Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Teléfono celular, espacio de comunicación y distracción

Ha ocupado terreno en todos los ámbitos de la vida, incluso limitando interacciones en la familia

Luisa Martínez Baxin

Historiadora y maestra en Estudios Históricos por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (Puebla), originaria de San Andrés Tuxtla, Veracruz.  Ha realizado trabajo de campo e investigación con relación a la Historia de la Educación.

Domingo, Febrero 1, 2026

La historia ha mostrado la evolución del hombre en distintos escenarios, un desarrollo que fue gestándose con la invención del fuego, la aparición de la escritura, la utilización de metales, artefactos de cobre y bronce materiales indispensables como parte de su cotidianidad.

En ese sentido sin mencionar las etapas de la prehistoria y la historia, de lo moderno y lo contemporáneo, haré hincapié en lo que se ha vuelto sustancial en el siglo XXI, un instrumento y una forma de comunicación: el teléfono celular.

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Ha ocupado un lugar importante con ayuda de las redes sociales tanto en el ámbito profesional, laboral, como educativo, además de ser un dispositivo de difusión para el comercio local, otorgando la posibilidad de dar a conocer la diversidad de productos a clientes y usuarios pendientes de promociones, ofertas o aquello que deseen consumir. Desde una hamburguesa, artículos de limpieza para el hogar, buscar en la red una tienda departamental y comprar una camisa o un pantalón.

El teléfono celular se ha convertido en un elemento de convivencia con familiares, amigos y conocidos. Su función es agradable porque permite enlazarnos al otro lado del mundo con un ser querido. De acuerdo con la marca, modelo y precio es como cada usuario podrá adquirir un móvil con las características determinadas.

La capacidad de almacenamiento de cada teléfono celular da la oportunidad de guardar archivos de relevancia, música del momento, y aspectos significativos de la vida captados a través de la cámara, evidenciando paisajes, comida con amigos, cumpleaños, y rostros alegres para colocarlos como perfil en la red social favorita. Que cada integrante de la familia tenga un teléfono celular en casa es una fortuna, también podría decirse que una necesidad, ha resultado un poco más económico que adquirir una computadora, y es más viable y práctico de usar en cualquier espacio, además, de ser un medio de comunicación indispensable ante la inseguridad que se vive en el país y así mantener en contacto a padres e hijos en las escuelas, mandar ubicación o audios de la salida de clases.

Se tienen muchos beneficios con el uso del dispositivo móvil, sin embargo, el ser humano lo ha llevado a espacios de convivencia, como: la casa, la escuela, lugares deportivos, hasta llegar el límite de sentarnos a comer en la mesa, y tener al lado el teléfono, la justificación es porque se espera un mensaje urgente y la costumbre emana contestar inmediatamente. Estar reunidos en familia no es lo mismo, no hay diálogo, es no contar las aventuras del día, logros, fracasos, la plática es con el otro, aquel que está detrás de la pantalla.

Otro momento reflejado son las noches, antes de dormir tenemos en nuestras manos el teléfono, consultamos la vida de personas famosas, políticos, documentales, noticias, hasta la novela favorita sin la necesidad de recurrir a la televisión, y ahí podemos estar sin darnos cuenta del tiempo, hasta que nos duelan las manos o alcancemos a bostezar.

No obstante, hay quienes intentan no caer en esta ola tecnológica, prefiriendo apagar teléfonos, colocándolos en silencio, hacer los quehaceres y disfrutar de un platillo delicioso con tranquilidad, momentos agradables, sin subir a los estados de WhatsApp lo que acontece en la vida.

Es importante resaltar, las líneas manifestadas en este texto, es con relación a las observaciones realizadas de espacios locales e inmediatos, por lo que agrego, este tipo de acciones se han identificado en los jóvenes, y muy recientemente en niños pequeños, quienes están largas horas jugando en el teléfono celular, y no contar con esto, implica llorar o gritar como si fuese un juguete que han arrebatado. Las tareas de la clase, del hogar, se suspenden por navegar en la red, inmiscuirse en los videos del momento es lo más significativo que abrir el libro de lenguajes.

De cierto modo, estamos inmersos en esta dinámica tecnológica, incluso contar con un teléfono básico o de gama alta, procuramos no olvidarlo en ningún sitio y llevarlo a todos los espacios cotidianos. Esto no significa que sea algo terrible, pero se vuelve complejo cuando observamos a los niños con un teléfono a una temprana edad y con mayor razón sin la supervisión de los padres.

El avance tecnológico es la mejora de las comunicaciones, sin embargo, este dispositivo electrónico también limita el diálogo entre padres e hijos, sentarse en familia y comer a gusto se ha vuelto rápido y sin sentido, porque la mercadotecnia ha generado que el teléfono sea un compañero en el diario vivir.

 

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