Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Ten una idea

Reconcíliate con ella, pídele perdón, abrázala, gánate otra vez su confianza, toma riesgos por ella

Rafael Gómez Olivier

(Rafael Goli) Coach y consultor en alta dirección; escritor y creador del método Estocástico. Ha entrevistado a líderes globales, compartido experiencias internacionales y publicado Heroína de Dios, con más de mil copias vendidas. Su columna fusiona reflexión, vivencias y preguntas que invitan a actuar con dignidad e integridad.

Jueves, Mayo 15, 2025

A ese lapso que está entre nacer y morir le decimos vida.
Y por romanticismo tiene la pésima costumbre de no ser eterna, ni estable, ni perfecta, ni cómoda. En sí, la vida es estocástica.

Y puedes estar segura de que quien está al lado, o enfrente, o cruza la calle, o pide un café después de ti, pasa por sentimientos, emociones y días que también le pesan, y días que también le elevan.

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Pero dentro de este pedazo de tiempo —que según una hormiga es casi eterno y, según el reloj del universo, es nada—, solemos darle oportunidad a muchas cosas, personas, pensamientos y situaciones que no nos pertenecen.
Crecemos haciendo caso a los padres, buscando identidad con los amigos, plenitud con el amor de la vida, admiración en las películas y libros, y hogares perfectos en los países que no viajamos y en los hogares que no tenemos.
Tal vez sea más cómodo no comprender nada y seguir dándole segunditos pequeños que se convierten en años a la opinión y formas de otras y otros.

Bueno, no tal vez: sin duda es más cómodo.
Pero no por ello somos felices.
¿Y entonces qué preferimos? Porque al preferir, elegimos un camino, y al elegir uno, sacrificamos el otro. Y sacrificar duele, pero no vivir conforme a tus reglas duele más.

Hoy te diría que te dieras una oportunidad.
Que traigas esa idea de donde sea que le soltaste la mano y la abandonaste.
Que abras esa puerta en la que la dejaste bien encerrada para que no hiciera ruido y no te molestara.
Ve, ábrele.
Reconcíliate con ella, pídele perdón, abrázala, nate otra vez su confianza.
Sal con ella de la mano y dale la oportunidad de ser real y de funcionar.
No la mates antes.
No la mates con juicios, con paradigmas, con escenarios que no han sucedido, con opiniones de quien no ha vivido, con críticas de quien anda dolido, con silencios de quien no va en tu camino.
No la mates.
Déjala intentarlo, déjala ser libre… pero no sola.

Apóyala.
Toma riesgos grandes por ella, arropada con conocimiento, empujada con valentía.
Dale energía más que a otra cosa durante un tiempo.
Dedícale tu talento absoluto.
Invierte dinero, palabras. Priorízala sobre todo lo que según importa.
Viaja con ella a ese mundo en el que sale de la cabeza y se expone a la realidad.
Pero hazlo sin pedir permiso, sin pedir aprobación y confiando tan solo en ambos.
Porque esa idea la creaste tú.
Y todo lo anterior seguro durante tu vida lo has hecho por alguien más.
Y seguro, algunas veces no funcionó.
Y seguro no lo juzgaste tan fuerte como a lo que tú creaste y moldeaste.

Solo date el mismo trato en lo tuyo.
Puede salir bien o mal. Puede salir increíblemente bien.
Y aunque el resultado no sea el que esperas —porque eso es una posibilidad, pero entiéndelo: una posibilidad entre millones—…
Bueno, aunque el resultado no fuera el esperado, te aseguro que la recompensa de confiar en ti es indescriptible.
Es algo así como, de repente, caminar derecho y retando al mundo.
Como respirar profundo y fuerte.
Como si cada paso sonara hasta el núcleo y el pecho creciera.

El atreverte a dar algo que tú creaste es una decisión que solo tú puedes tomar.
Y te aseguro, te afirmo, te juro, que encontrarás gente que te crea y se involucre.
Lugares que esperaban que te decidieras.
Momentos que jamás hubieran sucedido.
También retos y dolores que te construirán y cambiarán de forma, voz y palabras.

Es el viaje más emocionante que puedes hacer.
Porque cuando luchas y te esfuerzas por algo propio, no hay maleza en el camino.
No hay pobreza.
No hace falta riqueza.
Las soluciones son obvias.
Los obstáculos, cualquier cosa.
De repente desaparecen las carencias.
Las sustituye esa necesidad enorme de poder palpar algo que solo tú podías crear.

Y cuando esa idea es real, sin duda habrás hecho un gran acto de amor propio.
Pues has creado una realidad que siempre te va a acompañar, y que incluso cuando todo esté mal y llegue un rato la soledad, podrás voltear y tener una compañera eterna recordándote que, tal vez ahora las circunstancias no te dejen verlo, pero sin duda eres capaz de ser y volver a ser genial.
Siempre tendrás una compañera que te recuerde que tienes el gran poder de tomar magia que nadie ve… y convertirla en algo real.

@RafaGoli

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