El estado de Puebla llegó al 23 de septiembre con 30 mil 101 casos confirmados de COVID-19 y 3 mil 883 fallecimientos según los datos abiertos del gobierno federal. Con esos números se ubicó como la séptima entidad con más casos positivos acumulados.

A nivel nacional en cambio, las cifras alcanzaron los 703 mil 789 casos confirmados y 74 mil 458 fallecimientos, según la misma base de datos. En la tabla mundial, México se ubicó como el séptimo país con más casos acumulados según los conteos en tiempo real de Google Noticias.

A través de testimonios de especialistas, en e-consulta nos dimos a la tarea de identificar algunas causas que produjeron los escenarios que los poblanos han enfrentado desde que la pandemia del COVID-19 impactó la entidad.

El médico y maestro en Salud Pública Víctor Manuel Caballero Solano, director académico de la Facultad de Medicina de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), compartió su perspectiva desde el ámbito de la salud.

Por su parte, el doctor en Sociología, Miguel Calderón Chelius, coordinador de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública, así como de la Maestría en Políticas Públicas de la Universidad Iberoamericana Puebla, realizó su abordaje desde las políticas públicas.

Desde el eje de la salud

Para el doctor Caballero Solano hay cuatro razones que explican los alcances del COVID-19 en Puebla y México.

1.    El país se encuentra en una franja de riesgo

En el caso de la entidad, el académico partió por explicar que Puebla se encuentra dentro de una franja de riesgo o franja de altos contagios que contempla además a la Ciudad de México, el Estado de México, Tabasco y Veracruz.

Por sus actividades y ubicación geográfica, la entidad queda rodeada por otros estados que registran altas cifras de contagios y también queda expuesta al tránsito constante de las personas.

2. Faltaron pruebas y liderazgo técnico

En una segunda razón planteó que México debió de contar con una estrategia de detección oportuna con base en pruebas y un mejor liderazgo científico. Expuso que la aplicación de pruebas es un sistema de inteligencia epidemiológica que, visto de manera coloquial, funcionaría como operan las pesquisas de policías y ladrones.

"Es algo así, perdón la comparación, como una búsqueda policial. Buscamos al delincuente, lo ubicamos, generamos sus vínculos, le cerramos todo, bloqueamos y contenemos", explicó.

De acuerdo con el médico esquemas como estos funcionaron en Dinamarca, Suecia, Alemania y Corea, aunque con poblaciones menores.

Sin embargo, en México las autoridades federales se negaron a explorarlos y hasta pusieron trabas al inicio de la propagación para que los laboratorios privados realizaran pruebas.

En cuanto a la falta de liderazgo científicoCaballero Solano planteó que, aunque se han hecho esfuerzos, hay decisiones que se han tomado desde la mirada política. Al respecto recordó la influenza H1N1 del 2009. Tras esa experiencia, la comunidad médica aprendió y se preparó para escenarios como el del 2020. Al final no se cumplieron las medidas.

"Cuando vino esto del COVID yo dije, ya tenemos todo, estamos preparados, tuvimos la experiencia, sabemos qué tenemos que hacer y no lo hicimos, minimizamos el problema.”

“No le hicimos caso a lo que decían los líderes en salud que pudieron haber tomado decisiones, se tomaron determinaciones más políticas”, reflexionó.

3. Una mala comunicación

Para el académico de la UPAEP, una tercera explicación al estado actual del COVID-19 son los aciertos y fallas en la comunicación de mensajes. Con la insistencia notoria del "Quédate en casa", explicó, se tuvieron logros importantes.

Los problemas vinieron al hablar de semáforos y colores pues los cambios de luces estaban llenos de contradicciones. Nuevamente expuso los conflictos del mapa, en específico, esas colindancias estatales y municipales donde la diferencia entre un color y otro es sólo media calle.

"Esto ha generado confusión. La gente no sabe si vamos saliendo o no; entonces, aunque el mensaje se da no tiene gran impacto porque no es un mensaje congruente sino más bien confuso", dijo.

4. Porque el mexicano no ha creído en el COVID-19  

La última causa en la lista del galeno somos los mexicanos, nuestra rebeldía y nuestra resistencia a obedecer a las autoridades. A eso se suma que somos desconfiados y que no hay un compromiso social generalizado para mantener las medidas de aislamiento.

Para el doctor no somos los mejores pacientes para atender las recomendaciones médicas de una enfermedad como la del COVID-19.

"Los pacientes y me incluyo, vamos y nos atendemos, nos preocupamos por la salud cuando nos duele algo, cuando nos pica y nos sentimos mal, pero mientras no tengamos problemas hasta negamos la existencia del COVID.

"Hay gente que dice, '¡No, si eso es un invento! Yo no conozco a nadie y no me ha pasado nada”. Pues sí hay muchas personas, yo las conozco, mis amigos, cuatro amigos médicos han fallecido y esto para mí es muy real", dijo.

Tras la experiencia de esta pandemia confía en que se eduque mejor a los mexicanos y en que desde el nivel preescolar se cuente con materias orientadas a estar al tanto de nuestra salud y de su prevención.

¿Qué ha pasado y qué sigue?

A pesar de las altas cifras y de que no se han tomado las mejores decisiones, Caballero Solano consideró que todavía se puede cambiar el rumbo y sacar ganancia de la experiencia.

Para él la prioridad es mejorar la comunicación entre las autoridades y los sectores sociales que insisten en desarrollar sus actividades habituales para reactivar la economía.

"Veo que hay una cuerda muy tensa entre quienes quieren dedicarse a trabajar y la autoridad que está diciendo que aún no o que de forma escalonada abre ciertas actividades. Si se rompe este esquema vamos a romper también la estabilidad social", comentó.

El académico también reflexionó sobre los médicos en formación de la universidad y en cómo el COVID-19 ha fortalecido redes de solidaridad entre la comunidad.

Desde la política pública

Para el doctor en Sociología, Miguel Calderón Chelius, coordinador de la Licenciatura en Ciencias Políticas y Administración Pública de la Ibero Puebla, hay en cambio tres razones que explican el estado del COVID-19 en Puebla y México.

1. Deficiencias en la comunicación

El académico partió por establecer las diferencias entre los mensajes del presidente Andrés Manuel López Obrador y los de Miguel Barbosa Huerta.

Desde su perspectiva los dos han sido polémicos, sin embargo, a nivel federal se le cedió protagonismo al subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez y eso hizo un cambio.

"Curiosamente un personaje como López Obrador que evidentemente le gusta mucho hablar, dejó la comunicación sobre la pandemia en manos del subsecretario. Me parece que eso descongestionó un poco esa comunicación.

"En el caso del estado de Puebla, la comunicación la ha llevado el gobernador y lamentablemente, independientemente de lo correcto o incorrecto de los mensajes, el estilo de comunicación del gobernador es un estilo excesivamente coloquial, un tanto agresivo y eso no ha favorecido en ese sentido que haya una buena comunicación", dijo.

En algún momento escuchamos en el discurso de Barbosa Huerta que el COVID-19 es una enfermedad que les da a los ricos y también que se curaba con un buen molito.

Según Calderón Chelius no hay forma de que identifiquemos cómo impactaron sus palabras en la percepción ciudadana y en las cifras de la enfermedad, pero en este caso todo mensaje mal dado implica un riesgo.

El académico explicó que en un asunto tan serio, cualquier mensaje que trivialice el problema es muy peligroso.

"No podemos saber el impacto que tuvo, pero sí podemos saber que en sectores importantes de la población hay incredulidad, hay desconfianza", señaló.

Asimismo planteó que para la población en situación de pobreza se deberían además contemplar esquemas de comunicación especiales pues tienen mayores desventajas a la hora de cuidar su salud.

2. Complejidad en el tema a comunicar

A las fallas notorias en la comunicación del gobernador, Calderón Chelius sumó que lo que hay que comunicar es complejo.

En una primera etapa, detalló, fue acertado el mensaje del gobierno federal de quedarse en casa y la incorporación de un personaje como Susana Distancia, pues lo que se buscaba era alargar la curva de contagios para evitar los contagios que colapsaran los sistemas de salud.

El problema nuevamente llegó a la hora de lanzar semáforos estatales con los que los mexicanos recibimos mensajes confusos y contradictorios.

Al respecto puso como ejemplo el metro de la Ciudad de México. A diferencia de los sistemas de transporte público de otras partes del mundo, en la capital del país tuvieron que poner nombre y dibujos a las estaciones.

Había que responder a los altos niveles de analfabetismo. Había que decirles a los usuarios a dónde iban a llegar.

"Bueno, eso habla de la dificultad para entender mensajes complejos. No sólo en la sociedad de México, en todas las sociedades, pero evidentemente el asunto del semáforo es muy complicado y peor aun cuando en realidad de controlarlo una autoridad lo controlan 32 autoridades", comentó.

3.  Falta de coordinación en los niveles de gobierno 

La tercera razón del académico tiene que ver con los roces que Barbosa Huerta ha tenido con otros actores políticos en torno a la pandemia.

En específico recordó el episodio en el que reclamó sobre el estado de los ventiladores que adquirió la administración de la edil de Puebla Capital, Claudia Rivera Vivanco.

Para Calderón Chelius fue vergonzoso que el tema llegara al Congreso y los políticos han dejado ver la falta de unidad al interior del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en un momento crítico.

"Adicionalmente me parece que el conflicto con el municipio de Puebla ha sido muy malo porque siendo el mismo partido no ha logrado sumar esfuerzos, no ha logrado una sinergia, al menos durante la pandemia", dijo.

¿Qué ha pasado y qué sigue?

El especialista planteó que lo que viene para México y el mundo son varios meses de arranque y freno a la recuperación económica.  Desde su perspectiva, la normalidad podrá observarse hasta el próximo año en que el mundo conozca la vacuna o el tratamiento seguro para el COVID-19.