Tuviste una corazonada que te detuvo el alma
y gritaba fuerte mientras la ignorabas,
pues nunca has temido a nada
y ahora, después de un tiempo
viendo que lo que pruebas
no es lo que te saboreabas,
culpas a la mente, al destino y al salvaje planeta
por no avisarte que no todo lo que encuentras
está ahí para complacerte.
Te confundiste
con esas madrugadas que te mataban
mientras acariciaban.
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El agua es vida
y también ahoga.
El amor nos hace libres
y también esclaviza.
El poder lo mueve todo
y también detiene al mundo.
La maldad lastima
y también hace justicia.
El corazón tiene neuronas,
y el cerebro emociones.
Los bares a veces se llenan
de quienes en un trago
encuentran sus redenciones
y las iglesias de mentiras,
abusos y ambiciones.
Quienes hicieron santa a la muerte
temen llegar con ella.
Quienes amamos la vida
le entendemos tan humana
que cada noche le sonreímos
y agradecemos
aunque se termina.
No solo las rosas rojas espinan,
no solo el café colombiano quema la boca,
no solo el dolor lastima,
no solo el caos confunde,
no solo se avanza porque caminas.
Nos envenenamos dejando el cigarrillo
y tomando el frasco de medicina.
Nos deterioramos corriendo todas las tardes
aunque ardan las rodillas.
Qué difícil decisión a veces en la vida
es elegir entre la cabeza o el estómago,
sentir las ausencias o tomar pastillas.
Nada en este planeta,
que es el único que conozco,
suele ser totalmente coherente.
Ni siquiera el sol siempre brilla,
o la noche siempre calla.
Cada quien elige sus caminos,
y solemos olvidar
las decisiones viejas y sencillas
que nos esculpieron
o escupieron.
Por eso resulta tan fácil,
cuando el resultado es malo,
culpar a la suerte
y pedir amnistía.
Hablar claro causa más incomodidad
que una mentira evidente.
Sentir y vivir obedeciendo a lo que se ama
resulta que es rebeldía.
Agachar la cabeza comúnmente lo aplauden,
y se es feliz otro día.
Buscar la realización
ante olas gigantescas,
aunque a veces luzcamos como una lancha,
es la manera más real
de encontrar felicidad todavía.
Todo esto para decirte
que lo correcto e incorrecto
no siempre depende de ti.
Que no pidas permisos
para escribir lo que escribes,
para amar como amas,
para sufrir lo que sufres,
para decidir cómo decides.
De enseñarte
se encargará la vida
una vez que te aventures.
Las historias de otros nutren,
pero no determinan.
Y el corazón se alimenta de latidos,
de verdad,
de aventura.
No le des juicios de quien sea
como si fueran frituras.
Crea un ritual de rebeldía.
El mío es escribir aunque no lo lean,
tomarme un whisky sin basura,
acelerar en la carretera,
gritar con el alma,
**LOS GUNS, DYLAN Y SABINA**,
reconciliarme después de un cigarro
con el espejo que me vigila,
acompaña
y siempre cuida.
Mañana, seguro correré algunos kilómetros,
golpearé el costal con vendas,
guantes y técnica,
comeré bien,
me hidrataré perfecto,
trabajaré en mis sueños
como toda la vida
y, a pesar de ello,
puede que tenga un mal día.
Yo le dicto a mi vida,
aunque a veces
no estamos de acuerdo
en lo que la siguiente hoja diga.