El Arzobispo de Puebla, don Víctor Sánchez Espinosa, cumplió cincuenta años de su ordenación sacerdotal y la celebración fue este domingo en el Seminario Palafoxiano, donde ofició una misa al mediodía ante más de cinco mil fieles, acompañado del Nuncio Apostólico del Vaticano en México, Joseph Spiteri y los obispos auxiliares Tomás López Durán y Francisco Javier Martínez Castillo.
Más tarde, en el comedor, ante la clase gobernante estatal y municipal, legisladores de todos los partidos políticos, empresarios y de medios de comunicación, leyó un discurso, donde abordó los temas de la obediencia al Papa, los gobiernos y la polarización de la sociedad, de los empresarios, los medios de comunicación y la Inteligencia Artificial.
Como es su costumbre, en palabras de fácil comprensión, realmente dictó cátedra sobre los deberes y pasos que México y Puebla requieren sobre los temas señalados. Incluso mencionó “que este año se cumplen cien años de la persecución religiosa en México. Pero la Iglesia desde su origen hasta hoy, no deja de ser perseguida. A veces en el silencio y otras más en el escándalo”.
Sobre la obediencia papal dijo que, desde sus años de seminario, después como sacerdote y ahora como Obispo, ha conservado una profunda devoción y obediencia al Papa, convicción heredada de esta patria que hunde sus raíces y el comienzo de su historia desde la fe, pues hay un gran vínculo entre la fe cristiana y esta tierra, que no agota la multiforme identidad de nuestros pueblos. No se entiende México sin fe, sin devoción, sin esta cultura tan llena de colores, sonidos y sabores.
Sobre los gobiernos y la sociedad, indicó “que no son tiempos fáciles los que estamos viviendo. Estamos marcados por graves desequilibrios y conflictos que opacan la gran dignidad de la que fuimos provistos. No somos objetos, ni productos, la vida humana tiene tanto de divino que nos vemos todos en la obligación de devolver ese sentido de grandeza y dignidad.
“Hoy, la tentación de ganar popularidad parece crecer, avivando las polarizaciones y abandonando lo que es genuinamente humano y lastimando la casa común. Lo tengo que decir, como he sido siempre muy claro y directo con todos: la dignidad humana no deja de ser violada, por eso, necesitamos la cultura del encuentro, como decía nuestro querido Papa Francisco, la cultura de la cercanía y la convivencia que he procurado hacer en la visita a cada municipio, a cada parroquia y cada pequeña comunidad”.
Sobre los empresarios señaló “que siempre he respetado y reconocido a este sector tan importante, los he defendido y he caminado con ustedes en los desaciertos e incertidumbres. Pero también quiero repetirles en voz alta: la gran empresa es su alma, su familia, la comunidad, los amigos, así como la honestidad, el valor para seguir emprendiendo y la huella positiva que dejen a sus hijos y colaboradores. Que cuando ya no estemos aquí, que nos recuerden por los valores y principios que guiaron nuestro actuar y determinaron su contribución social”.
Al referirse a los medios de comunicación dijo: “Como también se los he dicho de cerca, no la tienen fácil. No son dueños de la verdad, sino a la luz de la verdad poner claridad sobre la realidad. Es cierto que en la cultura de la competencia y la innovación tecnológica se hace imperativo el alcance y el rating; pero no podemos contribuir a la cultura de la muerte y al imperio del relativismo como denunciaba el gran Papa Benedicto, al morbo y el amarillismo que nos destruye a todos, empezando con quien lo promueve”.
Sobre la Inteligencia Artificial dijo: “El mundo ha entrado en una etapa nueva de la historia de la humanidad, me refiero a la Inteligencia Artificial. Como en la época del hierro, de la rueda y del alfabeto; después la imprenta y la revolución industrial; más cerca la era nuclear y la conexión a través del Internet, hoy estamos entrando a una nueva etapa de la historia de la humanidad que modificará las direcciones y debe guiar la reflexión.
“El Santo Padre, el Papa León, ha resaltado el principio de todo avance humano: la Magnífica Humanidad. Todo debe partir, promover y hacer pleno al ser humano. El Santo Padre reconoce esta etapa de la historia como un logro humano. La Iglesia no es ajena a todo lo humano y todo lo humano, con sus claroscuros, le competen. No rechaza los avances, la innovación y el progreso; pero en la fidelidad al Evangelio de Jesús, no podemos olvidar y debemos priorizar la inclusión, la justicia y la paz: hermanos todos, hijos de un mismo Padre, bajo el amparo de la Iglesia, Madre y Maestra”.
Finalmente indicó que el año pasado, fiel a las normas de la Iglesia, presentó su renuncia al Santo Padre sobre el Gobierno de su amada Arquidiócesis y que está en manos de Dios y de la decisión del Papa. Dijo “que siempre ha actuado siempre con honestidad y convicción evangélica, buscando la verdad y actuando en caridad. En el mundo de las opiniones y la comentocracia, donde las redes nos ensalzan y nos dan de palos, aguanto, soy fiel. Conservando los equilibrios por un bien mayor, buscando el entendimiento y la conciliación, estando con unos y con otros”.
Luego de agradecer la asistencia de todos, finalizó diciendo “que la gran crisis de la pandemia me quitó a cincuenta sacerdotes, hubo mucho dolor en el mundo, en las parroquias y en la vida de tantas familias y conocidos, pero también enseñó que estamos hechos para el encuentro, la convivencia, la solidaridad y la paz”.
La reunión del Arzobispo con Puebla fue aprovechada por algunos para convertirse en una pasarela política. De la espiritualidad se pasó a lo terrenal.
Biografía del Arzobispo
Don Víctor se ordenó el 6 de junio de 1976, de manos del Arzobispo de México, Ernesto Corripio Ahumada. Ingresó al Seminario Palafoxiano en 1963 y luego al Seminario Mayor, estudió Filosofía y Teología. Después de unos meses de ejercer el ministerio sacerdotal en Puebla en 1977 fue enviado a Roma a especializarse en Sagrada Liturgia en el Pontificio Instituto Litúrgico, en San Anselmo.
Nació el 21 de mayo de 1950 en la población de Santa Cruz, del municipio de Teotlalco, en la Mixteca poblana. Al volver a Puebla en 1979, fue nombrado Profesor, Director Espiritual y Coordinador de la Dirección Espiritual en el Seminario Mayor Palafoxiano. Actualmente es el VIII Arzobispo de Puebla, cargo que asumió el 5 de febrero de 2009.
En 1980 junto con otros liturgistas, participó en la fundación de la Sociedad Mexicana de Liturgistas (SOMELIT), de la que fue Secretario durante veinticinco años. En 1995 fue designado Párroco de Nuestra Señora de Ocotlán en Puebla capital. Fue Secretario Ejecutivo de la Comisión Episcopal de Pastoral Litúrgica de México, durante doce años. También fue colaborador en el Departamento de Liturgia del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM).
El 2 de marzo de 2004 el Papa Juan Pablo II lo nombró Obispo Titular de Ambia y Auxiliar de la Arquidiócesis de México y recibió la Ordenación Episcopal el 26 de marzo del mismo año en la Basílica de Guadalupe de manos del cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México.
Fue Presidente de la Sociedad Mexicana de Liturgistas de 2006 a 2011. En 2007 fue elegido Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). El 5 de febrero de 2009, el papa Benedicto XVI lo nombró VIII Arzobispo de Puebla, tomó posesión el 2 de abril de 2009 en una emotiva misa que congregó a 40 mil personas en el Estadio Cuauhtémoc.
A partir de entonces, don Víctor ha visitado varias veces la totalidad de las 330 parroquias con todas sus comunidades que forman la Arquidiócesis de Puebla, donde ha sido recibido con gran entusiasmo por miles de fieles. Se ha acercado con gran bondad a toda la gente, haciéndose presente, tanto en las comunidades más pobres de Puebla, como en los eventos culturales y académicos más destacados y en los medios de comunicación.