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OPINIÓN

El escenario venezolano

Las garras del imperio ejecutan una operación bélica teatral muchas veces montada en diversos países

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Martes, Agosto 26, 2025

La renuncia de Nicolás Maduro es el precio más corto para su cabeza. Lo pensó bien, salvar el pellejo antes de la humillación violenta. Viene ahora la revancha de sus enemigos. Sus días están contados. La rebelión social en las ciudades venezolanas es cuestión de horas.

No era difícil pronosticar el final. La obra la tiene bien ensayada el imperio. La ha repetido múltiples ocasiones en distintos países del mundo. El policía arrogante de las barras y las estrellas así procedió ayer, ahora, y lo hará mañana. Con otros escenarios, con China en el tablero.

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En territorio mexicano lo hemos visto. El episodio más salvaje y cínico fue el golpe contra Madero con el idiota útil que fue Victoriano Huerta.

El epílogo venezolano estaba perfilado. Un cerco de hierro, nidos de misiles y cohetes, buques de guerra, helicópteros artillados, todo es una obra bélica minuciosamente armada. Un círculo de terror como marco a lo que se anticipaba. El tigre de papel de estraza rodeado por mar y aire por una maquinaria infernal que en unas cuantas horas sometería la reacción venezolana.

Vendrían después los atentados terroristas en Caracas y los lugares estratégicos de ese país. La CIA y sus operadores locales infiltrados en todo el territorio preparan el escenario del terror. Boquetes en la economía, carestía, escasez de alimentos, apagones, todo previsto para estimular la rebelión popular.

Algo semejante ocurrió en Chile, con Pinochet como títere y Allende como víctima.

En paralelo, en las sombras, los agentes estadunidenses seleccionan a los jefes de la élite militar para ofrecerles el poder en la transición. Nada de ofrecerles dinero, se han enriquecido como nadie en los últimos años. La única oferta: perdonarles la vida.

Maduro es insaciable en amasar fortuna. Le decomisan una riqueza de 700 millones de dólares en los Estados Unidos, pero eso sólo es una pequeña parte del botín. Mañana puede amanecer asilado en Moscú.

El programa comprendería la deserción de los mandos militares de la cúpula y el golpe de estado “para salvar a la patria”, el parlamento de siempre de los traidores. Maduro se acogería al manto disimulado de sus compinches para no ser capturado por los gringos.

Los golpistas permanecerían unos días mientras la cúspide del poder desarticulada establece una agenda para ceder el mando a un gobierno provisional que convoque a elecciones en el corto plazo. Estados Unidos se reserva el derecho de llevarse a los capitostes del poder para juzgarlos en su territorio como criminales de guerra.

Maduro siente la soga cerca y con una oratoria rancia, demagógica y de latón patriotero, disimula su huida. Ello da pie a la otra rebelión: la de sus seguidores a quienes primero repartió dinero, comida, prebendas, para comprar simpatías y apuntalar su poder siempre sostenido por las bayonetas y aceitado con el oro obtenido del petróleo y del narcotráfico.

En los días recientes, a los mismo, esa claque comprada para sus escenarios teatrales, les repartió uniformes y armas con un señuelo patriotero barato. Estas huestes se sienten traicionadas por el payaso trágico y son las primeras en reclamar su cabeza.

Este es el escenario pacífico previsto.

El otro, en caso de mantener una necedad idiota, unos cuántos misiles disparados desde los barcos de guerra a las instalaciones militares y barrios residenciales de la élite del poder, bastarían para sembrar el pánico.

Sus generales le aconsejarían pactar una rendición disimulada evitando el baño de sangre y la humillación hiriente con las manos esposadas, las turbas venezolanas saqueando sus residencias y los integrantes de la aristocracia viajando en calidad de reos en helicópteros militares hacia suelo estadunidense.

Esto no queda descartado del todo.

Los militares venezolanos son ciegos y cómplices del poder de Maduro, pero no comen lumbre.

Intentarán salvar las inmensas fortunas y propiedades acumuladas en su país y allende sus fronteras, en bancos europeos y paraísos fiscales. Es difícil que la rebelión venezolana les perdone todo. Vienen días turbulentos para Venezuela.

También puede ocurrir un derrumbe de terciopelo.

Cualquiera de las dos salidas está en marcha.

El imperio ejecuta así, empleando garras artilladas, su infinita ambición de poder, dominio y fortuna. En este caso el botín será el petróleo y el espectáculo para afianzar el poder a la baja de Trump en territorio estadunidense, donde las encuestas cada día le prenden las alarmas.

xgt49@yahoo.com.mx  

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