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Sociedad
El sacerdote Saúl Santiago Velasco fue el primero que pisó Guinea, hoy cuna del virus
Saúl Santiago Velasco con las hermanas de la caridad en Conakry
Era 1991. Un año caluroso en Conakry, la capital de la incipiente República de Guinea.
Al país africano en dónde la malaria y el cólera causan cientos de víctimas mortales cada año, llegó entonces Saúl Santiago Velasco, el primer misionero salesiano proveniente de Puebla, para realizar trabajo comunitario.
Fue ahí, durante su estancia de seis años, que se enteró de los embates de una nueva enfermedad, un mal que azotaba a naciones centrales de África y al que los nativos relacionaban con hemorragias, nombrándola ya: “ébola”.
Siendo Guinea un país de marcada pobreza, la encomienda para el único poblano que habría pisado esas tierras en aquella época, era la de enseñar oficios y talleres a jóvenes del lugar. No obstante, su labor asistencial le llevó al hospital “Ignace Deen”, en dónde trabajó al lado de las Hermanas de la Caridad.
Vacunas bajo sospecha
Desde su experiencia, como voluntario en el nosocomio que sólo tenía en ese tiempo Conakry, a Saúl Santiago Velasco le parece cuestionable que actualmente los países del primer mundo hayan vuelto la mirada a África para erradicar el “virus del ébola” y buscar con ahínco un antídoto.
De acuerdo con Saúl Santiago Velasco, actual director del oratorio Don Bosco de Puebla, Estados Unidos o los países europeos han mostrado poco interés por erradicar la malaria, el cólera o la fiebre amarilla, a pesar del elevado índice de decesos que generan cada año. La razón, es que se trata de enfermedades del tercer mundo.
El religioso, a quien en el presente sus feligreses de la Angelópolis expresan admiración porque no es un sacerdote pasivo, pues desde el púlpito mantiene un sentido crítico, pronunciándose en contra de sucesos injustos, como el caso de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa, continúa con el espíritu de ayuda a las clases desprotegidas, ahora en Puebla, tal como lo hizo hace más de 20 años en África.
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Interrogado sobre su perspectiva sobre el ébola, Santiago Velasco sostiene que contrario al tratamiento dado a los padecimientos típicos de territorios pobres, las naciones de occidente se apresuran a combatirla.
Saben que el virus resiste cualquier condición climática y puede adaptarse a sus países, logrando expandirse en sus territorios. De ahí los motivos, comentó, que les mueven a frenarlo desde la misma Guinea, el sitio en el que a finales del 2013 se desató el nuevo brote de ébola que provocó este año pánico mundial.
“Cuando llegaba el cólera, mataba a mucha gente, cuando llegaba el paludismo, que es la malaria, igualmente, más terror… de diez niños que nacían, cuatro o tres llegaban a la vida adulta”, recordó.
Los primeros años del ébola
El clérigo platica con nostalgia de sus años en Conakry, narra a e-consulta que a su llegada la Guinea francesa, no había incubado aún el virus del ébola.
A la población conformada por 6 millones de habitantes, en esos años le afectaban aún más los casos de cólera y malaria que las noticias del nuevo padecimiento que hacía mella en África del centro.
Lo que afirma el sacerdote coincide con los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS): los primeros casos de pacientes infectados por el virus del ébola datan de 1976, en la República Democrática del Congo, pero no en Guinea.
Por citar un ejemplo, del 30 por ciento de los niños menores de cinco años que murieron en el año 2012, el 27 porciento fue a consecuencia de la malaria, mientras que la tasa de mortalidad infantil es de 101 niños por cada mil nacidos vivos, según los datos más recientes del organismo internacional anteriormente citado.
Saúl Santiago Velasco padeció el mal transmitido por el mosquito Anófeles, que transmite el paludismo, cuando estuvo en la República de Guinea. Es en ese país, en pleno siglo XXI la esperanza de vida promedio según la OMS es de 57 años de edad en hombres y de 59 en las mujeres.
Pero la enfermedad no lo hacía pensar en volver a México ni dejar a la gente de Guinea, a la que califica de “fantástica y maravillosa”. Los pobladores no tenían idea del lugar del que provenía el párroco Saúl Santiago Velasco y simplemente lo llamaban “el libanés” o “el brasileño”.
Asegura que de no haber sido porque el paludismo se le volvió crónico y ponía en riesgo su vida, aún se mantendría haciendo labor social en África.
Ahora lo hace en Puebla, precisamente en la colonia San Ramón, donde los católicos que le conocen saben que visita enfermos, consigue despensas para las familias de escasos recursos, organiza torneos para evitar que los jóvenes se acerquen a las drogas u otros vicios y busca recursos para pagar el mantenimiento del oratorio que asumió hace apenas dos meses.
Poblano de misiones en Guinea
Para cuando el originario de Puebla arribó a la República de Guinea, país que venía recuperándose de los 25 años de régimen dictatorial de Ahmed Sékou Turé, los civiles heridos por esquirla de granada eran otro grupo de pacientes con presencia frecuente en el hospital “Ignace Deen”.
Los conflictos interraciales son comunes en la sociedad guineana, en la que el 85 por ciento de los habitantes profesa la religión musulmana y que en el presente alcanza los 11 millones de personas, según cifras oficiales.
El presbítero cierra los ojos y recuerda el caso que le ocurrió a una mujer de Sierra Leona, que llegó como pudo al hospital de Conakry con una herida “terrible, grande y hedionda”, solicitando asistencia médica tras días de largo peregrinaje.
La mujer tenía aún en la piel fragmentos de granada y ante su situación pedía un sacerdote. “¡Bendíceme padre, confiésame!”, imploraba a Santiago Velasco tomándolo fuertemente de la mano.
Perturbado por las condiciones tan dolorosas en las que se encontraba la paciente, el misionero le dio la absolución, articulando el poco inglés que conocía.
Hasta la fecha, el religioso desconoce si la mujer salvó su vida. Lo que es un hecho es que el suceso no fue el único momento difícil que vivió el poblano en la otrora colonia de Francia.
En noche de Año Nuevo, había toque de queda en Guinea. Junto a Santiago Velasco se encontraban sus símiles de Bélgica, Italia y Francia, disponiéndose a recibir el año 1993, en medio de una fuerte tensión por la amenaza de un golpe de estado.
El país apenas viviría elecciones democráticas en esa fecha, cuando el general Lansana Conté, jefe del gobierno militar, fue electo presidente.
Poco importó que sólo tuvieran para cenar un pedazo de queso, otro de pan y un cuarto de botella de vino, estaba a punto de estallar la guerra civil y “...temblábamos de miedo; fue un momento muy duro, muy crítico”.
Los marines franceses conocidos como boinas rojas llegarían a desalojarlos. Sin embargo, él tomó la decisión de quedarse, no podía dejar a los feligreses para los que había llegado a trabajar. Para su fortuna el conflicto se solucionó.
Santiago Velasco apoyó a 2 mil 500 guineanos
Para 1997, sumaban dos mil 500 los jóvenes guineanos que fueron capacitados en los talleres del oratorio de Conakry o que hacían uso de sus instalaciones deportivas.
A eso se resume el trabajo emprendido por el cura mexicano en África, que soñó un día con viajar a esa parte del mundo cuando en los años setenta vivió en la colonia 16 de Septiembre en Puebla, Puebla.
Pero la historia del Salesiano en Guinea dio un giro inesperado.
Enfermó al grado de que la malaria se le había vuelto crónica y el mal ponía en peligro su vida, pesaba 48 kilos pues padecía una anemia severa.
La cálida despedida que los lugareños le dieron en esa fecha a Santiago Velasco se quedó plasmada en unas fotografías que guarda con añoranza.
“¡Au revoir mon père!” (Adiós padre). Le gritaban los feligreses al sacerdote poblano mientras subía al avión que lo traería de regreso a México. De esta forma, culminó su aventura en suelo africano.
Sin embargo, Saúl Santiago Velasco aún guarda en su mente la esperanza de regresar a su labor de misionero. De hecho, ya tuvo una invitación hace tres años a Haití, pero lamentablemente su madre falleció y esto frenó el viaje.