Durante décadas, la vida laboral tenía una lógica clara: estudiar, conseguir un empleo estable, trabajar durante años y jubilarse. Ese modelo —el famoso “trabajo lineal”— ya no existe.
Hoy el panorama es distinto. Cambiamos de empleo varias veces, trabajamos por proyectos, combinamos ingresos, o incluso dependemos de plataformas digitales. Y no es una percepción: es una transformación documentada.
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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ya lo advertía desde hace años: “Alrededor del 14% de los empleos están en alto riesgo de automatización, mientras que otro 32% podría experimentar cambios significativos” (OECD, 2019, p. 14).
Pero el problema no se detuvo ahí. En su informe más reciente, la OCDE eleva el nivel de alerta: “El mundo está cambiando rápidamente… megatendencias como la digitalización, el cambio climático y el envejecimiento de la población están transformando los mercados laborales” (OECD, 2025).
Y añade un dato que debería encender todas las alarmas: “La población en edad de trabajar está comenzando a disminuir en los países de la OCDE” (OECD, 2025).
Es decir, no solo cambia el trabajo… también está cambiando la base demográfica que lo sostiene. Y esto tiene una consecuencia directa: los sistemas de seguridad social —pensados para empleos estables— están quedando obsoletos.
El verdadero problema: no es solo el empleo… es la precariedad
El problema no es solo que desaparezcan trabajos, sino cómo se transforman. La Organización Internacional del Trabajo revela un dato contundente: “Más del 60% de la población ocupada mundial se encuentra en la economía informal” (ILO. 2018).
Esto significa que millones de personas trabajan sin protección: sin seguro, sin pensión, sin estabilidad. Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe explica por qué esto es estructural: “La estructura productiva… reproduce desigualdades persistentes” (CEPAL. 2020).
No es casualidad. El sistema económico actual genera desigualdad de forma sistemática. Y recientemente aparece una idea clave —y potente— del papa León XIV:
"Hay riquezas desproporcionadas que permanecen en manos de unos pocos. Es un escenario injusto, ante el cual no podemos dejar de cuestionarnos y comprometernos a cambiar las cosas. No existe un determinismo que nos condene a la desigualdad". (León XIV. 2026, 10 de abril).
Es decir: esto no es inevitable. Es una decisión social.
Cuando el trabajo enferma: lo que dice la ciencia
Aquí viene uno de los puntos más importantes -y menos discutidos-: la precariedad laboral no solo afecta ingresos… afecta la salud.
La revista The Lancet señala: “El desempleo y la inseguridad laboral están asociados con un mayor riesgo de trastornos de salud mental y mortalidad” (Marmot. 2012)
Y ARPH confirma: “La inseguridad laboral se ha vinculado con enfermedades cardiovasculares y depresión” (Benach. 2014) Pero quien lo sintetiza de forma más clara es la Organización Mundial de la Salud: “Las condiciones en las que las personas nacen, crecen, viven, trabajan y envejecen… son responsables de las desigualdades en salud” (Organización Mundial de la Salud. 2008).
Traducido a lenguaje sencillo: tu tipo de trabajo puede definir cuánto vives y qué tan sano estás. Por eso, la seguridad social no es solo economía. Es salud pública.
La seguridad social: de gasto incómodo a inversión inteligente
Durante mucho tiempo, la seguridad social fue vista como un “gasto”: pensiones, subsidios, apoyos. Hoy esa visión está cambiando.
Organismos como CEPAL lo dicen claramente: “La inversión social es un componente central del desarrollo sostenible” (CEPAL. 2020).
Y el papa León XIV introduce conceptos clave:
“Aplicando políticas de previsión generativas y de desarrollo social efectivo, a partir de la protección de los más débiles y de la inversión en los jóvenes. Por ello, aun ante la necesidad de garantizar la sostenibilidad del sistema, su compromiso debe estar siempre orientado también a salvaguardar su tejido solidario y su equidad, tanto en el ámbito de las pensiones como en el acompañamiento del trabajador a lo largo de su trayectoria profesional.” (León XIV. 2026).
¿Qué significa esto en términos simples?
Que la seguridad social no debe limitarse a ayudar cuando todo falla, sino preparar a las personas para que no fallen.
Invertir en educación, capacitación, salud y protección laboral flexible. No es gasto: es asegurar el futuro.
El gran cambio: proteger a la persona, no al empleo
Aquí está el giro más importante. Antes, la seguridad social protegía el empleo, hoy necesita proteger a la persona, porque el empleo ya no es estable.
La OCDE lo resume así: “Las relaciones laborales están cambiando… con un aumento del trabajo no estándar y una reducción de la estabilidad” (OECD. 2019). Esto obliga a rediseñar el sistema:
Antes:
- Seguridad social ligada al empleo formal
- Trayectorias laborales estables
- Pensiones basadas en cotización continua
Ahora:
- Trayectorias fragmentadas
- Trabajo independiente o por plataformas
- Ingresos variables
Resultado: los sistemas actuales dejan fuera a millones.
El equilibrio necesario: ayudar sin generar dependencia. Aquí aparece un tema delicado: el riesgo del asistencialismo. La solución no es quitar apoyos, sino diseñarlos mejor.
El principio de subsidiariedad -clave en la Doctrina Social de la Iglesia- lo explica:
- El Estado debe ayudar
- Pero sin sustituir la iniciativa personal
O dicho más claro: no se trata de mantener a las personas, sino de empoderarlas.
El Papa Francisco lo resume de forma contundente:
“No os olvidéis del hombre: éste es el imperativo. Amar y servir al hombre con conciencia, responsabilidad y disponibilidad. Trabajad para quien trabaja y, no menos importante, por quien quisiera hacerlo y no puede. Hacedlo no como obra de solidaridad, sino como un deber de justicia y de subsidiariedad. Apoyad a los más débiles, para que a nadie le falte la dignidad y la libertad de vivir una vida auténticamente humana.” (Francisco. 2015).
Entonces, ¿qué tipo de seguridad social necesitamos?
Si juntamos todo -evidencia científica, organismos internacionales y reflexión ética- la respuesta es clara.
Necesitamos una seguridad social:
1. Universal: Que cubra a todos, no solo a quienes tienen empleo formal.
2. Flexible: Adaptada a trabajos temporales, digitales y autónomos.
3. Portátil: Que acompañe a la persona, no al puesto de trabajo.
4. Generativa: Que invierta en el futuro, no solo repare el pasado.
La gran pregunta (y el verdadero desafío)
Estamos frente a una decisión histórica. Podemos seguir con sistemas diseñados para un mundo que ya no existe… O podemos rediseñarlos para el mundo que ya llegó. Porque al final, no se trata solo de economía. Se trata de algo mucho más profundo:
¿Queremos una sociedad donde el cambio tecnológico genere exclusión… ¿o dignidad? La respuesta no es técnica, es moral. Y como bien lo ha dicho el Papa León XIV: “No existe un determinismo que nos condene a la desigualdad” (León XIV. 2026).
Les invito a ver el video de “Laicos en la Vida Pública” sobre este tema:
Referencias
Benach, J., Vives, A., Amable, M., Vanroelen, C., Tarafa, G., & Muntaner, C. (2014). Precarious employment: Understanding an emerging social determinant of health. Annual Review of Public Health, 35, 229–253.
Empleo precario: Comprendiendo un determinante social emergente de la salud | Reseñas Anuales
Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). (2020). Construir un nuevo futuro: una recuperación transformadora con igualdad y sostenibilidad. Naciones Unidas.
Construir un nuevo futuro: una recuperación transformadora con igualdad y sostenibilidad | CEPAL
Francisco. (2015). Discurso al Personal del Instituto Nacional Italiano de la Seguridad Social (INPS).
Al personal del Instituto nacional italiano de la seguridad social [INPS] (7 de noviembre de 2015)
International Labour Organization (ILO). (2018). Women and men in the informal economy: A statistical picture (3rd ed.).
Mujeres y hombres en la economía informal: un panorama estadístico. Tercera edición | Organización Internacional del Trabajo
International Labour Organization (ILO). (2021). World Social Protection Report 2020–22: Social protection at the crossroads.
Informe Mundial de Protección Social 2020-22: Protección social en la encrucijada – en busca de un futuro mejor | Organización Internacional del Trabajo
León XIV. (2026, 10 de abril). Discurso a los directivos y personal del Instituto Nacional de Previsión y Seguridad Social (INPS). Vaticano.
A los directivos y al personal del Instituto Nacional de Previsión y Seguridad Social (INPS) (10 de abril de 2026)
Marmot, M., Allen, J., Bell, R., Bloomer, E., & Goldblatt, P. (2012). WHO European review of social determinants of health and the health divide. The Lancet, 380(9846), 1011–1029.
Revisión europea de la OMS sobre determinantes sociales de la salud y la brecha en salud - The Lancet
Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). (2019). OECD Employment Outlook 2019: The Future of Work. OECD Publishing. Perspectivas de empleo de la OCDE 2019 | OCDE
Organisation for Economic Co-operation and Development (OECD). (2025) Perspectivas de empleo de la OCDE 2025 ¿Podremos superar la crisis demográfica?
Perspectivas de empleo de la OCDE 2025 | OCDE
Organización Mundial de la Salud. (2008). Closing the gap in a generation: Health equity through action on the social determinants of health.
Cerrando la brecha en una generación: equidad en salud a través de la acción sobre los determinantes sociales de la salud - Informe final de la comisión sobre determinantes sociales de la salud