Luis Méndez Ballesteros, de la empresa porcícola La Esperanza, en Tehuacán, Puebla, y un grupo de empresarios del mismo ramo, me invitaron en 1997 para revisar opciones de tratamiento de aguas residuales que se descargaban en barrancas comunitarias.
Acordamos confinar las aguas residuales de la granja, sedimentar los sólidos para su extracción mecánica como abono agrícola y destinar la fracción líquida para riego del pasto forrajero King Grass (Pennisetum purpureun x P. americanum) con un sistema de cañones. El pasto se destinó a la alimentación de ovinos.
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En México, el 80% de la contaminación se deriva de actividades humanas como la urbanización, servicios e industria. De acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), el 78% de las aguas residuales municipales y el 80% de las industriales se vierten a espacios naturales sin tratamiento.
Cabe mencionar que el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), señala que cada año las pérdidas causadas por daños al ambiente equivalen a 10.6% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.
En tanto, las aguas residuales, según la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA), son aquellas utilizadas en una casa, comunidad, granjas o industrias, que contienen materia orgánica disuelta o sostenida, y residuos químicos inorgánicos, liberadas a sistemas de alcantarillado o drenaje.
Son las aguas sucias provenientes de viviendas, escuelas, hospitales, restaurantes, mercados, baños públicos, fábricas, talleres, queserías, procesadoras de café, agroindustrias, mezcalerías, granjas de cerdos y establos lecheros, entre otros, que son desalojadas frecuentemente hacia las partes bajas con o sin drenajes, generalmente a barrancas y ríos.
Uno de los mayores problemas de las granjas porcícolas son los malos olores, el alto consumo de agua y la generación de aguas residuales. Entre los principales conflictos sociales que he atendido está el de Chichicuautla, en Tepeyahualco de Hidalgo, Puebla, por una afectación de aguas residuales de granjas ubicadas en los límites con Veracruz, que amenazaba con afectar pozos de agua potable en 2006.
En ese año, se instaló en Tenextepec, Atlixco, Puebla, el primer biodigestor en la historia del saneamiento de aguas residuales pecuarias en el estado. La biodigestión produce metano que es 21 veces más contaminante que el CO2, por lo que se instaló un quemador provisional y, luego, el primer sistema de combustión a base de metano para producir energía eléctrica, la cual se mete a la red de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) y se descuenta del consumo de la granja.
Después de 20 años, el sistema sigue funcionando y ha tenido algunas mejoras en los motores de combustión y generación eléctrica, como lo pudimos constatar este fin de semana con investigadores del Programa Desarrollo Regional Sustentable de El Colegio de Puebla. Este sistema produce metano, agua limpia y lodos fertilizantes. Hay otros 27 en otros municipios.
Y en Coyula, Atlixco, Puebla, existe un modelo innovador de granja porcina autosustentable, instalado en 2025, con tecnología española, mediante una alianza entre Vallpork con la empresa poblana Agropecuaria Tenextepec, para impulsar la producción de carne de cerdo con mayor rentabilidad, armonía con el medio ambiente, apoyo al desarrollo agrícola, economía circular y la gran posibilidad de ofrecer alternativas de emprendimiento e impulso a la creación de riqueza comunitaria en nuestro estado.
El modelo productivo ya no depende de la electricidad tradicional. Se abastece completamente con energía solar a través de paneles, tanto para el bombeo de agua como para la operación de la granja, utilizando un sistema de baterías que almacenan la energía producida por los paneles.
Este modelo probado se recomienda poner al centro de áreas agrícolas. Consta de 9 naves de 1,000 cerdos de engorda cada una, ocupa mínimas cantidades de agua y recolecta las aguas residuales en un reservorio de cemento donde ocurren los procesos de fermentación y degradación parcial.
Las aguas residuales confinadas, denominadas “purines”, son llevadas, con una pipa de 10 mil litros que cuenta con sistema de aspersión, a parcelas agrícolas para un segundo uso, previo a la preparación del terreno y siembra, destinando un promedio de 30 mil litros por hectárea. Esto permite que una granja de 9 mil cerdos, pueda abonar con materia orgánica una superficie de 500 hectáreas. Evidencias preliminares demuestran que es posible sustituir la fertilización química, que actualmente cuesta entre 10 mil y 12 mil pesos por hectárea, en cultivos como maíz o sorgo.
Hay mucho que investigar, precisar y validar para fortalecer la transferencia de soluciones socioeconómicas y ambientales. Pero este modelo porcícola Coyula en operación, cambia completamente la forma como hemos concebido y practicado la porcicultura en Puebla, y abre la posibilidad de fortalecer el sector, cambiar la cultura y percepción actual de la ganadería, innovar y promover el emprendimiento, y la creación de riqueza comunitaria en una relación directa entre agricultura y porcicultura.