Ya hemos señalado que la elección de los Consejos de Unidad Académica (CUA) de la BUAP es la más compleja y lo es por varias razones.
Tomemos en cuenta que este consejo, al igual que el Consejo Universitario para la universidad, es la máxima autoridad dentro de las escuelas, facultades e institutos, de manera que regulan, por así decirlo, la vida cotidiana de la unidad académica. Claro, cuando éste es convocado por la autoridad personal que lo preside.
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Creo que es la primera vez en muchos años que empatan las elecciones de los consejos de unidad académica con la de las autoridades personales de esas unidades, en este caso ocho: cinco facultades y tres preparatorias.
Analicemos el panorama de estas ocho unidades académicas para extraer algunas conclusiones.
Para empezar en ninguna hay candidaturas únicas a la dirección. En la Facultad de Administración hay cinco, en la de Ciencias Agrícolas y Pecuarias tres, y en las seis restantes hay dos candidaturas en cada una de ellas.
Veamos ahora la configuración de las fórmulas registradas para representar a docentes, estudiantes y no académicos. En este último caso todas son candidaturas únicas y en todos los Consejos de Unidad (CUA) tienen un representante.
Recordemos que tanto los docentes como los estudiantes tienen representantes por subsectores, con el mismo o distinto peso electoral, pero al final ambos sectores tienen el mismo número de votos electorales.
Así en la Facultad de Administración los docentes se distribuyen en siete subsectores y hay registradas nueve fórmulas, o sea, dos más. Esto significa que sólo quedarán siete de las nueve. Los alumnos tienen los mismos siete subsectores, pero registraron veinte fórmulas, casi tres por subsector. Uno pensaría que hay por lo menos tres candidaturas ligadas a las distintas fórmulas, pero el asunto no es tan mecánico, pues en el subsector de Administración de Empresas se registraron cinco fórmulas y en el de Administración Turística cuatro; en los dos subsectores de Administración Pública y Gestión del Desarrollo y Gastronomía tres; en los de Negocios Internacionales y Comercio Internacional dos; y en el Posgrado una fórmula.
Esto significa que de las veinte fórmulas quedarán siete. Y aquí no podemos sino recomendar a los representantes de cada fórmula que estén muy pendientes de todo el proceso de votación y conteo porque por un solo voto pueden perder el voto electoral. Por ejemplo, si hay 101 personas en el padrón y el candidato A obtiene 51 votos y el candidato B 50 votos, este último pierde por un solo voto y todos los votos electorales que representa esa opción ante el CUA.
Esta es una de las razones más importantes por las que las elecciones deben ser presenciales y no electrónicas.
En el caso de la Facultad de Administración no hay ninguna candidatura que vaya por la reelección, pero comparemos los casos de las Preparatorias “Alfonso Calderón Moreno” y la Urbana “Enrique Cabrera Barroso”. En la primera hay pretensión de reelección y en la segunda podemos concluir que no la hay a partir de las fórmulas registradas.
En todas las preparatorias los docentes se agrupan en catorce subsectores, al igual que los alumnos. En la “Calderón” todas las fórmulas son únicas, tanto de docentes como de estudiantes. Con un voto quedan. En cambio, en la Urbana “Enrique Cabrera Barroso” hay catorce fórmulas de docentes, todas únicas también, pero hay 28 fórmulas estudiantiles. Tal parece que entre los profesores hay acuerdos independientemente de la candidatura; no así en el caso de los estudiantes.
El caso de la Preparatoria “2 de Octubre” es intermedio, hay 16 fórmulas de docentes y no 14, y además hay 22 fórmulas estudiantiles.
Vale la pena detenerse en el peso que tienen los distintos votos electorales en las Preparatorias. Por ejemplo, en la “2 de Octubre” se registraron cuatro fórmulas en los subsectores del segundo y del tercer año matutino, y en el primer y segundo año vespertino; además tres fórmulas en los subsectores del primer año matutino y tercer año vespertino. En total 22.
No es que haya una fórmula por cada candidatura a la dirección, pues hay hasta cuatro por algunos subsectores. Lo que sí sucederá es que de esas cuatro quedará sólo una, y en el caso de los primeros años, tanto matutino como vespertino, esa posición les dará tres votos electorales, y en el resto sólo dos, cuya suma equivale a los 14 votos electorales estudiantiles.
Ya se imaginarán la importancia que tiene ganar los primeros años de las preparatorias. Bueno y aquí la experiencia entre los estudiantes es poca o nula en cuanto a la vigilancia de las casillas electorales y todo lo que esto implica, como ya lo señalamos arriba.
Veamos cómo está el panorama en las otras cuatro unidades donde se elige también a la autoridad personal.
En Enfermería hay dos subsectores tanto de docentes como de estudiantes. Los primeros registraron tres fórmulas y los segundos cinco.
En Cultura Física hay cinco subsectores de cada sector, los docentes registraron ocho fórmulas y los estudiantes doce.
En Ciencias Biológicas hay nueve subsectores, los docentes registraron nueve fórmulas, obviamente únicas; y los estudiantes registraron quince.
En Ciencias Agrícolas y Pecuarias hay seis subsectores y tanto los docentes como los estudiantes registraron seis fórmulas, a pesar de que hay tres candidaturas a la dirección. Esta unidad académica, junto con la Preparatoria “Calderón”, tiene puras fórmulas únicas, lo que nos induce a creer que también ahí se “cuece” una reelección o, lo que es lo mismo, dos candidaturas “de relleno”.
¿Qué conclusiones podemos derivar de este panorama?
La primera, que la reelección inhibe la pluralidad en la participación y el juego libre de posiciones político-ideológicas, pues la candidatura a reelegirse obviamente cuenta con el control no sólo del aparato electoral sino también de la vida laboral de docentes y administrativos, a través de los cuales se puede ejercer presión sobre las y los estudiantes.
La segunda, que a pesar de todos los controles y verticalismos, el sector estudiantil participó en mucho mayor medida que el magisterial y ni se diga que el administrativo, lo cual obligará a las fórmulas ganadoras a representar efectivamente a todo el sector.
La tercera, que esta participación plural del estudiantado es signo inequívoco de su politización, esto es, de su interés por ocupar el lugar que le corresponde en la toma de decisiones que definan el rumbo de su unidad académica y de su propia educación profesional.
La cuarta, que la votación sectorial para elegir a la autoridad personal de su unidad académica, sobre todo en el caso de las fórmulas únicas, enfrenta a las y los estudiantes con un “cuello de botella”. No importa si todo el estudiantado vota por una candidatura, siempre perderá frente a la “mayoría” de votos compuesta por el sector magisterial y el administrativo. Es en esta última conclusión, relativa a las autoridades personales, que no podemos menos que reconocer la exigencia del estudiantado de elegir por voto universal a las direcciones de unidad académica y a la rectoría de la universidad.