Miércoles, 3 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Sociedad disfuncional, docentes milusos

Pretender que los docentes sean una especie de milusos es ineficaz y deteriora la calidad educativa

Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Marzo 17, 2025

Cada vez que algo no funciona en la sociedad se pretende que sea la escuela la que lo haga funcionar: las desigualdades sociales (educación compensatoria), el tráfico (educación vial), el medio ambiente (educación medioambiental), la sexualidad (educación sexual), la convivencia, la paz, la solidaridad (educación para... )... La escuela no puede suplir a la familia ni las carencias sociales: "quod familia non dat, quod societas non dat, schola non praestat". En principio los profesores y maestros, por serlo, tienen encomendada la actividad de enseñar; para eso se supone que se han preparado y eso es lo que saben o deben saber hacer.
Augusto Hortal. Ética profesional de profesores y maestros. P. 2 en síntesis.

Recordé esta cita de Augusto Hortal, catedrático e investigador en el tema de la ética profesional de la Universidad Pontificia de Comillas cuando leí que el pasado 12 de marzo, el Secretario de Educación Pública a nivel federal participó en la puesta en marcha del programa “Vive saludable, vive feliz” en los estados de Puebla y Morelos, en actos en los que acompañó a la Presidenta de la República.

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Decidí escribir sobre el tema, cuando además de esta información, me preguntó un profesor normalista el viernes pasado al terminar una conferencia: ¿Cómo pueden los docentes en la actualidad ser buenos educadores si están recibiendo cada vez más demandas para cumplir con actividades que muchas veces están bastante alejadas de su labor central que es la formación integral de las nuevas generaciones?

Mi respuesta fue que además de la pregunta acerca del cómo pueden hacerlo, habría que plantearse la interrogante sobre la pertinencia de que lo hagan, es decir: ¿Deben los maestros y maestras dedicar su tiempo ya de por sí escaso, a realizar actividades de corte administrativo y ahora además de promoción de la salud -más lo que se acumule esta semana a partir de las ocurrencias de los políticos en turno-? ¿Esta es parte de su labor como formadores?

Este lineamiento de convertir a las escuelas en centros de prevención de la salud -tal vez ante el fracaso del sistema de salud pública del país que hace agua por todas partes- ya lo había anunciado la presidenta en su discurso de los 100 compromisos de gobierno en el zócalo de la Ciudad de México después de su toma de posesión.

En el apartado titulado “República educadora, humanista y científica”, se planteó que se convertiría a las escuelas primarias públicas en espacios de prevención de la salud en los que se “…atenderá salud mental, prevención de las adicciones, la salud bucal, y exámenes de la vista con lentes gratuitos a todos aquellos que lo necesiten…”

En esta misma línea, en el acto de lanzamiento del programa ya mencionado, el secretario encargado de la política educativa del país dijo que en las escuelas “…se va a pesar y medir a todas y todos los niños, a darles clases sobre cómo deben cepillarse los dientes y a aplicarles fluor…” además de reiterar el tema de los exámenes de la vista y los lentes gratuitos.

La pregunta que surge de inmediato ante estos ingeniosos y aparentemente loables programas de política pública es: ¿Quién o quiénes van a pesar, a medir, a hacer exámenes de la vista, etc. a todos los niños y niñas en las escuelas primarias del país? La respuesta es, por supuesto, los educadores. Al fin que para cualquier cosa que se les encargue basta con una capacitación de una o dos mañanas y listo.

Como plantea Augusto Hortal en la cita del epígrafe de hoy, parece ser que en estos tiempos todo lo que no funciona en la sociedad se le adjudica como responsabilidad a la escuela y se le carga como tarea a los y las docentes. Si hay problemas de salud mental y emocional, se introducen las habilidades socioemocionales en el currículum. Si hay problemas de violencia, cursos de educación para la paz. Si se trata de problemas de corte ecológico, materias de educación ambiental. Y un largo etcétera.

Esta situación se agudiza porque vivimos en una sociedad con un alto porcentaje de familias disfuncionales, en una sociedad cuyas formas de convivencia son disfuncionales y cuyo gobierno también es disfuncional porque no está pudiendo resolver los problemas centrales de una ciudadanía que necesita urgentemente seguridad, vivienda, salud, educación, trabajo y todo ello, de calidad.

Como afirma Hortal en su texto, los y las docentes son profesionales de la educación y fueron formados para planear, operar y evaluar procesos de enseñanza-aprendizaje y no para realizar trabajo burocrático, atención psicológica, promoción de la nutrición sana o fomento de la salud. Mucho menos, para medir y dar seguimiento a datos de salud básicos, tareas para las que existen profesionales de distintas áreas.

¿Pues no se dice que los educadores y educadoras deben asumir la responsabilidad de una formación integral y esto incluye lo físico, lo psicológico, lo relacional, lo intelectual y lo social? Preguntarán con razón algunas personas. Esto es muy cierto, pero la formación integral implica que todas estas dimensiones humanas deben desarrollarse a través de las asignaturas o los campos formativos del plan de estudios, mediante el aprendizaje de las distintas ciencias y disciplinas naturales, sociales y humanas y de los proyectos o problemas que se planteen en el aula.

En el texto que hoy se cita, Hortal también deja en claro que los docentes no pueden ni deben renunciar a su rol de formadores y centrarse únicamente en enseñar contenidos. Sin embargo, la formación integral a la que hay que enfocarse tiene que ver con una visión pedagógica y didáctica que es central e irrenunciable porque está ligada al bien interno de la profesión docente.

¿Cómo atender eficazmente las necesidades de salud mental y emocional, de promoción y seguimiento de la salud, de superación de la pobreza, etc.? Hace unos años el Dr. Carlos Muñoz Izquierdo (QEPD), gran investigador educativo presentó en un coloquio un proyecto de investigación en el que mostraba que la forma más eficaz está en construir una articulación armónica entre los diversos programas sociales encargados a cada secretaría especializada: generar sinergia en la planeación, instrumentación de las políticas públicas en educación, salud, desarrollo social, nutrición, etc. realizadas cada una por los expertos en cada campo.

Pretender que la escuela resuelva todos los problemas de las familias y la sociedad disfuncional y los docentes sean una especie de milusos milagrosos es, además de ineficaz, generadora de burnout docente y de un consecuente deterioro de la calidad educativa. Porque como dice Hortal, parafraseando la famosa frase de la Universidad de Salamanca: “quod familia non dat, quod societas non dat, schola non praestat" (lo que la familia y la sociedad no dan, la escuela no puede aportarlo).            

 

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