La noche del 16 de mayo fue inusualmente calurosa la ciudad de Puebla, igual que la primera quincena de este mes, no recuerdo haber vivido una situación similar. El cambio climático es una realidad que nos alcanzó, lamentablemente, sin tener un plan real y práctico.
En la Mixteca poblana, se han registrado temperaturas extremas, rebasando el promedio estatal. En lo que va de mayo, esta región ha tenido días de 43°C que la convierten en la más cálida de los últimos diez años, según datos del Sistema Meteorológico Nacional (SMN) dependiente de la Comisión Nacional de Agua (CONAGUA), citados por Mayra Flores, en El Sol de Puebla, 14de mayo de 2026.
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Naturalmente, mayo es el mes más caluroso dentro de los climas existentes en México. Pero acciones como la deforestación, las prácticas productivas con predominancia extractiva que derivan en un gran deterioro ambiental, el incremento de gases efecto invernadero (GEI) por el uso de combustibles fósiles, el incremento de la sequía en casi 30 por ciento en los últimos 24 años, han derivado en mayor desorden climático reflejado en la incidencia de fenómenos meteorológicos más intensos y frecuentes.
Pero más que teorizar o echarnos culpas como lo hemos hecho por décadas en la sociedad, la academia y el gobierno, requerimos acciones reales, pequeñas o grandes, que nos activen en la solución de estos dos graves problemas climáticos: el aumento de temperaturas y la falta de lluvias.
De acuerdo con diversas fuentes, la temperatura ambiental óptima para mantener el confort del cuerpo humano varía de 18 a 22 °C, la máxima es de 55°C y la mínima de -10°C. La temperatura corporal óptima es de 36.5°C, la máxima de 41°C y la mínima de 27°C. Datos muy similares se observan para los animales domésticos de sangre caliente. Las plantas se desarrollan mejor con temperaturas óptimas de 22 a 28°C, aunque algunas soportan máximas de 40 y mínimas de 10°C, aunque hay algunas que sobreviven a valores menores a 0°C.
La diferencia de temperatura entre la sombra de un árbol y el campo abierto puede ser de 1 a 5°C y de 11 a 17°C en áreas de estacionamientos (www.20230palette.org). La malla-sombra, dependiendo del porcentaje de luz que deja pasar, puede registrar disminuciones de temperatura de 5 a 10°C, las paredes y superficies sombreadas pueden bajar la temperatura entre 11 y 25°C
En términos productivos se conoce que vacas lecheras expuestas al sol permanente, en la zona tropical de Jamaica, tuvieron crías al nacimiento de 34 kg contra 39 kg de las que tuvieron acceso a la sombra. La producción de leche al año fue de 500 kg más para las que tuvieron sombra.
Con relación a la lluvia se sabe que el 72% del agua que cae se evapora casi instantáneamente y el 8 por ciento escurre al mar sin aprovechamiento (Secretaría de Medio y Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), lo cual indica que de los 1,488 km³ que México recibe cada año, el 80 por ciento se pierde sin darnos cuenta. No obstante, los graves problemas de disponibilidad de agua.
Ante esta situación, es necesario conocer aquellas prácticas viables que reduzcan el impacto de las altas temperaturas sobre el medio ambiente y las actividades productivas, que se pueden hacer por los ciudadanos y el gobierno, las instituciones educativas y los ambientalistas. Algunas, aunque parecen obvias e insignificantes, no se han hecho por desconocimiento y porque simplemente hemos esperados que otros las hagan por nosotros.
Algunas de estas prácticas son:
Adoptar o instalar sombra para la gente y el ganado utilizando árboles existentes, mallas, techados o enramadas. No es cierto que los animales están acostumbrados al sol. También requieren agua limpia y fresca permanentemente.
Plantar o sembrar árboles, ya que hacen falta muchos en las zonas rurales y urbanas. Pueden venir de viveros o directamente de semillas. Por estos días debajo de la mayoría de los árboles, hay vistosas alfombras de semilla, como el fresno en la ciudad de Puebla. Estas se pueden juntar, seleccionar las mejores y sembrarlas con pala o barreta antes de las lluvias para que germinen y se establezcan. Es el mecanismo natural que hemos desconocido u olvidado.
Retener la lluvia en las partes altas, es decir, en montañas, laderas y, especialmente en las áreas de captación de manantiales y pozos, para reducir inundaciones y asegurar la disponibilidad de agua durante el año.
Captar la lluvia en techados o represas en el campo, para complementar las necesidades de agua para consumo y producción.
Evitar escurrimientos en terrenos agrícolas y ganaderos para maximizar el aprovechamiento de la lluvia mediante su conducción en curvas de nivel, así como realizar aflojamiento del terreno con equipo de subsoleo para eliminar la compactación y aumentar la absorción de lluvia y los rendimientos en zonas de temporal.
Evitar la quema de residuos de cosecha, dejándolos sobre el terreno y/o incorporándolos a la tierra para aumentar la materia orgánica que mejora la capacidad de retención de humedad, además de aumentar los rendimientos futuros y contribuir a la recarga de acuíferos.