¿Cómo se puede pasar de sentir mariposas en el estómago al ver a esa persona que tanto te gusta a un momento de repulsión o desagrado?

Los momentos románticos se ven opacados por detalles que hacen que todo sea visto desde una perspectiva diferente, quizá sea una risa escandalosa o un gruñido.

El periódico El Mundo señala que el cambio de sentimientos lo puede ocasionar “unos zapatos horrorosos o unas manos con las uñas devoradas y encarnadas”.

“Nuestro deseo de escapar de la situación y no volver a ver a esa persona nos domina. Lo que antes sentíamos como síntomas del enamoramiento, se transforman en un rechazo, tan profundo, que puede generarle náuseas e incluso llegar a provocarle el vómito”, agrega el medio.

Cuando una persona sufre este tipo de cambios fue víctima del SRS: “Sudden Repulsion Syndrome” o Síndrome de Repulsión Súbita o Repentina. Aunque le parezca extraño, es más habitual de lo que cree.

Esto suele ocurrir en las primeras citas, cuando las parejas están empezando a conocerse y se desconocen detalles de persona que están conociendo.

Pero también pasa, en menor medida, en las parejas que han tenido relaciones más duraderas.

Hay factores que hacen que alguien sienta repulsión hacía su pareja, como lo difunde el periódico El Mundo:

Idealización

En ocasiones idealizamos a las personas hasta el extremo de no tolerar lo que consideramos un defecto subjetivo, como que sus pies son feos, o basado en hechos objetivos, como que le huelen los pies. Este hecho activador de emociones negativas, descubierto quizá durante la primera noche juntos, puede derivar en una distorsión cognitiva inconsciente, asociando todo su ser a ese olor o generalizando ese asco a la totalidad de la persona y la relación. Esa idealización se verá derrumbada si nuestras exigencias son rígidas y no tenemos habilidades o confianza para resolverlo de otra forma que no sea huyendo.

Creer en la media naranja

El SRS puede acontecer cuando pretendemos que la pareja se ajuste a la perfección, sintiendo así que es la persona adecuada. Tiene bastante que ver con la idea del amor romántico y la media naranja que nos transmiten y aprendemos desde pequeños, y tanto daño nos hace. La creencia de que su media mitad ha de coincidir al 100% con su estilo y deseos hace que, al descubrir una mínima fisura, dudemos, de manera inconsciente, de si es o no nuestra princesa o príncipe azul. No nos damos cuenta de que es una persona diferente y ajustarse sería una misión común.

Miedo al compromiso

El SRS resulta la excusa perfecta para no comprometernos. En ocasiones, cuando no han funcionado las relaciones anteriores, se activa la hipervigilancia y cualquier cuestión que no cuadre de la persona candidata es suficiente para que no pase la criba. Generalmente se justifica alegando que somos muy exigentes pero, si su huida es habitual, le delata.

Falta de asertividad

El SRS es un proceso inconsciente. Sin embargo, la necesidad de huir puede deberse a la escasa habilidad para resolver aquello que nos desagrada. Debemos aprender a expresar nuestro malestar de manera asertiva, sin ser agresivos ni permaneciendo en la relación a pesar de que nos disguste. La idea no sería cambiar la personalidad ni obligar a la otra parte de la pareja a cambiar algún aspecto. Informar y proponer, llegar a un acuerdo o, quizá, seducir para que vea los puntos a favor que ofrece quitarse esa verruga que tanto le disgusta o dejar de utilizar esos zapatos antiguos, sería el objetivo. Ser comunicativo podría ser una de las soluciones, al igual que solventar cada uno de los posibles puntos de activación anteriores.

Inmadurez

 Sucede en personas que valoran más temas estéticos o poco profundos. A lo largo de nuestra vida relacional y afectiva, aprendemos a relativizar y sopesar los pros y contras. Valoramos en conjunto a las personas con las que decidimos compartir nuestra vida, aceptamos o erotizamos, incluso, aquellos aspectos que en un principio no nos gustaron y, si no fuera así, solemos buscar soluciones. Acudir a la psicología no sería mala idea si vemos que es recurrente en nosotros este síndrome a lo largo de nuestra vida. Aunque, quién sabe, quizá su instinto le ofrezca una señal de que la relación no tiene futuro.

Foto Diario Extra

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