda a una patrulla federal. Los policías aseguraron que la ayudarían. Sin embargo, los agentes la trasladaron al lugar del que huyó. Tras entregarla, los policías le dijeron a Jazmín que cobrarían el favor que le habían hecho. Es decir, “todos iba a tener un servico de mí gratis por la ayuda que le estaban dando”.
Tiempo después una niña de sólo 8 años de edad llegó al sitio. A pesar de las medidas de seguridad implementadas, los captores de la menor no detectaron que llevaba un celular con el cual contactó a su mamá, en Tijuana, Baja California.
La madre de la pequeña prometió hacer lo posible para liberarlas a todas; sin embargo, las niñas no sabían dónde estaban, ya que las trasladaban de noche, con los ojos tapados. La ayuda no llegó, Jazmín se enteró de lo sucedido y en menos de dos horas las jovencitas fueron llevadas a otro lugar.
Según relata Karla, al nuevo inmueble llegaron sólo seis de las adolescentes, la niña no estaba allí. Dos días después el tratante les llevó un periódico en el que se informaba del hallazgo de un cadáver. “Era la niña. Jazmín nos mostraba el periódico en donde había salido la nota y nos decía que la siguiente que intentara escapar era lo que le iba a pasar”.
Desesperada, un día Karla robó el celular de Jazmin aprovechando que ella estaba drogada. Pero en ese entonces su familia “no tenía teléfono en casa, mi mamá no tenía celular, no había un número a dónde denunciar, ni supe a dónde marcar, lógico se dio cuenta. Me amenazó, me dijo que era mi último día. Para mí fue un alivio que me dijeran que ese día ya no existiría”.
El castigo de Karla consistió en ser encerrada en el cuarto aislado. Justo ese día recuerda que llegó una de las chicas que le ayudaba a Jazmin y le dijo: “Si eres inteligente y sabes buscar bien aquí en el cuarto podrás escapar”. Pero allí no había más que una colchoneta, un ropero y una silla. Entonces la joven buscó por todas partes algo que le permitiera salir.
Agotada de su búsqueda, luego de tres horas Karla se tumbó sobre el suelo, entonces vio una luz que se colaba debajo del ropero. Se incorporó, acudió hasta el punto y de inmediato movió el mueble: había una puerta cerrada con seguro y “mucho alambre”; puso manos a la obra y manipuló la cerradura hasta que se abrió, era la salida.
Tras verse libre pidió ayuda a dos jóvenes, quienes la auxiliaron y la llevaron hasta Acatzingo, Puebla, allí unos jóvenes le ofrecieron pagarle un boleto a la Ciudad de México. Nunca había visitado la capital del país, no tenía idea de donde estaba, sin embargo, una vez en el lugar, comenzó a pedir ayuda.
“La gente no me ayudaba, me juzgaba por como iba vestida, iba vestida por un short muy muy pequeño, llevaba un top, [...] y la gente me decía que me tapara, que estaba mal lo que estaba haciendo (...) sin siquiera preguntarme si estaba bien, no me preguntaron por qué llevaba moretones por todo el cuerpo, en la cara , en los brazos. Nadie veía la cara de una niña de 14 años llorando”.
Refiere que una señora la ayudó a volver a su casa. Abordó el autobús para viajar a su pueblo, cerca de Cuautla. Al llegar la gente de aquella demarcación, “que es muy ignorante” la empezó a juzgar, decían que “mejor no hubiera regresado”. Y debido a ello, “estando a una esquina de mi casa, yo estaba pensando en regresar con Jazmín, porque está pensado que mis papás no me iban a creer y no me iban aceptar, pensé que nadie me iba a querer, pensé que no iba a poder hacer nada más de mi vida”.
Sin embargo, olvidó el maltrato psicológico del que fue víctima y marchó al interior de su hogar, donde halló a su madre doblando su ropa, quien la recibió con los brazos abiertos. Se bañó durante dos horas, recuerda. Tras poner la denuncia correspondiente las autoridades implementaron operativos en los bares señalados por Karla que resultaron en el rescate de las menores y la detención de los implicados.
Sin embargo, refiere que al retomar su vida escolar, el director de la escuela a la que asistía le impidió el ingreso pues “era un mal ejemplo para las demás alumnas”. Cuando cumplió 15 años Karla conoció a Rosi Orozco, presidenta de la Comisión contra la Trata de Personas, quien la ayudó económicamente y demás para superar el maltrato del que fue víctima.
A pesar de que en 2007 en México se publicó la Ley Federal para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas, este crimen continúa al alza.
De acuerdo con el Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP), en los últimos tres años se ha registrado un aumento en denuncias de este delito. En 2020 se registraron 558; en 2021 fueron 625; en 2022 se contabilizaron 802 y de enero a junio de este año ya se han reportado 381 casos.
Aunado a ello, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) refiere que entre el 1 de agosto de 2017 y el 31 de julio de 2021 se reportaron 3 mil 896 víctimas de trata de personas, de las cuales un 75.3 % (2 mil 934) corresponden a mujeres y un 20.4 % (798) a hombres.