Ser serrano en Puebla es cosa de héroes. Cotidianamente mencionados por todos los políticos y ancestralmente ninguneados por todos los gobiernos; tema de todos los discursos patrios e inexistentes en los presupuestos y proyectos jugosos; protagonistas desolados de todas las fotografías de campaña y desparecidos perennes de los empleos públicos con salarios de nepotismo y cuatitud.
Por ello y ante tan desmesurada ignominia gubernativa ancestral, qué tal si ahora, ante la repetida tragedia serrana (1999/2025), pugnamos porque sean el foco de la atención estatal y destino de todos los recursos habidos y por haber, aunque sólo sea por esta vez.
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¿Cómo? Bueno, van algunas ideas.
1. Y si en vez de pagarle a Banorte el pequeño préstamo de 2 mil 195 millones el Museo Internacional del Barroco, echamos para atrás ese trato y se lo vendemos, de esa manera los 8 mil millones que nos pagarían podríamos transformarlos en casas y carreteras serranas.
2. Y si en vez de ocupar ―una vez terminado― el nuevo edificio de la Secretaría de Finanzas, se lo alquilamos al Hospital Ángeles (que está ahí cerquita) y con esas rentas mensuales procuramos la educación universitaria de los jóvenes y jovencitas serranas.
3. Y si en vez de darles recursos financieros extraordinarios a los legisladores para que hagan proselitismo enmascarado de informes de labores, les compramos a precios competitivos los productos del campo serrano.
4. Y si en vez de construir un albergue para perros y gatos desbalagados, utilizamos ese presupuesto en proteger a nuestros niños y adolescentes de las garras del narcotráfico y la violencia serranas.
5. Y si en vez de viajar en helicóptero cada jueves y domingo, los costos de ese insultante confort lo utilizamos en asegurar el agua potable gratuita en las sierras poblanas.
6. Y si en vez de continuar siendo tan viles financiera, política y administrativamente para con los serranos de Puebla, ponemos en práctica, absoluta y total, el credo morenista de: “Por el bien de todos los poblanos, primero los pobres serranos”.
Digo y si, aunque sea por esta única ocasión, cuidamos a conciencia y con verdadero amor poblano a nuestras mujeres, infantes, ancianos y hombres de las rancherías, comunidades, villas y poblados serranos para que no vuelvan a vivir el horror pasado en 1999 y ahora en el 2025.
Después de todo y para el caso más reciente de “éxito gubernamental”, qué mejor que los 8 mil millones de pesos que podríamos ahorramos del MIB, los obtenemos con su venta, destinándoles a dignificar la vida de unos cuantos de nuestros compatriotas de las ninguneadas y caciquiles sierras de Puebla.
¿O no le parece justo?
P.D. Desinteresadamente les sugiero a la dependencia de Comunicación Social de Alejandro Armenta, que en los próximos videos propagandísticos sobre la obligatoria labor del gobernador de supervisar los trabajos de atención al desastre de la sierra poblana, cuando menos le enloden las botas y le pringuen la vestimenta por aquí y por allá, para que logren el impacto deseado de preocupación y ardua faena de contención y consuelo, ya que en el primero de estos ignominiosos videos se destacan hasta la raya de planchado del pantalón y la camisa.
O sea, que si no ha de haber verdadero amor que al menos haya verosímil congruencia.