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Seguridad
El 27 de enero se halló a la primera víctima, en el paraje conocido como Portezuelo de los Coyotes
En lo que va del 2014, al menos seis cadáveres han sido encontrados envueltos en bolsas de plástico en varios puntos del estado de Puebla, de los cuales las autoridades estatales guardaron silencio, y sólo en un caso se detuvieron a los presuntos asesinos.
Llama la atención que cada vez es más recurrente este tipo de hallazgos, pues en menos de un mes cuatro cadáveres fueron localizados en esas condiciones. Casualmente, dos de éstos fueron descubiertos el mismo día, el 17 de marzo, y la manera en que los cuerpos estaban envueltos era bastante similar; sin embargo, hasta el momento, la Procuraduría General de Justicia (PGJ) no ha confirmado si los dos crímenes están relacionados.
El 27 de enero se halló a la primera víctima, en el paraje conocido como Portezuelo de los Coyotes, a la altura del kilómetro 3.2 del Camino Antiguo al Panteón de la localidad de San José El Aguacate, perteneciente al municipio de Puebla. Se trató de una mujer, de entre 25 y 30 años de edad, cuyo homicidio continúa impune.
El 3 de febrero, el cadáver de un hombre fue encontrado decapitado y embolsado, abajo del puente de la carretera Cuautla-Izúcar de Matamoros, en el municipio de Tilapa, a unos cuantos metros del estado morelense. De este crimen no se obtuvieron mayores datos y la PGJ nunca lo dio a conocer.
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Es preciso mencionar que la cabeza no fue localizada y se presume que a la víctima la asesinaron en Morelos y posteriormente la abandonaron en territorio poblano.
El 17 de marzo, dos cadáveres embolsados fueron encontrados por separado, en las inmediaciones de la colonia Los Gavilanes y en los límites de los municipios de Cuautlancingo y Coronango. Ambos estaban envueltos en bolsas negras para basura, sujetadas con cinta adherible transparente, la cual fue colocada a la altura de la cabeza, cintura y pies.
Posteriormente, la PGJ informó que el cadáver de la zona de Coronango correspondió a Luis Fernando Andrade Zorrilla, quien de acuerdo con versiones extraoficiales era adicto a las drogas y trabajaba como guardia de seguridad en el casino Winpot.
Por este caso, la autoridad ministerial arraigó y luego consignó a Roberto Ortiz Huerta y Jorge Armando González Segura, de 46 y 34 años de edad, respectivamente, quienes eran amigos de Luis Fernando y, tras caer en constantes contradicciones, fueron señalados de participar en el asesinato.
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Asimismo, el hombre avistado en Los Gavilanes era Juan Ramírez Romero, quien según versiones extraoficiales fue dado de baja de la Policía Judicial en 2003, cuando se detectó que consumía drogas. En los días anteriores a su muerte, se desempeñaba como taxista y -de acuerdo con fuentes policiacas- una de las líneas de investigación podría ser el narcomenudeo.
El 4 de abril, se localizó el cadáver de un hombre envuelto en bolsas negras, en un barranco de aproximadamente ocho metros de profundidad, a orillas del kilómetro 110 de la carretera federal México-Tuxpan, en el paraje La Pahua-Tecacalango, en el municipio de Juan Galindo. Según el reporte extraoficial, el cuerpo presentaba un avanzado estado de descomposición y las extremidades estaban amarradas con cinta canela.
El 7 abril, un varón fue avistado embolsado en nylon color negro, en calle Privada de la 13 Norte, entre 38 y 40 Poniente. De éste sólo se sabe que quedó en calidad de desconocido, presentaba diversos golpes y portaba pantalón de mezclilla azul y playera roja con rayas de color claro.
Es preciso señalar que sólo en el caso de Luis Fernando se detuvieron a los probables responsables, pero los demás homicidios continúan impunes. De hecho, la PGJ nunca confirmó ni dio a conocer datos, a excepción de los dos crímenes del 17 de marzo.
Por lo anterior, aún se desconocen las identidades y las causas precisas de las muertes del resto de las víctimas, quienes -según información extraoficial- murieron a consecuencia de los golpes propinados por los asesinos.