Miércoles, 3 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Pensar, sentir, hacer: Francisco y la educación

Francisco planteó la necesidad de formar desde y a las personas en su integridad o integralidad

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Abril 28, 2025

“Hoy más que nunca, es necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna…Si queremos un mundo más fraterno, debemos educar las nuevas generaciones «reconocer, valorar y amar a cada persona más allá de la cercanía física, más allá del lugar del universo donde haya nacido o donde habite”.
Papa Francisco. Mensaje a los participantes del Encuentro Religiones y Educación. 05/10/2021.

El lunes pasado, todavía en el receso de la Semana Santa y la Pascua que contempla el calendario escolar, el mundo amaneció con la noticia del fallecimiento del Papa Francisco, quien tuvo su última aparición pública apenas un día antes en la tradicional bendición Urbi et Orbi que con motivo del Domingo de Resurrección que celebra la Iglesia Católica en todo el mundo, alcanzó a impartir desde el balcón central de la fachada principal de la Basílica de San Pedro y un posterior recorrido saludando a los fieles reunidos en la plaza del mismo nombre desde el llamado Papamóvil.

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Independientemente del significado que tiene su muerte para los más de mil cuatrocientos millones de católicos en el mundo y del hecho de que los papas son además de líderes religiosos, jefes del Estado Vaticano por lo que hay una dimensión política y diplomática en este hecho, en el caso de Francisco se trata de un personaje que desde el inicio de su pontificado manifestó su vocación de comunicación con toda la humanidad, incluyendo a los miembros de otras religiones y también a las personas que no profesan ninguna creencia religiosa.

Dan cuenta de ello sus múltiples reuniones con jefes de Estado, grupos, organizaciones y personas muy diversas y sus principales documentos pontificios, como las encíclicas Laudato Si y Fratelli tutti, cuyos mensajes y llamados no se restringen a los miembros de la iglesia que encabezaba sino a todos los seres humanos en el planeta, puesto que como insiste en la encíclica sobre la fraternidad: “O nos salvamos todos o no se salva nadie”.

El papa argentino tuvo siempre una preocupación central por la educación, que se convirtió en una prioridad de su discurso, sus acciones y sus opciones. Esta prioridad de la educación se concretó en el año 2019 con el lanzamiento de un llamado que él llamó Pacto educativo global. Se trata de una convocatoria a todos los agentes educativos de todos los países, creyentes y no creyentes, para enfocar sus esfuerzos hacia la renovación y la profundización del trabajo de formación de las nuevas generaciones, tanto en la escuela como en la familia o en los medios de comunicación y otros actores sociales porque como afirmó en esta invitación retomando un proverbio tradicional africano: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”.

El objetivo del Pacto Educativo Global es “…reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”, con la finalidad de construir una renovación cultural profunda y de largo aliento que redunde en el trabajo conjunto para hacer del mundo un lugar más humano, digno y pacífico para todos.

Como lo indican las dos encíclicas antes mencionadas, hay dos ejes fundamentales que orientan los esfuerzos de este compromiso de corresponsabilidad hacia una educación renovada y renovadora. Estos dos ejes son la generación de consciencia para el cuidado del medio ambiente, de la casa común y la formación que genere una convivencia social basada en la solidaridad, la justicia, la fraternidad y la amistad social en la que se respeten las diferencias, pero se construya la unidad.

Estos dos ejes que considero se encuentran en el fondo de la iniciativa del pacto educativo global se desdoblan en siete grandes compromisos que son: poner a la persona en el centro, escuchar a las jóvenes generaciones, promover a la mujer, responsabilizar a la familia, abrirse a la acogida, renovar la economía y la política y finalmente, cuidar la casa común.

Si leemos estos compromisos es claro que son esenciales para la transformación de la educación formal y no formal y que pueden y deberían ser asumidos por todas las personas de buena fe, sean creyentes o no creyentes e incorporadas de alguna manera a las políticas públicas sobre educación que construyan los distintos gobiernos nacionales.

Porque en un mundo en el que hay tantos excluidos y descartados resulta indispensable volver a poner el foco en las personas concretas; en una humanidad llena de ruido, sobresaturada de información pero incomunicada en lo profundo resulta indispensable escuchar a los jóvenes para darles agencia en su propia formación; en una sociedad en la que tristemente sigue predominando el machismo y la cultura patriarcal -incluso al interior de la iglesia- resulta indispensable promover a la mujer fomentando la equidad: en un ambiente en el que las familias se han desintegrado y además se ha roto la corresponsabilidad con la escuela y los demás espacios educativos es evidente la necesidad de responsabilidad nuevamente a las familias.

Por otra parte, en una cultura predominantemente excluyente y polarizada es necesario volver a centrar la educación en la acogida a todos sin distinción; para lograr esta transformación educativa y cultural se requiere sin duda un cambio sistémico en la economía y la política que busque el desarrollo de las capacidades de todos los seres humanos por encima del lucro y el poder. Finalmente -aunque su relevancia es central- resulta urgente educar a las nuevas generaciones en el cuidado de la casa común para construir nuevas formas de vida sustentables que garanticen la vida humana en el planeta. Es en el marco de este pacto educativo global que se da el Encuentro sobre Religiones y Educación del que tomo el epígrafe de hoy. En este mensaje del papa Francisco, dirigido a los educadores del mundo reafirma el llamado a la alianza por la educación global y señala además con mucha claridad y autocrítica que “…si en el pasado, en nombre de la religión se discriminaron diferentes minorías, hoy la educación nos compromete a acoger al otro como es, no como yo quiero que sea, como es, y sin juzgar ni condenar a nadie”.

Esta cita nos deja ver con toda claridad, que el llamado implica una visión inclusiva y plural de la educación que forme a todos los niños y niñas sin discriminación alguna y a aceptar a las nuevas generaciones tal como son y no como muchas veces los educadores queremos que sean.

Para lograrlo, Francisco plantea la necesidad de formar desde y a las personas en su integridad o integralidad, lo que implica la armonización de la cabeza, las manos y el corazón: “Pensemos lo que sentimos y hacemos; sintamos lo que pensamos y hacemos; hagamos lo que sentimos y pensamos”.

Ojalá revisemos esta propuesta y nos sumemos con nuestra mente, nuestras manos y nuestro corazón a este pacto del que depende la viabilidad de la humanidad.

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