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Cuestionan brecha en derechos de hombres y mujeres
Sociedad
Realizan el conversatorio “Feminismos y Descolonialidad” en la Universidad Iberoamericana de Puebla
A pesar de dos siglos de lucha feminista persiste la desigualdad entre hombres y mujeres, la esclavitud sexual, la violencia, la falta de espacios en el gobierno y la censura, aseguró la investigadora Francesca Gargallo, durante el conversatorio “Feminismos y Descolonialidad” en la Universidad Iberoamericana de Puebla.
Sin embargo, la situación se puede revertir formando redes fuertes de mujeres, donde no haya cabida al racismo ni la discriminación.
Rufina Villa y Petra Cuamayt, de la organización Maseual Siuamej Mosenyolchincauanij (Mujeres que Trabajan Juntas, en náhuatl), son la prueba de que la cooperación entre mujeres logra cambios en la comunidad.
Se deben reivindicar derechos laborales
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Cuestionan brecha en derechos de hombres y mujeres
La doctora en Estudios Latinoamericanos expuso que hay aspectos que afectan de manera sustancial los derechos de las mujeres: la apropiación del cuerpo, la corrupción y la pérdida de la memoria.
Comentó que desde principios del siglo XX, en el Encuentro Internacional de Mujeres Socialistas, reivindicaron los derechos laborales de las mujeres, para que trabajaran ocho horas al día, tuvieran un sueldo equitativo, sindicalización autónoma, seguridad social y vacaciones pagadas.
Desde su perspectiva, el que no se cumplan con los derechos laborales da pie a la explotación y ésta a su vez a la esclavitud.
"El trabajo es riqueza, entonces los explotadores se adueñan de la riqueza de los explotados, por eso es tan redituable el delito de la trata de personas porque las mujeres trabajan con su cuerpo", explicó la académica.
Organización es la respuesta
En ese sentido la corrupción juega un papel fundamental, porque permite que las mujeres no sean dueñas de sus cuerpos y sean otros los que lucren con ellos.
Asimismo la corrupción permite la violencia, la cual afecta más a las mujeres que los hombres.
Gargallo apuntó que la pérdida de la memoria hace que las mujeres desaparecidas, asesinadas de manera violenta o explotadas de manera sexual se vuelvan números y dejen de ser personas.
Ante esta situación, que sigue siendo adversa para las mexicanas, la feminista apuntó que siempre la organización a través de redes, el hecho de pensar de manera conjunta lo que hace falta a las mujeres, es la única forma de combatir el rezago.
"El 8 de marzo tenemos muchísimo trabajo que hacer, que repensar, la ONU no nos lo va a decir, lo tenemos que hacer nosotras de manera independiente (...) Nos urge que hagamos relaciones no racistas, reconociendo los tipos de trabajo, reconociendo la migración libre", resaltó la también escritora.
Serranas logran cambio
Como un ejemplo de que las redes de mujeres organizadas pueden lograr cambios grandes, Rufina Villa y Petra Cuamayt contaron cómo a lo largo de tres décadas lograron mejorar las condiciones de las serranas de Cuetzalan.
Rufina Villa, indígena de la Sierra Norte, comentó que desde 1985 comenzaron a coordinarse para formar una cooperativa de artesanías textiles gracias a la ayuda de estudiantes de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco.
Los usos y costumbres en Cuetzalan, donde el 80 por ciento de la población es indígena, mandaban que una mujer no se podía casar hasta que dominara el telar de cintura, el bordado, la hechura de tortillas a mano y la martajada de maíz. Entonces podía ser dada en matrimonio, ya no estaba permitido escoger al marido y el trato se hacía exclusivamente con los padres de la novia.
Aunque los hombres eran el sostén de las familias, como en la comunidad llueve mucho había veces que no podían sembrar, por lo cual la situación económica y familiar entraba en crisis.
Desarrollan proyecto productivo
Fue en ese momento en que los estudiantes de la UAM les propusieron el proyecto de la venta de artesanías textiles a las mujeres de Cuetzalan, muchas de ellas, como Petra tuvieron muchas dificultades para acudir a las reuniones, porque sus esposos no sabían hacer las labores del hogar y la sociedad las criticaba.
"Primero decían que íbamos al chisme a la calle o a buscar hombre, pero conforme vieron que avanzábamos se cambió la forma de ver", contó doña Rufina.
Las mismas autoridades se acercaron a ellas para darles cargos comunitarios que antes sólo eran para hombres y sus propios maridos comenzaron a asumir las labores del hogar para que ellas trabajaran.
Actualmente son más de 100 compañeras de la organización las que trabajan proyectos como en servicios de temazcal y medicina herbolaria, además de un hotel-restaurante llamado Taselotzin, el pan y la sal de cada día en náhuatl.