Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La comentocracia, pedacería de verdades

Fusilan a diario a la Presidenta; su pasado los persigue y no influyen

Xavier Gutiérrez

Reportero y director de medios impresos, conductor en radio y televisión. Articulista, columnista, comentarista y caricaturista. Desempeñó cargos públicos en áreas de comunicación. Autor del libro “Ideas Para la Vida”. Conduce el programa “Te lo Digo Juan…Para que lo Escuches Pedro”.

Domingo, Mayo 25, 2025

Una corriente de la comentocracia nacional, y sus seguidores, siempre opositora y generalmente reaccionaria, le apuesta todas sus baterías a descalificar, combatir o destruir a la presidenta y su equipo… e invariablemente le hace lo que el viento a Juárez.

¿Por qué?

Más artículos del autor

Las razones son muchas. Hay vicios de origen. Un alto porcentaje de los críticos por sistema no cumple los mínimos de calidad para juzgar desde una posición imparcial u objetiva. Les gana el odio, el anti. No se sitúan en el justo medio para valorar fallas y aciertos.

A eso se añade su hoja de servicios. Es una constante que el pasado, su pasado los desarma. Ayer, es decir, durante sexenios “jugaron a la crítica” con un techo previsible.

Eran los tiempos en donde criticar era parte del juego del sistema. Los controles y vicios de ese sistema tenían dentro de un corral a la fauna que así procedía. Eran valores entendidos.

La mayor parte de los “analistas” mantenía una actitud filosa sólo hasta lograr la reacción controladora del gobierno. La respuesta del poder era la compra de “críticos” de variadas formas: contratos jugosos de publicidad, inclusión en la nómina, concesiones de servicios o plazas, incluso contratos de obras, o bien la contratación de oficinas de consultoría en materia de imagen y publicidad, o los privilegios que obtenían al amparo de una organización no gubernamental.

Abundaban los despachos de esta naturaleza regenteados por columnistas, analistas o conductores de medios. Así surgieron cuantiosas fortunas al amparo del “periodismo” bajo el techo del poder.

Esa posición de críticos circunstanciales de ayer (sexenio tras sexenio) era un eslabón más del juego y de la pirámide del poder.

Hay muchas formas de comprobación. Una de ellas es muy sencilla. Basta revisar el papel de muchos comentócratas de hoy con su comportamiento de ayer. Antes lanzaban algunas dentelladas “para ablandar al cliente”. Puyazos de ocasión.  Hoy las cuchilladas son absolutamente todos los días. El sexenio de AMLO y el actual.

Sólo que hoy no consiguen chantajear al poder. No están en la jugosa nómina de los sexenios idos. O por lo menos no están entre los privilegiados de hoy. Esos nombres, apellidos y fortunas han circulado, los conocemos; hoy siguen firmando espacios en los medios, aullidos a la luna.

¿Se vale? Sí, por supuesto; es un estilo y modus vivendi. Cada quien su manera de matar pulgas o llevarse el pan a la boca. Pero no se encuentra congruencia alguna en su condición de antes con la de ahora.

No son los mismos de ayer. Hoy ven todo negro, todo. Hasta el vuelo de una mosca. Ayer, por lo común pastaban mansamente en el corral de la nómina.

Otra manera de probar: si tuvieran la razón en todo, en esa crítica feroz que todo lo ve en tinieblas, gozarían de una penetración, credibilidad e influencia extraordinarias.  No hay tal. Ese tipo de crítica se ve, circula, abunda, pero no influye. Hacen trizas a la presidenta todos los días, por lo que hace u omite, por lo que hace o dice… y sin embargo, ella mantiene una aprobación a su gobierno que ronda el ochenta por ciento.

Y el peso de los medios es muy relativo. Su círculo de influencia es muy pequeño, tienen resonancias en círculos “de la grilla”, del chisme, de la oposición que perdió el poder, de los espacios pavimentados de las capitales de las grandes ciudades. Nada más.

No obstante eso, se mantiene el papel machacón: que si el velero, que si falla de gobierno, que si el rancho era un centro de cremación de cadáveres, que si dobló las rodillas ante Trump, que si se acabó la democracia, que si se destruyeron las impolutas catedrales de justicia de este país, etc.

Pedacería de verdades alimentadas por el odio, la fobia ideológica clasista, la soberbia del culto, el anti todo y en favor de nada.

Todo esto, que hoy se ve con un gigantesco vidrio de aumento, un día tras otro, un sexenio y lo que va del otro, no lo vieron durante treinta o cuarenta años. Se colocaron voluntaria y caprichosamente la mano frente a los ojos.

Eran un eslabón de la cadena cómoda, ventajosa y productiva del poder del viejo estilo.

La crítica, para serlo, debiera primero tener críticos congruentes, que no los persiga ni acuse su pasado. Que esa congruencia lo sea en todo. Hay críticos, periodistas o no, que son notables artistas de la simulación.

Que la crítica tenga la dualidad necesaria: aplauso al acierto y exhibición del error. Y lo que sigue: propuestas, ideas, alternativas… En el mapa nacional hay analistas y críticos de calidad, respetables, pero son muy pocos, son islotes en un océano de fobias.

Lo que abunda son elementos que condenan con fuego mucho de lo que ven  allá en frente, pero lo que predican  no lo practican ni mínimamente en sus organizaciones, negocios, organismos que controlan, ni en la academia, el sindicato o en cualquier esfera en la que se mueven. Ni en su persona. Los acusa un Rolex, las camionetas de lujo, el dinero fácil, los negocios oscuros, las mafias y complicidades. La doble moral.

No abunda la calidad del argumento ponderado, sino el enfoque tendencioso. No se advierte la propuesta lúcida desde la silla de la modestia o la humildad, sino la descalificación sabihonda, la ligereza con altanería, o el anonimato que insulta o mienta madres.

Así proceden; ese es su peso.

xgt49@yahoo.com.mx

Vistas: 943
AL MOMENTO
MÁS LEIDAS

Blogs