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OPINIÓN

Ideólogos del nacionalismo conservador en EE. UU.

Detrás de Trump hay ideólogos que identifican un cambio en la política internacional contemporánea

Luis Ochoa Bilbao

Internacionalista y sociólogo. Director de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la BUAP. Se especializa en temas de política exterior, cultura política y sociología de las relaciones internacionales.

Lunes, Agosto 11, 2025

El siglo XXI comenzó con la idea de un poder hegemónico suave por parte de Estados Unidos y la promoción activa de la globalización económica. El poder suave estaría caracterizado por los aportes humanistas, científicos, educativos y culturales que Estados Unidos le hizo al mundo con los alcances de industrias tan importantes como la editorial, la musical, la del entretenimiento televisivo y cinematográfico.

El poder suave construye puentes de entendimiento multiculturales y alcanzó también los hábitos de consumo y de ocio de millones de personas alrededor del mundo.

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En el terreno económico no hay mucho que descubrir. Con la lógica del libre mercado, Estados Unidos consolidó el dólar como la moneda de cambio y promovió las fronteras abiertas al comercio global. Sus grandes aparatos industriales y sus firmas empresariales inundarían el planeta con sus productos.

Sin embargo, en el trayecto de los primeros años del siglo XXI, muy pronto el escenario cambiaría drásticamente tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, y las incursiones en Medio Oriente de la guerra estadounidense contra el terrorismo.

Desde entonces, muchas voces comenzaron a clamar sobre los altos costos que la globalización y el poder hegemónico le hacían pagar a la nación norteamericana. El final de la Guerra Fría era todavía reciente y las especulaciones académicas comenzaban a preguntarse sobre la reconfiguración del orden internacional en el siglo XXI.

En su libro Los próximos 100 años (The Next 100 Years), George Friedman (2009) analiza el contexto internacional de principios del siglo XXI como una fase de transición geopolítica marcada por la hegemonía estadounidense y el reacomodo de potencias emergentes.

Según Friedman, aunque muchos perciben un mundo multipolar o el declive de Estados Unidos, él sostiene que el país sigue siendo la superpotencia dominante, tanto militar como económica, y que su supremacía se extenderá durante buena parte del siglo. Su argumento se basa en la inversión que hace Estados Unidos en materia militar, en su arsenal y en su presencia con bases navales y áreas en todo el orbe.

Friedman describe el contexto internacional posterior a la Guerra Fría como un momento de reordenamiento del poder global. Estados Unidos emerge de la Guerra Fría sin rival estratégico equivalente, mientras que otras potencias —como China, Rusia, Japón, Turquía o Polonia— buscarían posicionarse en un nuevo equilibrio a lo largo del siglo XXI. Sin embargo, Friedman rechaza la idea de un "mundo postestadounidense" y plantea que las principales amenazas a Estados Unidos en el corto plazo no serán militares, sino de tipo económico y regional.

De manera relevante, identifica tendencias que definirán el siglo XXI, como:

1. El agotamiento del modelo de globalización basado en el libre comercio irrestricto;
2. La fragmentación de ciertos bloques regionales, como la Unión Europea;
3. El auge de conflictos en Eurasia por el control del espacio y los recursos;
4. El crecimiento tecnológico y demográfico como factores geoestratégicos clave.

La guerra arancelaria de Trump, el Brexit, las guerras en Ucrania, Iraq, Sitia y Gaza, así como el auge de la Inteligencia Artificial ponen de manifiesto que los augurios prospectivos de Friedman se están cumpliendo. En este contexto, Friedman prevé un “siglo estadounidense”, aunque con nuevas disputas geopolíticas emergentes.

La visión de Friedman sería optimista en lo que se refiere al poder real estadounidense. Pero visualiza esos escenarios conflictivos que, en su opinión, obligarían a la mayor potencia del planeta a tomar posturas más unilaterales, justo como lo podemos observar en el caso de Trump. A poco más de quince años de su publicación, su libro se puede leer como premonitorio.

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