La libertad de expresión es una piedra angular de toda república; sin duda es un pilar de la vida democrática, pero, para ejercer esta libertad, hay que tener suficiente información y formación para poder expresarse eficazmente.
Esto es un proceso de construcción de instituciones y de ciudadanía que está enlazado con el derecho de toda persona a que se le proporcione, de manera expedita, información relevante sobre la actuación de funcionarios del poder público, en particular del uso y destino de los recursos de todos.
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Por eso, en la lógica de dinamitar este derecho en México, se suprimieron instituciones como el Instituto Nacional de Transparencia, que era garante de proporcionar con agilidad y pertinencia los datos de información de todo tema de interés para las personas e instituciones. ¡Que gran incoherencia de quienes querían “purificar “la vida pública!
El otro sustento de la formación ciudadana es la educación que, aunado a la creación de pensamiento crítico y cívico, comunica valores, esenciales para la convivencia social. Lo anterior es diametralmente opuesto a un pensamiento sostenido en la demagogia y en las emociones e ideologías que envenenan a la población, atiborrando las mentes de términos y palabras que desvirtúan la realidad y solo dan espacio a un pensamiento único que facilita la manipulación de las conciencias, creando “zombis” robotizados para convertirlos en súbditos de un régimen que quiere controlar todo. Esto es una antípoda de la pretensión edificante de crear ciudadanos con pensamiento propio y crítico.
En México este desastre se fraguó con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia en 2018, iniciando un ejercicio del poder como un patético mentiroso, sembrando rencor e insidia para dar lugar a la polarización social y sacar provecho de ella. La historia del país la convirtió en una narrativa a su modo, manifestando una personalidad propia de un resentido extremo, lo que en parte se explica por su pasado personal como estudiante “fósil” en sus estudios universitarios.
Eso explica sus complejos y agresividad ante la comunidad científica y cultural, siempre reacio a cumplir con la obligación de promover los intereses del país frente a otros jefes de Estado. Creo que le daba pánico que quedaran expuestas sus torpezas y su nula capacidad como estadista; y cuando se atrevía a opinar sobre acontecimientos internacionales fue objeto de sorna y burlas en todo el orbe.
A muchos mexicanos nos da pena ajena las barrabasadas de AMLO, su estulticia que rayaba en el delirio cuando afirmó, al principio de su sexenio y sin sonrojarse, que en un año México tendría un sistema de salud similar al de Dinamarca. También recordamos cuando se atrevió a decir que el nuevo aeropuerto de México sería el más importante de América Latina y uno de los mejores del mundo, o cuando sostuvo que el Tren Maya sería uno de los proyectos ferroviarios mejores del mundo (como le gustaba ese término, al parecer no se sabía otro).
Hágame el favor de comparar este proyectito de tecnología de segundo orden, con los trenes súper rápidos y seguros que pululan en Europa, Asia y Norteamérica. Semejantes desparpajos dan risa y la lista es interminable. Para no aburrirle solo cabe subrayar a la “farmaciototota”, que sería depositaria de grandes reservas de todas las medicinas habidas y conocidas en todo el mundo (¡otra vez esa palabreja!) y que atendería como Amazon a todos los que quisieran surtir sus recetas. Por supuesto, fue un fracaso total y un nuevo despilfarro de miles de millones de pesos de los impuestos de todos.
Una reflexión es pertinente: ¿por qué, pese a los muy malos resultados en todos los rubros, la presidencia anterior y la actual, y muchos de los gobiernos estatales de Morena, tienen un alto nivel de aceptación entre la población? Desde mi punto de vista, esto se explica en buena parte con el viejo dicho de pan y circo. Empecemos con el segundo, la propaganda en todos los espacios y niveles; en su narrativa la 4T inventa logros y resultados que solo están en su imaginación y en el uso tramposo de los datos que acomodan a su antojo.
La mañanera es el escenario donde se miente todos los días con interlocutores o pseudo periodistas a modo; desde ahí se inventan enemigos ficticios o, de plano, sin fundamento alguno, se descalifica sin pruebas a toda institución o personalidad que cuestione el actuar del gobierno.
En cuanto al pan, los programas sociales que ya son derechos constitucionales, pero que ilegalmente son usados como política clientelar y para manipular a jóvenes y adultos con propósitos estrictamente electorales. Hay que reconocer que les ha resultado bien esa estrategia. Basta con observar las escenas indignantes de las movilizaciones y acarreos masivos: ancianos, hombres, mujeres y jóvenes convertidos en vasallos creyentes y que, como pillos, los líderes de la 4T manejan para sus fines del culto a la personalidad y de concentración del poder.
En este actuar no hay recato alguno; el régimen oligárquico continúa, claro, con reacomodos, dado que ahora se incorporan como nuevos multimillonarios miembros destacados de la 4T, producto del saqueo al erario, además de los otros componentes del bloque dominante, a los capos del crimen organizado y militares de alto rango que con López Obrador encontraron una gran oportunidad de amasar grandes fortunas; este saqueo no tiene precedentes por la bajeza de espíritu de los dirigentes de Morena.
Sheinbaum se desenvuelve no como presidenta de México, sino como líder facciosa de una camarilla; ella misma arrastra y enloda su investidura. La oposición se desdibujó; el PRI, el PAN y MC no han mostrado voluntad de confrontar vigorosamente los abusos, excesos, desatinos y complicidades del actual gobierno. No hay indicios de querer movilizar a la sociedad para resistir con energía los atropellos de la cúpula morenista. En la resistencia solo aparecen como cabezas notables en la defensa de la democracia intelectuales destacados, lo que queda de las asociaciones civiles y, por supuesto, un periodismo crítico y profesional que ha puesto el dedo en la putrefacta llaga de las acciones gubernamentales.
La represión no se ha hecho esperar: se inventan delitos conforme a las circunstancias a través de las fiscalías estatales y de la Fiscalía General de la República; todo se ensucia. La UIF y el SAT, reciben instrucciones para acusar, amenazar e intimidar a opositores.
Hay síntomas alarmantes de que, en muchos estados como Sinaloa, Zacatecas y Michoacán, el crimen organizado es el brazo represor contra personajes que incomodan a la 4T. AMLO y Sheinbaum han sido persistentes en insultar y agredir de forma por demás grosera a los partidos de oposición, asociaciones civiles, medios de comunicación e intelectuales y periodistas destacados, defendiéndolos y tildándolos de neoliberales, conservadores, oligarcas y corruptos. Pero lo curioso es que estos mismos adjetivos son los rasgos distintivos de la 4T.
Veamos primero el término “neoliberal”: se acuñó en el último tercio del siglo pasado para caracterizar a un capitalismo que se consolidó con la globalización galopante y el rol dominante del capital financiero en los circuitos económicos. Resulta que tanto AMLO como Sheinbaum han cobijado y protegido a banqueros e instituciones financieras privadas, permitiéndoles cobrar tarifas y comisiones leoninas por los servicios crediticios y bancarios que prestan, muy por encima de lo que se recibe por igual servicios en Canadá y Estados Unidos, nuestros más importantes socios comerciales.
México es un paraíso para los banqueros, amasando abusivas utilidades agravadas por el hecho de que la actividad económica registra un estancamiento en los últimos siete años. “Amor con amor se paga”.
El otro adjetivo superficial y simple es tildar de “conservadores” a quienes no piensan como ellos, pero lo curioso es que este calificativo le queda a la medida a la 4T, porque destruyeron todo el avance democrático que se logró en décadas de luchas sociales, regresándonos a una época que creíamos ya superada. ¿Cómo se atreve a llamarse de izquierda esta camarilla de pillos?
Tenemos que elevar el nivel de la resistencia. Por ello es crucial solidarizarnos con todos aquellos que sufren persecución y agobio de este gobierno opresor. Tal es el caso de Rodolfo Ruiz, director de nuestro periódico que, por atreverse a denunciar la corrupción le están fabricando delitos para sacarlo del escenario público y apagar una luz de esperanza.
Creo que los últimos elogios del mandatario poblano a Rodolfo Ruiz tienen un símil con el beso de Judas. Lo que hoy le suceda a Rodolfo podrá sucederle pronto a cualquiera. El tiempo se está agotando. Evitemos el peor de los escenarios.