Y todo lo que creí que era para mí resultó que se fue y se ahogó en una carretera. Ni siquiera pude verlo irse en el mar.
Que si extraño lo que fui, sí, lo extraño.
Que si me preocupa en lo que me convertiré, sí, me preocupa.
Que muchos días solo lidio con lo que soy, por supuesto.
Y que en este momento me siento capaz de dibujar con pluma de verdad todo lo que de mí he sido capaz de narrar, también es cierto.
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Que si suena confuso, sí, así suena.
Que si suena contradictorio, sí, también así se oye.
Que muchas veces, así se escucha la sinceridad. Nadie lo puede negar.
Que transite en unicornios de fantasía mintiendo sobre vivir siempre con seguridad, lo creo menos real que el animal en el que va montado.
Pues ponerse unas gafas negras y salir a caminar con tu perro, a veces, es por vanidad, dolor, disciplina de una rutina o la lucha contra la sobriedad de lo que se extraña y contamina.
Claro que cansa la soledad, y por supuesto que harta la compañía.
Es un hecho que en muchas decisiones la duda va de la mano, y que en cada esquina está parado un arrepentimiento observándonos, recordándonos que hubo algo pendiente de decir a un gran amor, un gran amigo, los padres, los hermanos o cualquier enemigo.
La fiebre también llega por el exceso de pendientes y lo lento de las acciones.
El cuerpo también duele por fracturar la vida en la cabeza sin siquiera arañarnos la pierna.
De todas formas, la tierra también amanece nublada para decidir después despejarse.
De todas formas, el universo también hace brillar estrellas muertas y esconde planetas vivos.
Los sueños cuestan y los problemas llegan sin desearlos.
Los árboles crecen nada durante años y un día aparecen ahí: tan imponentes, tan altos y eternos.
La vida no es clara, la vida es contradictoria.
O simplemente, por aferrarnos a ser como somos, entendemos inversos todos sus procesos.
Pues, visto de otro modo:
Las olas no son desorden, sino el ritmo de la luna.
Una rosa no deja de ser hermosa si solo la observas sin retar a las espinas.
Un camino no es complicado si dejas de entenderlo como mapa y lo enfrentas como aventura.
Tu mejor versión no tarda si esta tarde —sea la que sea— le invitas un café y, en silencio, la disfrutas.
Vivimos en vivo y en directo, sin tiempo para poder resolver todos los enigmas de nuestra cabeza, sin control sobre todo lo que falta o sobra fuera de ella.
Y sí, la mayoría de lo que nos acontece no nos involucra, y eso es lo que duele.
La mayoría de lo que avanza no nos lleva, y eso nos detiene.
Pero qué necios somos al ver tan poco relevante lo que sí nos es inherente: el conocimiento que sí nos concierne, las misiones que sí nos incumben, las personas que nos influyen y el rato que sí nos pertenece.
Pues contradictorio es lo que queremos que se fuerce.
Contradictorio es tomar a la vida como mañana, entenderla como ayer e ignorarla mientras está aquí, hoy.
Contradictorio es no entender que el salmón no va en contra, sino sobre la corriente que le conviene.
La luna no desea ser sol.
El sol jamás contempla ser luna.
Y cuando se topan, solo existe admiración.
Qué amor tan maduro hay en donde hay más años y sabiduría que los que vivimos hoy.
Pues no estamos distantes, estamos donde decidimos.
Porque sentir desconexión no es consecuencia de alejarse, sino de dejar de hablar o hacerlo solo para quejarse.
El olvido no tiene que ver con dejar de ver a alguien, sino con desear ir solo, sin copiloto en el volante.
Gracias por vivir como vivo y voy.
Gracias por soñar como sueño hoy.
Gracias por sentir el dolor que siento hoy.
Pues cuando se vayan esos tres espacios, los ocuparán otras situaciones que aún no caben en el auto en el que voy.
Quizás, esforzándome por ver sonreír más a este que hoy me acompaña, logre construir al que, en mis buenos momentos, me he platicado ser mañana.