En un giro que ni las mejores telenovelas podrían haber anticipado, Estados Unidos ha decidido imponer un arancel del 20.91% al jitomate mexicano, ese humilde fruto que ha conquistado las mesas y corazones del norte. La medida, que entrará en vigor el 14 de julio de 2025, surge tras la cancelación de un acuerdo de suspensión desde 1996.
Dicho acuerdo fue renovado en cinco ocasiones, la última en 2019 y había mantenido la paz en el comercio tomatero entre ambos países. Ahora, el jitomate se encuentra en el ojo del huracán comercial.
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Desde el punto de vista económico, sabemos que el jitomate presenta una elasticidad precio de la demanda baja en Estados Unidos. Estudios han estimado una elasticidad de -0.587, lo que indica que un aumento del 1% en el precio del jitomate reduciría su demanda en apenas 0.587%. Esto se traduce en que, a pesar del incremento en el precio debido al arancel, la cantidad demandada disminuirá marginalmente.
En otras palabras, el consumidor estadounidense seguirá comprando jitomates, aunque más caros. La dependencia de Estados Unidos del jitomate mexicano es tal que el 90% de sus importaciones provienen de México (The Packer), y seis de cada diez jitomates consumidos en ese país son mexicanos. La capacidad de otros países para suplir esta demanda es limitada, lo que refuerza la inelasticidad del producto en el mercado estadounidense.
Impacto en el precio y el consumo
La aplicación del arancel del 20.91% al jitomate mexicano tendrá consecuencias directas en el mercado estadounidense. Se estima que el precio del jitomate en EE.UU. podría aumentar hasta un 50% (El Economista) afectando productos derivados como ensaladas, salsas y ketchup.
Dado que México suministra más del 90% de los jitomates importados por EE.UU, la capacidad de sustitución por parte de otros países es limitada, lo que podría generar escasez y presionar aún más los precios al alza.
Con una elasticidad de -0.587, un aumento del 50% en el precio del jitomate resultaría en una disminución del consumo de aproximadamente 29.35%. Esto significa que, a pesar del aumento de precio, la demanda se mantendrá relativamente alta, y los consumidores estadounidenses absorberán gran parte del costo adicional.
Cabe mencionar que los estados punteros importadores de jitomate en los Estados Unidos son Texas y Arizona, a través de los puertos aduaneros de Laredo y Nogales, respectivamente (The Packer). En los epicentros del terremoto arancelario con impacto inicial en estos estados, observamos que la composición de diputados y senadores en estos dos estados es mayoritariamente republicana, al tiempo que el electorado estadounidense no pagará gustosamente el fuerte incremento en precio.
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Impacto en México
Para los productores mexicanos, especialmente en estados como Sinaloa, por mucho en primer lugar, al que le sigue Sonora y Guanajuato, el arancel representa un desafío significativo. La demanda por el jitomate fresco mexicano enfrentará una considerable contracción pese a su limitado margen de sustitución.
Los márgenes de ganancia podrían reducirse, y la competitividad frente a productores locales estadounidenses podría verse afectada. Sin embargo, dicha capacidad limitada de sustitución y la alta dependencia del mercado estadounidense del jitomate mexicano se traducen en que gran parte del costo del arancel se transfiera al consumidor final en Estados Unidos.
Esto es, mientras que los productores mexicanos enfrentan un entorno más desafiante, la estructura del mercado sugiere que el impacto más directo del arancel será sentido por los consumidores estadounidenses, quienes deberán pagar más por un producto esencial en su dieta diaria.
Me pregunto: ¿Cuántos días durará el nuevo arancel?