Abraham Paredes representa toda una escuela en materia de fotoperiodismo. Su vida la ha dedicado a capturar la luz a través de imágenes que han quedado guardadas en los anales de la historia de Puebla.

Desde aquella mirada infantil que se sorprendió a tener en sus manos la cámara fotográfica que le regaló su padre a los once años de edad, hasta llegar a tener más de cincuenta años de recuperar la cultura de una Puebla,  que lo ha visto sorprender a su gente con sus fotografías llenas de símbolos y tradición, con olor a sus emblemáticos barrios donde su gente muestra sus costumbres y la vida cotidiana.

Acompañado siempre de su querida esposa Filo González Rosas, el Maestro ha caminado por la angélica ciudad de Puebla encontrando en cada rincón un recuerdo. También documento las tragedias y el dolor, como en los diferentes sismos que han golpeado con rudeza el estado hasta inundaciones que han devastado y cobrado la vida de los poblanos.

El volcán Popocatépetl ha sido un referente en su vida, a quien ha visitado a través de diferentes momentos desde aquel sobrevuelo que lo marcó desde lo más profundo hasta esas visitas para platicar con los temperos y conocer sus más profundos secretos.

A lo largo de su vida, Abraham Paredes ha visto la transformación de la fotografía tradicional a las novedosas tecnologías, desde el olor del tradicional cuarto oscuro hasta el manejo de cámara digitales que le han permitido facilitar su oficio que se ha convertido en un arte a través de ese ojo y gran talento fotográfico, que nos sigue sorprendiendo.

Los medios de comunicación en su vida

El maestro Abraham Paredes ha formado parte de la historia de los medios de comunicación. Fue parte de El Heraldo de Puebla donde estuvo colaborando a lo largo de ocho años, en dos etapas diferentes. Con todo detalle recuerda el momento en que el ex gobernador, Mariano Piña Olaya da en comodato la Casa del Mesón del Cristo y donde el director le exigía ir a la redacción pero él solía hacer su trabajo de revelado desde su casa, así que desde ahí trabajaba.

Cuando toda una industria mediática sufre transformaciones importantes en la década de los noventa, nace La Jornada de Oriente donde fue fundador.

Gabriel González fue el que me llamó, no conocía aún a Aurelio Fernández. Recuerdo que hubo una junta donde estábamos seis fotógrafos y yo para hacer la edición, pero como ya había tenido experiencia en periodismo fui el único que me quedé. Los primeros años fui el que sostuvo la fotografía, ya después se incorporó Rafael Otero, después entró José Castañares. Pero los primeros cuatro años fui pionero de la fotografía.”

El dolor y la angustia en imágenes

“Me tocaron las inundaciones en la Sierra Norte. Recuerdo que llovió tan fuerte que en un panteón que estaba en un cerro se metió el agua a las tumbas y llegó el momento que se derrumbó. En Teziutlán en la colonia La Aurora. Barrió las casas, se metió el lodo. Eso fue el 5 de octubre y me tocó ver después de cinco días cómo sacaban los cadáveres llenos de lodo.”

“Recuerdo que ahí se murió un compañero, respiró algún virus, un camarógrafo de televisión. Vino el presidente Ernesto Zedillo a Ozolco, pero ya ves que manda una avanzada y los soldados empezaron a tirar casas que estaban nomás parados los muros para darle más dramatismo.”

Clubes de Fotógrafos

“Tuvimos dos clubes. El primer club fue en los sesenta, se llamó el Club Fotográfico F7, F7 por el diafragma y siete porque éramos siete. Con ellos conviví mucho tiempo. Luego se firmó el Club Fotográfico Puebla y ahí aprendí bastante porque entre varios fotógrafos hacíamos exposiciones, íbamos los domingos, digamos, a lugares arqueológicos o culturales, de danza, cubrí mucho el Festival Atlixcáyotl, la Feria de Cuetzalan, la Feria del Café.”

Historia, cultura y tradiciones

“Lo más bonito del periodismo es la cultura y para mí, el deporte. Descubrí muchos artistas en Puebla Ciudad Musical, varios artistas de renombre como Enrique Bátiz. De todos mis compañeros yo era el único que estaba en la cultura, en exposiciones con Pedro Ángel Palou. Quién iba a pensar que me hicieron un homenaje en la Casa de la Cultura y me dio mucho gusto, porque hice muchas cosas sin cobrar un solo centavo.”

Don Goyo y yo

“Uno de los recuerdos más emocionantes de mi vida fue haber logrado la foto del cráter del volcán Popocatépetl en helicóptero un 31 de diciembre de 1996. Cuando mi director me dice, vamos a volar sobre del volcán, preparé mis rollos. El llegar a volar encima del cráter para mí fue una emoción y cuando bajé del helicóptero sentí como si me hubieran hecho una limpia. Yo había estado el cráter a los 14 años. Cuando empezó la erupción ya no daban permiso.”

Tradición familiar

“En la década de los ochenta había mucho trabajo y cubría cultura y deporte, aparte sociales. Solamente a mi hijo Abraham Ramón y mis dos hijos me ayudaron. ¿Por qué hacía yo sociales? Porque eso me dejaba ingresos económicos. Hacía yo bodas, XV años; se me juntaba el trabajo y ellos me ayudaban.”

“Mi esposa me ayudó mucho a revelar los rollos blanco y negro, las imprimía, se las daba yo para enjuagarlas y secarlas. Llegaba a las once de la noche, me metía al cuarto oscuro a revelar tres o cuatro rollos, ya revelado lo sacaba y al otro  día a las nueve y media a trabajar de nuevo.”

El impacto de las nuevas tecnologías y sus retos

“Con la nueva tecnología ha cambiado, es un poquito más fácil y el que tenía experiencia con la fotografía logra buena foto hasta con el celular, porque es una experiencia de ojo fotográfico. Para mí es favorable, digamos porque ya no se cargan tres cámaras.”

* Entrevista concedida al Mtro. Sergio Andrade para el blog El Murmullo de los Portales del periódico e-consulta.