La administración de Alejandro Armenta Mier se aproxima a su primer cuarto de gestión en un clima de marcada rispidez y recelo, una atmósfera que compromete la prosperidad y la gobernabilidad de Puebla. La eficacia es lo que justifica a los gobiernos y lo que motiva la obediencia ciudadana; sin ella, los gobernantes se tornan prescindibles. Cuando la política falla, sobreviene la barbarie y el "Estado de Naturaleza". En política, como en la vida, infancia es destino.
Este desgaste —acelerado en lo que va de marzo por la imposición del proyecto del Cablebús en la capital— parece erosionar incluso la investidura del jefe del Ejecutivo. Su preponderancia frente a los poderes legislativo y judicial no ha bastado para frenar la percepción de un gobierno irascible, que se rehúsa a escuchar a la opinión pública y a los especialistas. El progreso por imposición no conduce a ningún puerto seguro; solo produce daños patrimoniales y fracturas sociales.
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Hoy, la aprobación del gobernador fluctúa en una proporción de 1 a 1, situándose por debajo de la media nacional y rezagada frente a estados como Oaxaca, Hidalgo y Morelos (según Mitofsky y Arias Consultores). Más allá del relativo rigor de las encuestas, el indicador es claro: el encono no fomenta la confianza, la ahuyenta. Con ella, se desvanece el entorno de oportunidades necesario para una vida mejor.
Es la hora de dar un golpe de timón. Tal vez, incluso, de cambiar el "caballo": con un equipo de muchachos ordinarios es imposible gobernar una entidad tan compleja como Puebla y, simultáneamente, generar prosperidad. Costos muy altos y beneficios muy bajos.
El gobernador Armenta protestó el cargo el 14 de diciembre de 2024 tras un largo periodo de transición de siete meses. Tiempo suficiente para planear, consensuar programas y conjurar los conflictos actuales con la participación de todos. Sin embargo, la planeación es la gran ausente, a pesar de ser un mandato de ley. El Plan Estatal de Desarrollo (PED) —el máximo instrumento de planeación democrática— nació bajo la sospecha de no haber consultado a la población.
Hoy, el PED carece del protagonismo que la ley le confiere y es ignorado por los propios órganos de gobierno, como ha señalado técnicamente el IGAVIM respecto a la omisión de ejes y metas fundamentales.
Se observa un gobierno que abre frentes de batalla innecesarios contra los sectores que, en rigor, deberían ser sus principales aliados. El desarrollo urbano no puede prosperar torpedeando a la ciudadanía. No se puede gobernar de espaldas al conocimiento y a la verdad.
En la práctica, el gobierno ignora los derechos de identidad barrial y cultural. Sin esos lazos de cohesión, la ciudad se transmuta en un monstruo. Los manifestantes alzan la voz para evitar que Puebla se convierta en un páramo, en un desierto inhabitable; un "llano pelón". Es el último suspiro por el derecho a la vida y a un ambiente sano, tutelado por una ley que hoy parece ser letra muerta.
Contrario a toda lógica, el gobernador ha entrado en conflicto con los sectores más vitales de la sociedad: empresarios, periodistas, la comunidad cultural, defensores de derechos humanos, el Poder Judicial (por la imposición de perfiles inadecuados) y ayuntamientos. Hoy, la ofensiva se vuelca contra ambientalistas y urbanistas que, en legítima defensa del arbolado y la ciudad, osan cuestionar el Cablebús.
Pelearse con los grupos que representan lo mejor del capital humano y social es pelearse con el progreso. Es condenar a las próximas generaciones al subdesarrollo. Sin la incorporación de ese capital en la toma de decisiones que atañen a todos, no hay innovación ni crecimiento ni redes de confianza.
Se dice –lo digo– sin más afán que el de ayudar.
Chayo News
Las elecciones del próximo año ya están en marcha, a pesar de que la legalidad electoral dicte lo contrario. Son los tiempos de la "verdadera democracia", esa donde la ley ocupa un lejano y empolvado segundo plano. Los elegidos por el partido oficial ya pueden salir a territorio a promoverse bajo el velo de ese eufemismo llamado Comités de Defensa de la Cuarta Transformación; un artilugio cínico, pero bien montado, para burlar la norma y sacarle meses de ventaja a una oposición que sigue pasmada, pero cobrando millonadas en prerrogativas.
Así lo decretó la dirigencia nacional de Morena durante su Consejo Nacional, celebrado el sábado en la opulencia de un hotel en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. Las reglas —sus reglas— son tajantes: quienes sean designados para coordinar estos comités serán, en automático, los candidatos a gobernadores, alcaldes y legisladores. Se dice que el método será la encuesta, pero la sospecha es generalizada: se trata del mismo subterfugio utilizado para encubrir el antiquísimo "dedazo" de los tiempos del PRI hegemónico. En el caso de Puebla, el botín no es menor: están en juego 217 ayuntamientos, 25 diputaciones locales y 15 federales. La maquinaria ya está aceitada; la ley, bien guardada en el cajón.
Se avisora una larga noche de cuchillos largos.
@ocielmora