Un grupo de periodistas charlamos con el presidente provisional del PRI en el estado, el guerrerense Juan José Castro Justo. Tres veces diputado federal, dos local. En el lenguaje rural, “una liebre muy escopeteada”.
Aún no es fácil de digerir que el tricolor, omnipotente durante unas siete décadas, esté en vías de extinción. Castro ocupa temporalmente el lugar de Néstor Camarillo, un político saltimbanqui. Oriundo de Quecholac, con olor a huachicol de origen que nunca se pudo quitar, hoy salta a otro partido con el augurio de que terminará en Morena, donde prácticamente reciben de todo, desde cascajo hasta a Adán Augusto. O al revés, desde Adán hasta “barredores”.
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Hombre de charla amena no elude tema alguno. Fustiga duramente a Morena con muchos argumentos: “emergieron contra la corrupción y hoy casi es su bandera, la inseguridad crece igual que la deuda”, y por ahí se va.
-Oiga -le dice un colega-, pero hoy comparan mucho a Morena con el PRI…
-“No, nos la gana, están peor, baste citar la corrupción e inseguridad que se percibe”.
Se muestra confiado en que su partido se recupere y cita los ejemplos de Durango y Veracruz. Puntualiza que el PRI no participará en la consulta sobre la reforma política, porque es una simulación que se maneja y controla desde el poder.
Dice que se reúne y conversa con priistas de viejo cuño, los que quedan; cita de modo preponderante al exgobernador Melquiades. También a Germán Sierra y Víctor Giorgana, pero carraspea un poco cuando se le dice que estos están más cerca del PAN que del PRI, pues fueron asesores en nómina de Eduardo Rivera en la presidencia poblana.
Admite que muchos del PRI en Puebla han renunciado, pero aclara que ni siquiera estaban afiliados un buen número de ellos. Presume un padrón de 42 mil priistas y tener 32 ayuntamientos. No es hombre de estridencias y asume que prepara la elección del comité estatal con optimismo y con los pies en el suelo.
Así ve las cosas desde Puebla Castro Justo.
Sin ser explícito al respecto, le anima la pésima administración del presidente municipal José Chedraui, quien ofrece todo el tiempo muestras de hacer un trabajo muy consistente para que Morena pierda la próxima elección en la capital poblana.
Y esto es verdad. En la capital poblana no existe la percepción de que aquí esté operando una administración eficiente, con un programa y ruta cronológica que aportebuenos resultados en la evaluación cotidiana.
A veces se dan tibios logros de una disminución en la inseguridad aquí en la capital, pero no pasa una semana sin que se registre un nuevo y espectacular robo, asalto o crimen en determinados restoranes, comercios o sitios emblemáticos que pulverizan cifras optimistas.
Los golpes del hampa parecen cada vez más osados y no se advierte una sustancial mejoría en el clima de la percepción general en esta materia.
En sentido contrario, en otras capitales del país se escuchan positivos resultados que llaman la atención respecto de cómo se afronta la inseguridad y más de uno comenta cuál es la razón por la que aquí no hay progresos realmente sustanciales.
Por otra parte, es verdad que la oposición en Puebla, como en gran parte del país, no da signos de presencia ni de trabajo. No hay liderazgos ni causas. Pero esto es engañoso. Primero porque no estamos en tiempos electorales, y después porque todo poder se desgasta con el tiempo.
Pero en el caso de la capital poblana, la historia registra que en paralelo al partido dominante, subyace una oposición conservadora con fuerte vinculación panista que mantiene una actitud contraria muda y que emerge seriamente en tiempos electorales.
Frente a esto, por lo menos en las elecciones recientes, ha tenido que aparecer una una figura dominante con un liderazgo fuerte y experimentado como es el caso del gobernador Armenta, para ganar para su partido no solo la gubernatura, sino las demás posiciones incluyendo la presidencia nacional, pero este fenómeno no se repetirá en automático en la próxima elección. Por lo menos su nombre no estará en la boleta.
Por todo esto, hay que seguir con lupa lo que sucede en Puebla cada día.