Viernes, 22 De Mayo De 2026 | Puebla

Mundo

Descubre dónde nació San Antonio, el santo de quienes buscan pareja

Descubre dónde nació San Antonio, el santo de quienes buscan pareja

En una modesta iglesia de Lisboa se encuentra uno de los secretos más importantes para los creyentes católicos: el lugar de nacimiento de San Antonio. El Santo, popular en Portugal y Latinoamérica por la supersticiosa tradición de encomendarle la búsqueda de pareja, cuenta con una gran cantidad de devotos, pero muchos desconocen el lugar preciso donde nació. El corresponsal en Madrid de Informe21, José A. Puglisi, ha viajado hasta la capital lusa para visitar la iglesia y descubrir las tres grandes reliquias de San Antonio que cuidadosamente resguardan entre oraciones y velas.

Una empinada calle de piedras lleva hasta la Catedral de Santa María de Lisboa. A mitad de camino, se levanta una sencilla iglesia que pasa desapercibida por la mayoría de los turistas. Ignorarla es un grave error. En su interior se resguarda uno de los espacios más importantes para los creyentes católicos: el lugar donde nació San Antonio. Fue ahí donde comenzó la historia de Fernando Martim de Bulhões e Taveira Azevedo, un hombre proveniente de una familia aristocrática que comenzó su vida religiosa como monje agustino en 1210 y, como gran predicador de la palabra de Dios, terminó por convertirse en Santo a menos de un año de su muerte, en el año 1232.

La Iglesia de San Antonio es un ícono para sus devotos. Miles de creyentes viajan cada año a Lisboa sólo para conocer la cripta donde nació el popular Santo. Sin distinción de ningún tipo, la iglesia ha abierto sus puertas a todo visitante, siendo Juan Pablo II uno de los más recordados tras su presencia en 1982, donde caminó por las instalaciones y rezó de rodillas frente al pequeño altar de la cripta. Los sacerdotes de la comunidad recuerdan las palabras de Su Santidad con gran claridad: “Trajo un mensaje de paz y de unión. El Santísimo Padre dijo: Aquí, en esta casa, felizmente transformada en oratorio por las autoridades de la Cámara lisbonense, nacía a fines del siglo XII San Antonio de Lisboa, también invocado como San Antonio de Padua. En feliz expresión de mi predecesor León XIII, él es ‘el Santo de todo el mundo’”, según afirma el sacerdote Pedro Nuno.

En este sagrado espacio, también se resguardan tres invalorables reliquias de San Antonio: una parte de su maxilar (expuesta siempre en el altar), un trozo de sus dedos y un fragmento de su brazo izquierdo. Las dos últimas, sólo son expuestas a los devotos durante el día de San Antonio y en la conmemoración de su muerte. El resto del año, permanecen guardadas en el interior de la Iglesia para garantizar su protección. “Son reliquias únicas que hemos recibido por la relación que existe entre San Antonio con Lisboa y sus feligreses. Todas son auténticas y contamos con la Bula Episcopal que lo certifica”, apunta el hermano Nuno.

La posesión de estas reliquias es sólo una demostración de la fuerte devoción que existe en Lisboa a San Antonio, quien fue declarado patrono de la ciudad en 1934 por el Papa Pío XI. Una demostración del amor de los portugueses por Il Santo, como se le conoce en Italia, fue la construcción de una gran basílica en su honor. Una obra arquitectónica de dimensiones apoteósicas que permaneció intacta hasta 1755, año en el que un terremoto e incendio le redujeron a cenizas. De esta gran basílica sólo se salvaron la cripta (lugar exacto del nacimiento de San Antonio) y la estatua que, actualmente, está colocada sobre el altar.

Para los devotos, la salvación de la cripta y de la estatua fue una señal: San Antonio debe tener de nuevo una iglesia. La falta de recursos imposibilitaba la reconstrucción de la gran basílica, por lo que se edificó una iglesia más modesta a partir de las donaciones de todos los ciudadanos de Lisboa, quienes entregaban las cantidades a los niños que corrían por las calles pidiendo “una moneda para San Antonio”.

Sin olvidar ningún detalle, los devotos colocaron la imagen de San Antonio sobreviviente del incendio encima del altar. Un símbolo de la protección del patrono de la ciudad. Resulta sorprendente que las llamas no consumieran esta obra creada en el siglo XV, cuando está tallada en una pieza única de madera que mide 1,80 metros de altura y pesa unos 300 kilos. Para los creyentes, la estatua fue salvada por el propio San Antonio para que encabezara su nueva Iglesia, tal como ocurre en la actualidad.