La escritura es lo único que tienes para expresar los más mínimos detalles, es levantar la voz como el arte de redactar conceptos o símbolos. Hoy en día, podemos manifestar nuestras creencias y formas de pensar en diversos medios, principalmente digitales. En ese sentido, las redes sociales ocupan un papel fundamental como fuente de poder y convencimiento de las sociedades actuales. Por esa razón, utilizaré este recurso para mencionar ideas que aquejan últimamente mi percepción, ante un país que no tiene rumbo ni objetivos.
Estuve muy presente en varias de las manifestaciones organizadas en el estado de Veracruz, cuando en aquel momento el presidente de la república era Enrique Peña Nieto y el gobernador Javier Duarte. Como universitaria y estudiante de Historia tienes muchos sueños y objetivos para tu persona y con tu país, el haber leído autores fundamentales que forjaron mi pensamiento y acciones, conllevó a darme cuenta de las dificultades, así como necesidades por las que atravesaba México.
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Analizar cada evento histórico me permitió reflexionar la educación recibida antes de la carrera, donde me habían enseñado una historia de héroes y villanos, conquistadores y vencidos, entonces, todo eso surgió en mi la idea de haber sido engañada y adoctrinada por la educación tradicionalista.
Sin embargo, la Universidad abrió la posibilidad de tener una percepción diferente de la historia, del origen y desarrollo de mi país en todos los aspectos. Me di cuenta de que faltaba mucho para poder ser un México democrático, donde prevaleciera la justicia, caminar las calles seguras tanto de día como en la noche, sin tener miedo a ser asaltada, secuestrada o asesinada, sin casos de corrupción e impunidad.
En ese momento la información proliferaba en las redes sociales y las tendencias marcaban hacia las reformas estructurales del gobierno peñista, así como el caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Fue tanto el repudio, enojo, y tristeza por lo que sucedía en el país, ante ello, la única vía era alzar la voz, unir lazos entre jóvenes y salir a manifestarse llevando pancartas, mantas y cartulinas que reflejarán mediante frases el hartazgo de un pueblo que vio el regreso de un partido represor. Nadie más sentirá la adrenalina y el enojo de formar parte de una manifestación tan grande como se vivió en tiempos del Duartismo en Veracruz.
Hubo momentos que ni el sol ni la lluvia pudieron impedir reflejar frases como: ¡Vivos se lo llevaron, vivos los queremos! Dábamos a conocer a la sociedad que no confiara en los medios de comunicación, lanzando lo siguiente: ¡Televisa idiotiza! ¡TV Azteca apesta! Muchos nos observaban desde la ventana de sus oficinas o casas e inmediatamente decíamos: ¡Únete pueblo, únete!
Era una voz a coro que mostraba el coraje y gritos sobre la pronta resolución del caso Ayotzinapa, las desapariciones forzadas de personas conocidas, amigos, estudiantes y periodistas. Lo más estremecedor en cada una de las marchas, sin duda alguna, fue cantar el himno nacional a todo pulmón. Es aquí, donde me di cuenta, que vivía en un México que importaba solo a unos cuántos.
Aunque, hay razones, las manifestaciones no lo eran todo, se generaba un enorme tráfico, muchos no estaban de acuerdo con esto, por que la realidad inmediata te decía mucho, el comerciante tenía que trabajar, el mesero llegar a tiempo, la asistente, la secretaria, el enfermero, el doctor y todos aquellos que debían llevar un sustento cada día en el hogar, marchabas o perdías el trabajo.
Me pregunto si realmente la culpa la tenían las televisoras, TV Azteca y Televisa al producir programas como la Rosa de Guadalupe que tanto repudiábamos. ¿Ha cambiado México del sexenio peñista a la actualidad? Por supuesto que sí, el contexto es diferente, en todos los aspectos.
Con el obradorato donde prevaleció el discurso populista, crear y otorgar programas sociales para tener contentos a todos, además de polarizar a la sociedad, se volvió un México más conformista, cómodo, callado, pasivo. Poco a poco te metieron en la cabeza si te manifestabas corrías el riesgo de ser reprimido, y no solamente en cada una de las plazas, también, te exponían por compartir y escribir en las redes sociales. Hoy, es lo mismo, es la continuidad de un gobierno donde no hay objetivos, convicciones claras, sino más bien intereses propios, por que eso es la política, la que vive de apariencias, discursos muy gastados y lo peor, es que de alguna manera sigue funcionando.
Precisamente con apoyo de los medios de comunicación y redes sociales, quien no está de acuerdo con las ideas de la aparente transformación, es señalado como un opositor, un carroñero, simplemente no te interesa México. Además, todos los días, utilizan el poder del convencimiento en las mañaneras para mostrar al mundo, que es el país donde no sucede nada, todo marcha bien, la perfección andando.
Muchos se enteran y otros no, porque la vida continúa, no todos están pendientes, incluso la información hasta se vuelve el teléfono descompuesto y terminas creyendo respecto a tus convicciones, o llegar al grado de olvidar tus propios valores.
Me cuestiono: ¿Habrá un escenario donde exista la verdadera democracia y la justicia? ¿El apoyo a las madres buscadoras? ¿Se atenderá la situación de ya no más impunidad ante los casos de feminicidios? y ¿la tranquilidad del mexicano? Son interrogantes que reflejan mi sentir.
Solo la historia lo determinará. Aquellas voces dadas a conocer en los últimos movimientos surgidos a raíz de un gobierno que no está dispuesto a escuchar. Me queda decir, esos momentos de manifestación y lucha que presencié siguen latiendo, puedo levantar la voz de muchas maneras, sostener la idea de un México posible ante la ambición y deseo de poder.